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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pequeño tour por mis libros de 2013

Este año este blog ha estado medio inactivo pero no podía dejar de publicar nuestro tradicional post de libros y compartir lo que para mí fueron los mejores títulos que leí este 2013. Ojo, son los mejores libros, nuevos o antiguos, que pude leer este 2013, como las versiones de 2010, 2011 y 2012. Seguramente hay mejores libros este año que no he leído y por lo tanto no salen en la lista y otros que son de otros años que recién he podido leer. Sirva siempre este post como una sincera recomendación libresca. Lamentablemente no me di el tiempo para leer “Limónov”, del gran Emmanuel Carrère, sobre un político y escritor ruso real, y de paso sobre la historia “no oficial” de la Unión Soviética. Sin duda es la novela que más me han recomendado durante este año pero empezaré con ella apena empiece 2014, por lo que es probable que la veamos en este ranking el próximo diciembre. Otra que no he podido leer hasta ahora es “Contarlo todo”, del peruano Jeremías Gamboa, y estoy seguro de que las expectativas serán satisfechas. La leeré en estas fiestas.

Uno de los mejores libros que
leí este 2013. La película me gustó
también.
De los libros que sí puedo hablar, que no entran en la lista oficial, pero que recomiendo también con fervor, son los dos tomos de la antología de cuentos de zombies de J.J. Adams, con lo mejorcito de la literatura de este apasionante género, desde Max Brooks hasta Robert Kirkman, pasando por otros genios y premiados escritores de muertos vivientes. Otro libro que no puedo dejar de mencionar es Cloud Atlas (El atlas de las nubes), de David Mitchell, una obra que entrelaza seis historias en diferentes momentos históricos y la trama invisible que hay entre ellas. “Mitchell escribe como si fuera una máquina de sueños”, se ha escrito sobre esta novela. Altamente recomendable, lástima que la película de los hermanos Wachoswski haya tenido tan malas críticas: a mí me gustó la cinta a pesar de todo. Finalmente otra que no entró en el ranking pero que aconsejo mucho es “El amor de mi vida”, de Rosa Montero. La periodista y escritora española reúne sus artículos alrededor de los libros, la literatura, los escritores… el amor de su vida. Narraciones con datos interesantísimos, buenos análisis y recomendaciones sacadas de la manga por Montero.

Vamos, entonces, con la lista. Y no se olviden: ustedes, ¿qué libros leyeron este año y los recomendarían sin dudar?

1. El teatro de Sabbath – Philip Roth
Una de las mejores novelas de Roth.
Quizá la mejor novela que he leído de Philip Roth hasta el momento, ganadora del National Book Award de 1995. Y eso que otras que he podido leer son realmente geniales como "Pastoral americana" o "La conjura contra América". "El teatro de Sabbath" cuenta la historia del sátiro titiritero Mickey Sabbath, setentón que se resiste a abandonar los placeres que le ha proporcionado durante toda una vida el sexo y la lascivia. Histriónico y delirante, desenfadado y vulgar, Sabbath es tan creativo como libidinoso y en la historia de su vida no solo presenciamos su desmesura, sino también los miedos humanos más profundos, la vejez, la muerte, el ocaso de la sexualidad, la realidad judía, los dilemas del amor, del matrimonio, de la fidelidad y de las convenciones sociales. Un mapa de lo políticamente incorrecto. “Si uno va a leer un solo libro de Roth en toda su vida propongo El teatro de Sabbath como puerta de entrada. Novela bestial en todo sentido, celebrada por Harold Bloom y James Wood”, ha escrito Rodrigo Fresán. Para qué decir más.


2 HHhH – Laurent Binet
Atentado a Heydrich, los que lo
llevaron a cabo y la obsesión del autor.
“Ficción de una historia, historia de una ficción”, se titula la reseña de esta gran novela que a continuación les dejo, publicada por Jerónimo Pimentel en la revista Buensalvaje. Creo que es inútil intentar reseñar yo el libro de Binet sobre el atentado contra Heydrich en Praga -si es que es hay que resumirlo tan injustamente a eso- cuando alguien ya lo ha hecho de manera intachable. Sí quiero decir que es un libro que te absorbe, que te deslumbra, que te inquieta, que te hace compartir las dudas del propio autor, que va y viene en su intento por no ficcionar, que afirma y luego se retracta y luego se vuelve a rectificar. Y se disfruta mucho y se admira a un autor que duda pero que en la duda, acierta. Un ser vivo que va construyéndose paso a paso en la escritura y, lo más rico, luego en la lectura. Como dice Pimentel, “la doble empresa de Binet tiene resultados opuestos: su historia triunfa, lo que significa que su lucha contra la ficción fracasa. Para el lector, esto es una doble recompensa”. Aquí la reseña en buensalvaje. 


3. Cuna de gato – Kurt Vonnegut
El desenfadado estilo de
Kurt Vonnegut.
Este libro era una deuda pendiente con el genial autor de “Matadero 5”, “El desayuno de los campeones”, “La pianola” y “Un hombre sin patria”. (Otra deuda pendiente que aún no saldo con Vonnegut es “Galápagos”). Por fin este año pude hacerme con la nueva edición, ilustrada por Liniers, y salí feliz. Es una parodia ambientada en la República de San Lorenzo, un típico “país bananero”, una isla en la que el protagonista -periodista y narrador- llega con la misión de terminar un relato que empezó al investigar qué hacían norteamericanos prominentes el día que explotó la bomba en Hiroshima. Su pesquisa lo lleva a la familia de uno de los padres de la bomba atómica y las intrigas de los Hoenikker lo llevan San Lorenzo, donde se encuentran todas las respuestas, incluyendo una religión profética, el bokononismo, y un estado gobernado por un dictador con los tornillos sueltos, pero sobre todo una creación aun peor que la propia bomba de Hiroshima: el hielo nueve. El absurdo es un poderoso hilo conductor en una historia que nos revela, con crudeza, la estupidez humana y los cuentos que estamos dispuestos a tragarnos para seguir vivos en una sociedad que no se sabe hasta cuándo podrá continuar. En la contraportada de esta última edición podemos leer lo que escribió el New York Times al respecto: “El momento de leer a Vonnegut es justo cuando se empieza a sospechar que nada es lo que parece. No solo divierte: electrocuta. Y se lo lee con un placer enorme porque te pone los pelos de punta”. Y los ojos bien abiertos.


4.  El pequeño salvaje – T.C. Boyle
Ficción sobre el caso del "salvaje
de Aveyron",
Joya del norteamericano T.C. Boyle basada en la historia real del “salvaje de Aveyron”, un pequeño niño encontrado en los bosques franceses a fines del siglo XVIII, caso en el que se basó también Francois Truffaut para su película homónima de 1970. Boyle, con recursos narrativos sólidos, nos muestra, a través de acciones y cambios, la dura lucha del doctor Itard por civilizar a Víctor, el salvaje. Y en esa difícil empresa el lector se ve enfrentado a preguntas sobre la condición humana: ¿Nace el hombre como una tábula rasa listo para que la sociedad escriba en él sus normas, susceptible de ser educado? ¿O es la sociedad una influencia corruptora? La noción del “buen salvaje”, tratada antes en ficciones como “Tarzán” o “El libro de la selva”, puesta a prueba al máximo. Prometo un update de este breve acercamiento a la novela pronto. Si lo ven en las librerías –lo ha publicado Impedimenta- no duden en comprarlo y leerlo.


5.   Guerra Mundial Z – Max Brooks
Los zombis como pretexto
para abordar nuestra
humanidad.
Este lo leí a principios de año, bastante antes del estreno de la fallida película protagonizada por Brad Pitt, que poco tiene que ver con la gran novela escrita por Max Brooks, un especialista en el tema zombie, que ya antes nos cautivó con su “Guía de SupervivenciaZombi”, de la que hablamos en  nuestroranking del año pasado. Escribí una reseña de este libro para la revista buensalvaje hace unos meses y es mejor dejarles con ese texto. Si no la han leído, lean la novela. Les gustará. Los zombies son solo un pretexto para hablar de cosas que nos tocan a todos:

“Novela. Max Brooks es un experto en el tema. Su Zombi. Guía de supervivencia (2003), un minucioso manual instructivo en caso sobrevenga una hecatombe de muertos vivientes, fue un éxito de ventas. En 2006 publicó Guerra Mundial Z: Una historia oral de la Guerra Zombi, otro bestseller instantáneo, hoy por fin en español y próximo al estreno del film, con Brad Pitt a la cabeza.
Brooks le da a su retrato de la Guerra Mundial Z (GMZ) una verosimilitud hipnótica vía testimonios y documentos de los «Años oscuros». A través de diversas voces reconstruimos el antes, durante y después de un conflicto que casi acaba con la raza humana: desde los primeros brotes y los intentos por encubrirlos, hasta el «Gran Pánico», la «Guerra Total» y la recuperación de un mundo distinto al que conocíamos. El protagonismo recae no en los zombis, sino en quienes vivieron para contarlo: nos hablan de tú a tú, cada uno desde su perspectiva: científicos, médicos, políticos, militares, empresarios y hasta astronautas que atestiguaron todo desde una estación espacial.
Esta no es solo una «historia de zombis». Es un relato extrapolable a nuestra realidad. Con las reacciones de las grandes naciones y de los ciudadanos ante una situación tan extrema, Brooks nos muestra las grietas más insospechadas de nuestra sociedad, de nuestro way of life y de nuestra propia humanidad. Destacan las puyas a los dirigentes mundiales, a las agencias de seguridad, a los intereses económicos que priman sobre las personas; críticas que no esperamos en una novela de muertos vivientes. «Un insólito relato tan difícil de creer como difícil de rebatir», se ha dicho de GMZ. Los zombis son una excusa, el paisaje de fondo de problemáticas más profundas: ¿Cómo enfrentaríamos una situación límite? ¿Quiénes sobrevivirían? ¿Cómo respondería nuestro instinto ante el miedo? ¿Con valentía o cobardía? ¿Soportaríamos la desesperanza de la posguerra? GMZ versa sobre el alma y lo que estamos dispuestos a enfrentar para protegerla. O no tan dispuestos. Quizá los zombis ya están entre nosotros y no nos hemos dado cuenta”.


* EN PROCESO 
La hija del sepulturero – Joyce Carol Oates
La gran J.C. Oates.
Estoy terminando La hija del sepulturero, de Joyce Carol Oates –una escritora que hace rato debería ser Premio Nobel-, y no podía dejar de escribir algo de este libro, a pesar de no haberlo terminado aún (probablemente lo haga antes de que termine este 2013). Trata la historia de la familia Schwart, alemanes que huyen de los nazis en 1936 para recalar en Estados Unidos, donde el padre de familia, ex profesor de colegio, termina encargándose del cementerio de un pequeño pueblo, ya convertido poco a poco en un ser amargado y paranoico. La protagonista, su hija Rebecca, llega muy pequeña a América y se enfrenta con los prejuicios locales contra los judíos y, a la vez, contra los alemanes, en plena época de pre-durante-post guerra. La niña, despojada de manera trágica de toda su familia, y quizá para su bien, emprende “una peregrinación por la América profunda”, que la lleva a replantearse su vida y su forma de ver el mundo, a dominar sus emociones, que están cargadas de odio, insatisfacción, resentimiento, a través del erotismo, el amor y el trabajo duro, en una interminable búsqueda de su real identidad. Es un libro fuerte, desgarrador y por sobre todo muy humano. La fuerza narrativa de Oates es adictiva, te taladra el cerebro a la vez que te llena de emoción. Su capacidad de profundizar en lo que pasa en el corazón y en la mente de sus personajes, así como de retratar su entorno, es realmente admirable: te deja sin aliento. Es una novela larga pero ya estoy en el tramo final. Cierro con una cita de The Herald: “Novelistas como Updike, Roth, Wolfe y Mailer compiten por el título de Gran Novelista Americano. Pero quizá ellos se equivocan. Tal vez el Gran Novelista Americano es una mujer”.

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BONUS POÉTICO
Al norte de los ríos del futuro

Poesía y ciencia ficción
para volar.
El año pasado puse en mi top 5 “La ciudad más triste”, de mi gran amigo Jerónimo Pimentel.  Una novela que impacta por su cuidado y exquisito uso del lenguaje para introducirnos, a través de la ficción, en el paso de Herman Melville por Lima, retratándonos, en el camino, una ciudad que amamos y odiamos y que, a pesar del paso de los siglos, podemos aún reconocer tanto tiempo después de la visita del autor de Moby Dick. En aquella oportunidad, colgué una crítica externa de la novela, porque me es imposible ser imparcial, dada la amistad que hay detrás. Un año después de “La ciudad más triste”, Pimentel regresa a la poesía y publica “Al norte de los ríos del futuro”, un libro que es unánimemente elogiado por los entendidos que se han manifestado sobre él. Por lo mismo, por no poder ser imparcial y también por no ser la poesía mi fuerte, los dejo con el link del blog Poema Inútil, de otro gran poeta, José Carlos Yrigoyen, donde analiza a detalle esta nueva entrega de Pimentel. Altamente recomendable la lectura del libro de Jerónimo y, por supuesto, de la crítica sobre él en el blog de Yrigoyen. De los pocos libros que se han salvado de su telúrica crítica, dicho sea de paso. Aquí la reseña en Poema Inútil, “Enalabanza del Yo Totalitario” 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pequeño tour por mis libros de 2012


Me recuerdo a mí mismo que este blog no ha dejado de existir y que merecería quizá un poco más de mi atención para su actualización permanente cuando llega diciembre y el momento de escribir el post que más me gusta: Pequeño tour por mis libros del año. Ya lo hice en 2010 y 2011, y ahora para no romper la tradición lo hago con este año señalado por los supersticiosos como el último de nuestra existencia. Solo quiero recordar para quienes no leyeron las listas de los años anteriores, que este tour de libros se refieren a los mejores libros que he leído yo, el autor del blog, este año, sean de hace 50 años como del año en curso. Son los mejores que he leído durante los últimos 12 meses y quiero compartirlos con ustedes, como una suerte de recomendación (humilde, por supuesto).

Mi selección es más obvia este año que los anteriores, desde que incluye dos libros fresquitos y reconocidos. La completan un libro inclasificable de un autor bastante mencionado en este blog y un libro peruano de este año que, más allá de que el autor sea mi amigo, es brillante y todo un placer para el lector. Además, está un libro interesantísimo y a la vez atemorizante, que devoré en pocos días.

Antes de pasar a la lista, quiero destacar otras lecturas que no entraron, pero que serían libros súper recomendados por cualquiera, supongo. Este año, impulsado por la lectura del número 3 de la lista y la historia de Melville, emprendí la deliciosa aventura de releer “Moby Dick” y, para intentar captar toda su esencia, la locura de hacerlo en paralelo en español y en su idioma original, el inglés. Locura, porque es una novela escrita con arcaísmos del inglés y términos marinos que incluso traducidos son difíciles de entender. Pero la aventura sigue. Ya estoy por terminar ambas versiones, que fui intercalando por capítulos. Maravillosa experiencia con Ismael, Ahab y la ballena. Otra lectura que quisiera destacar es esa joya que es “Nuestro amor es como Bizancio”, antología de poemas del noruego Henrik Norbrandt. También me encantó "Formas de volver a casa", de Zambra y leí el clásifo del periodista alemán, GunterWalraff, "El periodista indeseable" (su caracterización de diferentes personajes para develar la verdad periodística es increíble). Otro libro que recomiendo es "Un día en la vida de Iván Desisovich", del Nobel Alexander Solzhenitsyn. Finalmente, compartir mi fracaso en leer “Bajo el volcán”, de Malcolm Lowry, que he dejado a la mitad, pero que pienso retomar apenas pueda. ¡Vaya libro para seductor y a la vez duro de leer! Mi error: leerlo durante un viaje. Lo guardaré para cuando tenga tiempo para leerlo de tirón en tirón. Finalmente, decir que he empezado a leer por fin “Los ángeles del infierno”, de Hunter Thompson, y está siendo una gran experiencia conocer y hasta convivir junto a Thompson y su periodismo gonzo la realidad de los temidos motociclistas californianos. Sin más, a la lista.

Del autor de "Las correcciones",
"Libertad" fue considerada una de las mejores
novelas de 2011.
1. Libertad (2011) – Jonathan Franzen
Como escribió en su reseña Juan Carlos Méndez en la revista Buensalvaje (1), destaca que Franzen haya elegido este título para una historia donde los protagonistas están encarcelados. Aquí el mérito es volver lo local y puntual en universal: una familia del medio oeste norteamericano atrapada en su disfuncionalidad nos hace sentir, sin embargo, identificados. Como dice el clisé, es una “radiografía de nuestro tiempo”, personal y social, pero quizá sea la mejor forma de resumirlo. Walter, un padre emocional y económicamente pobre. Patty, una madre y esposa freak, que se casa a pesar de estar enamorada del mejor amigo y eterno competidor de Walter, Richard, el rockero maloso. Es una historia de represión, de jaulas psicológicas, de falta de comunicación, y finalmente de traiciones hasta cierto punto comprensibles. Un iceberg que oculta mucho debajo, revelado por la pluma de Franzen con maestría a través de un narrador, como recuerdo que escribió Méndez, “despiadado con sus personajes”. Y es que no se cuenta y evidencia, se muestra. A través de varios cientos de páginas, se muestra una suma de elementos puntuales que finalmente conmueven y perturban en un todo que se arma en la cabeza del lector. “Libertad” no es la típica novela que dice A+B=C. Cuenta una historia que a primera vista puede parecer simple –padres disfuncionales, triángulos amorosos, familias que fingen- por la complejidad de su especificidad –el rockero, el aburrido, la rara-. Pero esa mezcla de simpleza y complejidad hace que “Libertad” nos sacuda. Que el sueño americano parezca un chiste. Que sintamos profundamente el fracaso, la cadenas y, finalmente, por qué no, la libertad.

La editorial Impedimenta,
traída por Los Heraldos Negros a Perú,
nos permite disfrutar de las joyas de Lem.
2. Vacío perfecto (1971) – Stanislaw Lem
Ya el año pasado incluimos en lalista “Fiasco”, de Lem. Una obra de ciencia ficción donde el hombre intenta comunicarse con una civilización extraterreste y, a la par, nos muestra las limitaciones de nuestra humanidad. Lem es conocido mundialmente por sus obras de ciencia ficción, especialmente por “Solaris”, llevada dos veces al cine. Pero también era, un poco como Asimov, un hombre de ciencia. Algunos de sus libros son en realidad manifiestos científicos –esos, por desgracia, no están traducidos al español-. Pero sobre todo es un hombre increíblemente imaginativo. Este “Vacío perfecto” es un libro que reúne reseñas de libros que no existen. Que son imaginados por la mente de Lem desde la pluma de un reseñista que pondera, juzga y cuenta. Literatura pura, pero literatura específicamente de la creación: de nuevas ciencias, mundos,  lenguajes, literaturas, versiones de la Historia, sistemas filosóficos, cosmogonías. Usted nómbrelo. Uno de los libros reseñados habla de una nueva versión de Robinson Crusoe en la que el protagonista compensa su soledad con personajes salidos de su imaginación. Otro habla de una sociedad en la que ya no existe el sexo. Hay una historia maravillosa de cómo un grupo de nazis recrea en Argentina la Francia del siglo XVII. Otra, “Do yourself a book”, es un bestseller que propone a los compradores alterar a su gusto las tramas de las novelas famosas. O “Being. Inc.”, donde una empresa configura toda la vida de sus clientes, despojándola de espontaneidad. Y ahí está el puente entre esta obra de Lem y su ciencia ficción: en su capacidad imaginativa. Todos los libros reseñados en “Vacío perfecto” tratan, de una u otra manera, de la creación de nuevos escenarios, formas de pensar o de existir. La primera reseña es sobre la propia “Vacío perfecto”, de Lem, en donde el reseñista-narrador cuestiona si Lem escribió solo prólogos por falta de capacidad e imaginación para terminar los libros. Nos queda claro que no es así.

Melville y Lima en la primera
novela del poeta peruano,
Jerónimo Pimentel. 
3. La ciudad más triste (2012)  - Jerónimo Pimentel
Sé que no puedo ser objetivo sobre este libro. El autor es un gran amigo. El resultado, en mi poco objetivo parecer, es el mejor libro peruano que he leído este año. Y de lejos. Un libro que no solo recrea literariamente el paso de Herman Melville por Lima, la ciudad más triste, con un cielo blanco, como si se tratara del paladar del leviatán que inmortalizaría Melville y obsesionaría a Ahab. Es un libro cuyo lenguaje es tan importante –o más- que la historia misma. Un lenguaje que no solo recrea un intercambio epistolar, una época, una ciudad y unos habitantes: es un lenguaje que vive. Pocas veces he leído una novela que me genere tanto placer leer por el simple y llano lenguaje. Y que me haya dejado tantas imágenes memorables (dignas del poeta que es Pimentel). Qué puedo decir. Me parece un libro brillante. Pero como no puedo ser objetivo, como ya dije, les dejo la reseña de Philip Winter, publicada en la revista Buensalvaje:

“Blanco, el color de la pureza. Al menos para la mayoría. Pero para Herman Melville, el blanco invocaba el horror. También propiciaba una ambivalencia cetácea: en Moby Dick, el espasmo o el asombro van de la mano –cinco dedos siempre sujetos a un arpón–, sensaciones propiciadas por una feroz ballena blanca, un leviatán dispuesto a devorar el mundo. Esa visión inmaculada que debería redimirnos, ahora nos enfrenta a nuestro sentido de la existencia. La muerte blanca desciende, tarde o temprano, sobre nosotros.
Para Jerónimo Pimentel, un profundo y minucioso lector de la obra de Herman Melville, la ballena siempre estuvo ahí. El saldo de cuentas de esa obsesión se llama La ciudad más triste, su primera novela luego de tres poemarios y un libro de prosas. El arpón se convierte en una pluma que perfila una ciudad tragada, colindante con el mar. Lima, la ciudad-ballena.
Aquí Melville dialoga con su colega Nathaniel Hawthorne mediante cartas. Pimentel se vale de la licencia epistolar para ponerse en la mente de Melville. El objetivo: adentrarse, una vez más, en las entrañas del cetáceo, desentrañar el misterio del paso de Melville por Lima en diciembre de 1843, escala sobre la que se sabe casi nada. Melville incursiona en la ciudad como quien supera las barras de unos anillos concéntricos. Las capas se develan y un Melville alucinado expone su radiografía de la condición humana con frases como esta: «Qué poca cosa es un hombre en el Perú; es tan evidente su fragilidad ante la magnitud despótica de la geografía que lo contiene». Hay también peripecias, una fuga de la cárcel y un terremoto, contados a través de reflexiones, diálogos y una variedad de recursos literarios. En fin, es una novela. Pero al lector le quedarán, sobre todo, sus imágenes. Sus devastadoras y resplandecientes imágenes, labradas con oficio por un poeta que, en el fondo, es también un narrador a secas. Porque el tono y la atmósfera densa de este libro son una virtud. Su lenguaje es una realidad en sí misma. Una ambición simbólica sobre una ciudad real y a la vez fantasmal. Un guiño a la forma de la ballena que vendrá por nosotros”.

Marías volvió con fuerza, con este libro,
considerado por muchos el mejor
del año pasado.
4. Los enamoramientos (2010) – Javier Marías
Javier Marías es uno de mis autores favoritos. Novelas como “Mañana en la batalla piensa en mí”, “El hombre sentimental” o libros como “Salvajes y sentimentales” (sobre fútbol) y “Vidas escritas” (biografías-cuento de escritores), han sido acompañantes fieles en provechosas horas de lectura. Luego Marías se propuso la titánica hazaña de la trilogía “Tu rostro, mañana”: una novela de 1.592 páginas, tres volúmenes y siete partes; una obra infumable para algunos, y absolutamente genial para otros. No la leí, confieso. Cuando vi que Marías volvía, con “Los enamoramientos”, no pude más que alegrarme. Encima, ganó muchos premios, entre ellos el mejor libro del año para El País de España, por sobre “Némesis” de Philip Roth y la aquí mencionada “Libertad”, de Franzen. Fui corriendo a comprar el libro. La narradora-protagonista es una mujer y vaya que Marías sabe hacer que sus narradores sean absolutamente verosímiles. El hecho de que María, la editora que se enamora del protagonista de una trama detectivesca, sea tan real. Que sus pensamientos sobre el amor, sus dudas, sus cuestionamientos desde su feminidad, sean tan reales, ya es suficiente para decir que este libro es genial. Además está la trama, que atrapa. Y por supuesto ese toque clásico de Marías, que me recordó mucho a “Mañana en la batalla…”, de reflexionar, incluso de filosofar. ¿El amor puede ser ciego hasta en lo más evidente? ¿Estamos dispuestos a todo por amor, incluso matar o morir? ¿Hasta dónde llega la dignidad o precisamente la dignidad se trata de ser fiel a lo que se siente? Son preguntas que uno va sacando de esta lectura rica, entretenida y a la vez profunda.

Si quieres estar preparado
para el apocalipsis zombi, este es tu libro.
5. Zombi. Guía de supervivencia (2003) – Max Brooks
Max Brooks, hijo de Mel, es considerado ya una autoridad en el tema zombi. Este es su primer libro al respecto. Puede parecer un tema iluso o incluso entretenido, pero lo que genera este libro es, literalmente, miedo. Preocupación. Empiezas leyéndolo con despreocupadas ganas de saber sobre los zombis y divertirte un rato y a las pocas páginas te preguntas si estás preparado para sobrevivir si la crisis sobreviene. Es una guía minuciosa, no se imaginan cuánto, para que el lector pueda salir vivo a diferentes tipos y grados de amenazas y brotes zombis. Cómo debes prepararte, qué debes hacer, qué armas tienes que tener a mano, cómo huir, cómo atacar, cómo esconderte, cómo reaccionar ante diferentes escenarios. Por supuesto, cuenta primero de dónde vienen los zombis, el virus “Solanum” que los genera; explica su biología, sus movimientos, sus reacciones: todo lo que se necesita para estar preparado. Finalmente, el libro cierra con una documentada serie de eventos históricos de apariciones zombis, desde Mesopotamia hasta nuestros días. Luego de esta guía, escribió la novela Guerra Mundial Z, próxima a ser estrenada en los cines (aunque con un argumento cambiado). Está de más decir que estoy deseoso de leerla.

Y USTEDES, ¿QUÉ LIBRO QUE LEYERON ESTE AÑO LES PROVOCA RECOMENDAR?

jueves, 15 de diciembre de 2011

Pequeño tour por mis libros de 2011

Al igual que el año pasado, comparto con ustedes una lista personalísima sobre los mejores libros que leí este 2011, o que más me gustaron, mejor dicho. Estas fechas se prestan para hacer rankings y listas –ya se viene la de los hechos que marcaron 2011-, y este post, como el que hice en 2010, no pretende hablar de “lo mejor del año”, sino de “lo mejor de MI año”. Es decir, libros que simplemente leí (y en algunas ocasiones descubrí) durante los últimos 12 meses y que quisiera compartir por aquí, y, de paso, aprovechar para recomendarlos si es que algún lector del blog no los ha podido disfrutar aún. Al sentarme a escribir sobre esto me di cuenta que este 2011 he leído muchísimo menos que en 2010, lo que me motiva a mejorar el ritmo en 2012. El año pasado destaqué entre mis lecturas “Armas, gérmenes y acero”, de Jared Diamond; “El planeta de Mr. Sammler”, de Saul Bellow; “Bartleby y compañía”, de Vila-Matas; “La soledad de los números primos”, de Paolo Giordano; y los artículos de Malcolm Gladwell en “Lo que vio el perro”. Este año es igual de “variadito”. Pudieron estar en la lista “Soy leyenda”, de Matheson, que releí después de un par de años y sigue resultándome igual de genial que la primera vez; “Carrie”, de Stephen King, bastante buena; “Al este de la frontera, al oeste del sol” y “Sputnik, mi amor”, ambas novelas de Murakami, siempre en su estilo, en estos dos libros con narraciones más urbanas, con personajes intrigantes y bizarros pero a la vez muy humanos, y con altas dosis de erotismo que, juntos, hacen un coctel literario bastante estimulante y adictivo. Y quiero destacar el libro de mi amiga Katya Adaui, “Algo se nos ha escapado”, con textos que denotan ingenio, desde cuentos largos hasta aforismos, donde la vida, la muerte y la familia caen bajo la lupa de una observadora –no exagero- experta. Lo recomiendo. Ahora sí, a la lista. Estos son los cinco libros que más me engancharon durante este año que se va:

1. Qué es el qué (2006) – Dave Eggers
Conmovedora novela de uno de los autores que más han llamado la atención de la última literatura norteamericana (en 2005 fue elegido por Time como uno de los 100 estadounidenses más influyentes). Fue un regalo por mi cumpleaños el último enero, había oído hablar de Eggers pero no de “Qué es el qué”. Un gran descubrimiento. El libro narra la historia de una persona real: Valentino Achak Deng, uno de los niños perdidos de la guerra civil de Sudán. Aunque no es estrictamente real, pues es una novela, el mundo que ha conocido el verdadero Valentino “no es tan distinto del que aparece reflejado en estas páginas”, tal como reconoce el protagonista en el prólogo. “Vivimos en un momento en que los momentos más terribles de este libro podrían ocurrir, y en muchas casos ocurrieron”. Y vaya que son momentos terribles. Con una prosa transparente a pesar de la complejidad del tema que aborda, el autor va llevándote de la guerra del Sudán, cuyas masacres y pérdidas son de altísimo calibre, a la vida que algunos de los niños perdidos de este conflicto llevaron años después en su situación de refugiados en Estados Unidos, con más dificultades que alegría, dicho sea de paso. Es una historia de pérdidas, de viajes, de luchas, de cientos de kilómetros recorridos en el desierto sin vislumbrar un destino, de sueños y frustraciones. Pero sobre todo es la historia de cómo los niños –y sus versiones adultas- siguen teniendo esa asombrosa capacidad para absorber los golpes y seguir adelante con esperanza y con nobleza, un poco como el niño de la gran novela “Sin destino”, del Nobel Imre Kertész. Luego de leer “Qué es el qué”, cuyo título alude a un mito dinka sobre la capacidad de elección del hombre y de la virtud de saber reconocer lo que se tiene sobre lo desconocido, es imposible no estar conectado con nuestras fibras más íntimas, pensar en lo que se tiene y en lo que no, y, por qué no, aunque suene cursi, en lo importante que es para el ser humano tener un hogar. Lectura altamente recomendable.

2. Fiasco (1987) – Stanislaw Lem
Lem era una deuda pendiente para mí hacía mucho tiempo. Se le conoce sobre todo por su obra “Solaris”, que fue llevada al cine por Tarkovsky en 1972, y cuyo remake en 2002 tuvo como protagonista a George Clooney. La ciencia ficción es uno de mis géneros favoritos: ahí están Asimov, Bradbury, Arthur C. Clarke, Philip K. Dick… pero me faltaba Lem, quizá uno de los verdaderos gigantes. Sus primeras obras no se han traducido del polaco al español aún, y conseguir las que sí en Lima no es tarea fácil. Es así que un día vi “Fiasco” en los estantes de una librería limeña y no lo dudé. Se dice de esta novela, la penúltima de Lem, que es su libro más maduro. En ella se concentran sus principales preocupaciones literarias (y científicas, pues tiene, al igual que Asimov, una vasta obra de no ficción): la dimensión moral y filosófica del hombre, la inteligencia artificial y, sobre todo, el contacto con inteligencias extraterrestres. En esta novela, que tiene mucho de religión, de física, de metafísica, de psicología, de medicina, de ironía, y hasta de sátira, podemos ver la reacción del hombre ante el fracaso, a pesar de los adelantos tecnológicos y súper computadoras que tiene a su disposición. Vemos a un hombre finalmente limitado, frágil, indeciso, que no tiene control sobre sus planes y que termina por cumplir su destino autodestructivo, tal y como señala la historia pendular de las civilizaciones. Es un libro intrigante, que hace reflexionar por sus aristas humanas, que atrapa por su argumento y que impresiona por su virtuosismo científico (Lem se destacaba por esto, tan es así que Philip K. Dick, en un arrebato claro de locura, alegaba en su país que era imposible que un solo escritor pudiera dominar simultáneamente tantos campos del saber y que eso significaba sin duda que era un complot comunista). Un libro que, finalmente, nos hace pensar realmente qué pasaría si tuviéramos las capacidades tecnológicas de emprender una misión para hacer contacto con un planeta similar a la Tierra: ¿cómo nos recibiría esa civilización teóricamente inferior? ¿Podríamos contactarla? ¿A qué precio, para ellos y para nosotros? ¿Cuál es nuestra responsabilidad frente a las capacidades tecnológicas que vamos adquiriendo, sobre el poder? ¿Sirve todo eso para algo? Apta solo para fanáticos de la ciencia ficción, eso sí.

3. A Game of Thrones (1996) – George R.R. Martin
Este año uno de mis descubrimientos más felices fue la espectacular serie de HBO “Game of Thrones”, cuya segunda temporada espero con ansias para 2012. Al terminar de ver los episodios de su exitosa primera temporada, fui corriendo a la librería a conseguir el libro en el que se basaba esta historia de juegos por el poder en un mundo con siete reinos que ni sabía que existía. El libro era “A song of ice and fire”, de George R.R. Martin, compuesto por varios volúmenes de los cuales “A Game of Thrones” era el primero. Ochocientas páginas en inglés (ya se pude conseguir la versión en español) que no decepcionan y que demuestran, además, lo bien adaptada que está la serie de HBO. Por supuesto que la experiencia de leer el libro es incluso más gratificante que ver esa maravilla que vivimos en la pantalla. No es un bestseller, como podría pensarse, ni simplemente un escritor de historias fantásticas y tierras desconocidas: leer a Martin realmente es un placer. Por la historia, claro que sí, pero también por su exquisito uso del lenguaje, su gran capacidad de descripción, tanto concreta como psicológica, y por la construcción de personajes inolvidables que van de lo entrañable a lo despreciable: unos ingenuos, otros malvados, algunos deliciosamente mordaces e inteligentes. Mi personaje favorito es, sin duda, Tyron Lannister, el enano, personaje que le valió un Emmy a su intérprete, el actor británico Peter Dinklage, a quien ya habíamos gozado en “Muerte en un funeral”, de Frank Oz. Pero no se quedan atrás los Stark (donde destacan la niña Arya y el patriarca Ned), familia que custodia el helado norte donde un gran muro protege a los siete reinos de los míticos “Otros”, pues en la tierra de “A Game of Thrones” lo sobrenatural y fantástico es precisamente eso: sobrenatural y fantástico, incluso los legendarios dragones que, se dice, volaban por los cielos hasta hace algunos siglos y cuyos cráneos aún pueden observarse en la capital, a diferencia de sagas como la de Tolkien donde un orco es visto como algo normal. En este apasionante libro veremos intrigas por el poder, el contraste entre civilizaciones y maneras de pensar, mitos que se entrecruzan con realidades, historias de un pasado que chocan con las perspectivas de uno o varios futuros, lealtades y traiciones, el espíritu defendido o corrompido de una familia, de un reino, de un escudo, de uno o varios dioses, de un juramento. Al leer-ver “A Game of Thrones”, te provoca estar en medio del bosque helado del norte conversando con Tyron Lannister, acariciando el lomo de tu lobo, sabiendo que la deshonra sabe mejor con un poco de vino en la panza. Sí, también me gusta el personaje de Jon Snow. Una historia y un libro simplemente adictivos.

4. Todo arrasado, todo quemado (2009) – Wells Tower
Esta fue la recomendación de una amiga. Y no pudo ser más acertada. Los relatos que componen “Todo arrasado, todo quemado”, del canadiense Wells Tower, varias veces premiado y publicado en prácticamente todas las revistas importantes de Estados Unidos, crean, como ha escrito Publisher’s Weekly, “una maravillosa tensión entre el sarcarsmo y una rabia primigenia que bulle por debajo de todos los personajes”. Wells Tower, en este impresionante libro debut, es violento, compasivo, gracioso y, sobre todo, emocionante. Relatos como “El ojo tras la puerta”, donde un anciano indaga sobre su misteriosa vecina, de la que sospecha es prostituta, o “Leopardo”, donde un hijo llega a sentir tal odio por su padrastro y sus maltratos que no se le ocurre una mala idea que el leopardo que ronda por su casa se lo arrebate sin más, sin contar tirarse en medio de la carretera para demostrar que él lo ha hecho trabajar enfermo, relatos como esos donde el odio resuma y hierve junto al fracaso, a los sueños truncos, a la depresión. Ha dicho el New York Times de este libro que es el ejemplo más claro de los últimos tiempos de cómo un buen libro de relatos puede “superar a la novela en su capacidad para iluminar las texturas de la vida diaria y las posibilidades del lenguaje”. Otro gran descubrimiento que he tenido este año gracias a mis amigos y sus recomendaciones o regalos. Muchas gracias y, como ellos, lo recomiendo mucho.

5. El mapa y el territorio (2011) – Michel Houellebecq
Este sí que no fue sorpresa. Houellebecq es un escritor que me gusta mucho desde que leí Ampliación del campo de batalla hace muchos años, llamada “El extranjero” de nuestros tiempos. Luego siguió la maravillosa y polémica “Las partículas elementales” e incluso la desopilante y marciana “La posibilidad de una isla”. Sacó unos cuantos libros después de eso, pero no los conseguí, y ahora llega, nada menos que con el Premio Goncourt bajo el brazo, este “El mapa y el territorio”, donde volvemos a ver esa desazón urbana, pero acompañada del resurgimiento de lo rural, con esa crítica al individuo que veíamos en “Ampliación…”, pero en una novela mucho más ambiciosa, que busca abarcar no solo al hombre como tal sino a toda la sociedad (en este caso la francesa en especial) que lo rodea y lo hace andar (y desandar), destilando un pesimismo que surge del tuétano. El protagonista es un artista, Jed Martin, que hace una carrera mercantilista, retratando con cámaras y pinturas millares de objetos, mapas, oficios y personas de nuestro tiempo, para terminar filmando la naturaleza, en una suerte de contemplación hermética y personal, donde el propio Houellebecq termina como personaje dentro de la narración, aportando la cuota reflexiva que podría esperarse de él en la vida real, sobre todo su interpretación de la vida y la muerte, esta última acaso el gran tema de la novela, más allá del mercantilismo del arte francés, el traslado hacia lo rural, un mundo que sigue siendo el bastión donde se encuentran los valores de un país que aún puede salvarse desde sus orígenes. Y la crítica es feroz, también, con frases del tipo "El mapa es más importante queel territorio". Si hay algo que no se le puede negar al polémico Houellebecq, esta vez más medido que en anteriores oportunidades, es su gran inteligencia, sustentada quizá en su conocida misantropía. Al final, ese pesimismo, para que negarlo, termina saltando de las páginas a la mente de quien lo lee. Un riesgo, pero un gran mérito de esta novela que ya está en la lista de las ganadoras de un premio mítico.

(UPDATE: Aquí la reseña que publiqué en la revista Buensalvaje N°2 sobre "El mapa y el territorio")

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Bonus Track
El hombre ilustrado (1951), Ray Bradbury Seguimos con algo más de ciencia ficción. Bradbury ya me había conquistado con su hermosa y poética “Crónicas marcianas”. Luego siguió el clásico “Fahrenheit 451”, una defensa a ultranza de la lectura y la libertad. Tenía, pues, otra deuda: su híper famoso conjunto de relatos “El hombre ilustrado”, donde la historia de un hombre lleno de “tatuajes” en su cuerpo es el hilo conductor para los cuentos del libro, cada uno de ellos una imagen “tatuada” en este hombre, que cobra vida ante los ojos de quien lo ve. Así, vemos astronautas flotando en el espacio, niños que llevan la realidad virtual hasta los límites, invasiones extraterrestres, robots marionetas idénticos a sus creadores o un conjunto de escritores famosos que viven escondidos en Marte porque sus libros han sido quemados en la Tierra. Y por supuesto ese enorme relato, “El otro pie”, revolucionario al 100%, donde los negros llegan a Marte antes que nadie, echan raíces ahí y se pasan años esperando la llegada de los colonos blancos (cuento que nadie quiso publicar por su marcada crítica al racismo: “Comprendí que los blancos están ahora tan solos como lo estuvimos nosotros. No tienen caso y nosotros tampoco la teníamos. Somos iguales Podemos empezar otra vez. Somos iguales”). El prólogo de este enorme escritor, que hoy cuenta con más de 90 años (si lo oyes hablar se te cae la baba con lo mucho que ama la literatura: en You Tube hay maravillas), es una pieza de arte en sí mismo. En él, Bradbury nos dice que la pregunta “¿Qué pasaría si” es el motor de sus cuentos. La gran imaginación de don Ray es lo que le hizo preguntar qué pasaría si hubiera un astronauta flotando en el espacio… Si existiera una realidad virtual… Etcétera, etcétera, etcétera. Lo más emocionante del libro, repito, es el prólogo, donde, imitando a un mesero que conoció alguna vez, dice sustituyendo baile por escritura: “por eso escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana. Para no estar muerto”.

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Como sugerencia de mi amigo el Negro Cruz –tu regalo de cumpleaños, me dijo él-, me propongo hacer aquí la lista de los 5 libros que me hubiera gustado escribir. Difícil tarea la que me ha puesto el Negrito, hasta ya empiezo a dudar si es un regalo o un castigo tener que elegir 5, solo 5 más su Bonus Track, de entre los libros que hubiera dado cualquier cosa por poder ser su autor. Ojo, no tienen que ser nuestros libros favoritos, sino aquellos que, por temática o feeling, nos hubiera gustado escribir, o que los escribieron otros por puesta de mano y talento y décadas de separación e infinitas diferencias entre los genios que los escribieron y nosotros, viles mortales aficionados a la escritura y a la lectura. He tratado de tomar este criterio para mi elección, y bien han podido entrar en la lista Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking; Robinson Crusoe, de Defoe; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago; Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter Thompson; Las horas, de Michael Cunningham; Habitación en Roma, de Eielson; la obvia Alta fidelidad, de Hornby; Foe, de Coetzee; La carretera, de McCarthy; Soy leyenda, de Matheson, Bartleby y compañía, de Vila-Matas, Muerte en Venecia, de Mann; la saga de Asimov o las crónicas de David Foster Wallace, incluso Las benévolas, de Jonatan Littell, cuyo autor ha dicho que luego de ese libro no volverá ni podrá volver a escribir jamás. Son tantos otros libros que no solo me gustan, sino que me hubiera gustado escribir, que esta podría ser una lista mucho más larga, sin contar aquellos libros que nos fascinan pero que lo último que quisiéramos es pasar por el trance de escribirlos, en mi caso, por poner un ejemplo, cito dos: A sangre fría, de Capote, y La pianista, de Jelinek. Pero puestos a elegir, mis seis preferidos, más bonus tracks (¡no pude escoger solo 5!) serían los siguientes:



1. La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce

Martín Romaña y sus
crisis y su sillón Voltaire.
Tan solo el título me hubiera gustado escribirlo. Resume todo lo que me hubiera gustado poner en una novela. Y vaya qué novela. Divertida, romántica, emotiva, neurótica, entrañable. Ya lo ha dicho hasta Joaquín Sabina, años antes de conocer a Bryce, “si hubiera escrito una novela sería La vida exagerada…”. Una novela que he leído dos o tres veces, ya no recuerdo bien, que me introdujo en el mundo de la lectura más que ningún otro libro de esa época iniciática, acaso salvo por los libros de Julio Verne. Martín Romaña fue y será mi héroe, un anhelado alter ego, que no es mío, pero es, pues, porque somos los lectores los que nos apropiamos de lo que leemos.


2. Herzog, de Saúl Bellow

Escribir cartas mentales,
como Herzog.
Más de una vez he mostrado en este blog mi absoluta admiración por Bellow. Pero es Herzog su novela con la que más me he sentido identificado, aquella que me hubiera encantado escribir, esa que mientras leía pensaba esto lo siento yo, esto lo pienso yo, esto lo hubiera escrito yo. Para empezar, Herzog era un maniático que se pasa la vida escribiendo cartas mentales que nunca enviará, y eso es algo que yo siempre hice desde adolescente, antes de saber siquiera la existencia del personaje de Bellow. ¡Cuántas veces he redactado en mi cabeza cartas de amor que jamás envíe! ¡Reclamos contra compañeros de clase, maestros o empresas telefónicas, o alabanzas o consejos u opiniones a gente de la tele o amigos o mis propios padres, sabiendo que nunca leerían mis más sinceras percepciones, muy correcta y educadamente “escritas”, además! Pues Herzog me hizo ver que no era el único, o que Bellow me había robado 15 años antes de que naciera una magnífico rasgo para un personaje, en una historia que además es una mezcla de neurosis con romanticismo, de desamor y pérdida con razón y apertura. Gran novela y, sobre todo, una que me hubiera encantado escribir.


3. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa

Técnica admirada.
Creo que de Mario Varga Llosa hay más, mucho más de una novela que me hubiera gustado escribir. Pero puestos a elegir, y haciendo la salvedad de que no he leído La guerra del fin del mundo, Conversación en La Catedral, con su riqueza técnica, sus múltiples voces y tiempos, con su Zavalita y el Perú jodido y el periodismo y la cochinada y demás, no solo me dejó perplejo, asombrado, lleno de admiración y de sueños por cumplir y querer vivir, sino que se convirtió en aquella novela que solo un Dios puede escribir. Aunque luego leí La casa verde, que es igual o más técnica que la propia “Conversación…”, esta se mantiene como mi favorita, al menos en el rubro de “Yo quiero ser el que escribió eso”. Leer en una librería: “Conversación en La Catedral, por Armando Bustamante”. Jaja. ¡Todos tenemos derecho a soñar!


4. Moby Dick, de Herman Melville

El mar, el barco, la ballena
y las pulsiones humanas.
A pesar de que no fue valorada cuando fue publicada, la obra maestra de Melville es de aquellos libros que creo que cualquiera hubiera querido escribir. Empezando por la aventura. Al menos en mi caso, siempre me han encantado las historias de barcos, piratas, islas misteriosas, marinos o marineros, y en este caso, balleneros, buscando a la gran ballena blanca, comandados por un loco capitán cojo. Fuera de la historia aparente, los códigos, capas, significados que uno encuentra en la novela, todo ellos hace de Moby Dick una novela fascinante, con uno de los principios más hermosamente escritos que yo recuerde, especialmente la primera página, no solo por el famoso “Pueden ustedes llamarme Ismael”, sino por lo que viene después, como el “con poco o ningún dinero en mi billetera y nada en particular que me interesara en tierra, pensé darme al mar y ver la parte líquida del mundo”, o “cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme al mar lo antes posible. Esos viajes son, para mí, el sucedáneo de la pistola y la bala”.


5. Historia del mundo en diez capítulos y medio, Julian Barnes

Original en su estructura,
placentero para leer.
Uno de los libros más hermosos que he leído nunca. Lo recomendaría, como dicen los gringos, “todos los días de la semana y dos veces el domingo”. El medio capítulo, dedicado al amor, es un texto que cualquiera que esté o haya estado enamorado quisiera haber escrito. Un libro que comienza con el arca de Noé, contado desde la perspectiva de lo que vendría a ser una termita, hasta el propio Paraíso, pasando por naufragios (me encantan las historias de naufragios), incluyendo la historia de La Medusa, que inspira el cuadro de Géricault, uno de mis favoritos y que tuve la fortuna de poder ver en vivo. Como digo, quizá los libros de esta lista no son los mejores, no son de Premios Nobel, pero son aquellos que hubiera dado algo más que un milloncito por haber sido su genial autor. Dentro de la obra de Barnes, también me hubiera encantado escribir El loro de Flaubert, sencillamente genial.


6. Crónicas marcianas, Ray Bradbury

Descripciones poéticas,
ciencia ficción que explora
nuestra humanidad.
Me encanta la ciencia ficción, sobre todo lo que tenga que ver con el espacio. Sin embargo, la razón por la que este libro es una joya que me gustaría haber escrito es por la poesía detrás de su prosa, por el mensaje detrás de las historias que están detrás de Marte, de la Tierra, de las visitas humanas al planeta rojo, de los marcianos y su particular visión, de las expediciones misteriosas. Es como ver una pintura y no dejar de verla nunca. Mirar al cielo y detenerse ahí, entre matices infinitos de colores. En este caso, coincide uno de mis libros favoritos de siempre con uno que quisiera haber escrito. Ahora último, estoy leyendo otro de los clásicos de Bradbury, El hombre ilustrado, un libro con una serie de relatos que conmueven por los sentidos y por el contenido. Si uno escucha a Bradbury, que a sus 90 años sigue teniendo la misma pasión que cuando empezó, no puede evitar enamorarse de la literatura y de escribir. Como dice en el prólogo moderno de El hombre ilustrado, “escribo, escribo y escribo, a las 2am, para no estar muerto”.

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Bonus Tracks

Fallaci y Ribeyro
El trabajo de una vida,
al entrevistar formó parte de la historia

Más allá de las obras maestras o quizá no tan maestras que acabo de mencionar, hay dos libros que hubiera dado cualquier cosa por escribir. Uno, Entrevista con la historia, de la periodista y escritora Oriana Fallaci, cuya vida siempre estuvo marcada por la polémica, pero que se dio maña, en tiempos previos al Internet y a la hiperglobalización, para entrevistar, agudamente además, a prácticamente todos los líderes y personajes importantes del mundo, en épocas particularmente álgidas, entre ellos el Emperador de Etiopía, Kissinger, Willy Brandt, Yasser Arafat, etc., etc. El otro libro es Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro, uno de los libros más sabios y sinceros que he leído jamás. Tan cercano, pero a la vez tan admirable por la profundidad que logra. Te hace creer que tú podrías haber escrito eso, pero es obvio que está hecho con un vuelo por encima de cualquiera de nosotros.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pequeño tour por mis libros de 2010

Estas fechas se prestan para hacer rankings y listas de lo mejor que pasó durante el año. Aquí ya hemos hecho una entrega sobre los hechos que marcaron 2010, pero en este post no quiero hacer listas sobre “los mejor del año”, porque de eso ya se encargan los medios y otras páginas web, y de sobra. Quiero más bien profundizar en el cariz personal de estas listas y comentarles mis lecturas predilectas de este año, sin ser necesariamente libros aparecidos en 2010. Son libros que simplemente leí durante los últimos 12 meses y que quisiera compartir con ustedes, incluso –me encantaría pensarlo así- como una recomendación, para aquellos que no los hayan leído aún o estén buscando algo como lo que voy a reseñar a continuación. Ha sido difícil escoger 5 libros para destacar y recomendar. Podría mencionar ese gran descubrimiento que fue para mí leer Alta fidelidad, de Hornby, que me animó incluso a hacer este blog. O El sueño del Celta, del Nobel Vargas Llosa, un libro fantástico. O los maravillosos cuentos de Asimov en Visiones de Robot, que incluyen El hombre bicentenario. También Diez negritos, de Agatha Christie, que en cuatro horas de lectura febril me hizo ver por fin por qué tanta gente me habla de esa historia. Retomé un clásico como El mono desnudo, de Morris, disfruté de Ubik, del genial P. K. Dick, y en estos días estoy reencontrándome con un viejo amor, con Los desnudos y los muertos de mi querido Mailer. Pero si he de elegir mis 5 lecturas favoritas de 2010, estas son (si han leído algo que los ha emocionado o llenado de una manera particular, no duden: ¡compártanlo!).


1. Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond (1998)

Divulgación científica de primera.
Puede decirse que este libro ganador del premio Pulitzer es una especie de Biblia científica. En su solapa lo venden como “una breve historia de la humanidad de los últimos 13.000 años”, pero yo creo que es más que eso. Su autor, fisiólogo evolucionista y biogeógrafo, busca responder a lo largo de 500 páginas una pregunta que le hizo una vez un político de Nueva Guinea: “¿Por qué ustedes, los blancos, desarrollaron tanto y lo trajeron todo a Nueva Guinea, pero nosotros, los negros, teníamos tan poco ‘cargamento’ propio?”. Esta pregunta se puede extender aún más: ¿por qué fueron los españoles quienes conquistaron el Imperio incaico y no fue Atahualpa quien encerró en un cuarto al rey de España? Diamond, desde múltiples enfoques científicos, que van desde la lingüística, la arqueología, la geografía hasta la virología, alejándose de cualquier tipo de teoría racista o de diferencias biológicas entre los pobladores de los 5 continentes, examina uno por uno, desde la aparición del ser humano como lo conocemos hasta nuestros días, para intentar explicar por qué algunas zonas se desarrollaron más que otras, por qué la cultura se propagó con mayor rapidez en algunos lugares mientras que en otros no llegó jamás o, incluso, retrocedió. Los factores clave de su respuesta son, como dice el título, las armas, los gérmenes y el acero, sustentados en la geografía inicial que encontraron los humanos, la capacidad de domesticar animales y plantas, y, por ende, de establecerse, crecer, tener especialistas en tecnología y lenguas, lo que llevó al comercio, a un orden político-económico y a la propagación cultural. Evidentemente, no puedo transmitir las teorías (y casi comprobaciones) de Diamond en un párrafo, por lo que recomiendo con entusiasmo este maravilloso libro de divulgación científica.

2. Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas (2000)

La literatura del No.
Siempre he sido admirador de Vila-Matas, leyendo sus artículos, quedando fascinado con los temas de sus novelas, pero he de reconocer que, a pesar de haber incluso obsequiado libros suyos, recién durante 2009 pude leer los cuentos de Suicidios ejemplares y la genial El mal de Montano. Así que este año decidí pagar una vieja deuda y sumergirme en el mundo de Bartleby y compañía, que precede en esa línea metaliteraria al propio Montano, en la historia de un escritor que se obsesiona con la no-escritura, que tiene en el personaje de Melville, Bartleby, a su mejor representante. Y así uno va viajando por una serie de notas a pie de página de un libro invisible, aunque no por eso inexistente. Notas a pie llenas de “preferiría no hacerlo”, que versan sobre diversos “autores del No”, desde Walser hasta Salinger, pasando por Rulfo, y también de aquellos que muestran, ya sea en su literatura o en su ideología, esa pulsión creadora que a veces pasa por la mudez o el silencio, como el propio Melville, quien, en carta a Hawthorne, escribe: “Es maravilloso el no porque es un centro vacío, pero siempre fructífero. A un espíritu que dice no con truenos y relámpagos, el mismo diablo no puede forzarle a que diga . Porque todos los hombres que dicen sí, mienten”. Hermoso libro, lleno de guiños literarios y teorías, en donde solo del No puede surgir la verdadera literatura. Una delicia para leer.

3. Lo que vio el perro, de Malcolm Gladwell (2010)

Antología de Gladwell y sus teorías.
Ya el año pasado había leído un libro de este periodista que se ha hecho más que famoso con sus artículos y reportajes en The New Yorker: Blink, o de cómo, según nuestra experiencia, sabemos las cosas en tan solo dos segundos. Historias recopiladas por Gladwell donde desarrolla la teoría de que pensar espontáneamente, basados en el instinto y en la experiencia, es más provechoso que tomar decisiones meditadas, muchas veces distorsionadas por prejuicios o demasiada información. El también autor de The tipping point y de Outliers: historia del éxito (o de por qué unos tienen éxito y otros no), sacó este año lo mejorcito de sus reportajes del New Yorker en una antología de lujo, donde Gladwell señala: “El truco para encontrar ideas consiste en convencerse de que cualquier persona o cosa tiene una historia que contar. Ese es el desafío, más bien, porque resulta muy difícil”. Y Gladwell lo consigue pues sabe “mirar con ojos ajenos”. Sus historias, reales todas, llenas de datos y estudios, van desde el secreto del "Encantador de Perros" hasta por qué existe solo un tipo de ketchup y muchas decenas de mostaza; desde por qué asociamos genialidad con precocidad hasta a quién elegimos cuando no sabemos a quién elegir. Gladwell es de esos bestsellers que vale la pena leer.


4. El Planeta de Mr. Sammler, de Saul Bellow (1969)

Bellow, de mis favoritos.
Ya lo he dicho aquí: Saul Bellow es de mis escritores favoritos, ganador del Nobel, además. Me quedé maravillado con Herzog, al punto que me dio una pena enorme terminar ese libro de infinitas páginas. Luego siguió El legado de Humboldt, con similar resultado. Este año le hinqué el diente a otra de sus obras maestras y salí igual de feliz. Ganadora del National Book Award de 1970, El planeta de Mr. Sammler es, como otras obras de Bellow, una meditación sobre la civilización occidental, especialmente la norteamericana, y los cambios que van aconteciendo en ella, reflexionando en especial sobre su futuro. Hay nostalgia por el pasado, sorpresa por el desenfreno del presente e interrogantes sobre lo que vendrá, en una historia que bien puede tocar las mismas fibras en 1969 que en 2009. Ya lo han dicho algunos críticos: “la obra de Bellow es a la vez eterna y despiadadamente contemporánea”. Despiadado y contemporáneo, sí. Baste un botón: “El individualismo no tiene interés si no sirve para extender la verdad (…) que la mayor parte de las formas de existencia personal parecen estar desacreditadas y que existe un peculiar anhelo de no ser”.

5. La soledad de los números primos, de Paolo Giordano (2008)

Ópera prima sobre la soledad.
Su autor no llega a los 30 años (tenía 26 cuando publicó este libro). Es licenciado en Física Teórica y esta, su primera novela, ha cautivado con premios y ventas astronómicas. Un libro construido casi matemáticamente, pero invadido por una sola protagonista: la soledad. Giordano lleva el ánimo de los números primos gemelos, esos que están separados apenas por un número par, como queriendo tocarse a través del infinito sin poder hacerlo jamás, a dos vidas, las de Alice y Mattia, que arrastran desde la niñez el dolor y la soledad, que pudiendo complementarse, pues son de alguna manera iguales, sufren un distanciamiento infranqueable, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43, digamos. No exageran los reseñistas al decir que este es un libro perfecto, digno de un narrador experto. Los rasgos psicológicos son protagonistas en la narración, sólida como una roca, como la soledad que lo envuelve todo. Un libro triste, aunque sutil, pero que, al menos en mi caso, me reveló unas ganas de poder hacer que el número 18 desaparezca del mapa y que el 17 y el 19 puedan, por fin, ser correlativos, por decirlo de alguna manera. Más allá de determinismos casi matemáticos, la felicidad está en nuestras manos, aunque la protagonista reflexione: “luchar contra ciertas partes de nuestro ser es imposible”. Para eso está la lectura, creo, para cambiar, o para tener ganas de hacerlo.

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Bonus Track
Auster, siempre Auster

Génesis austeriana.
Todos los años intento leer al menos un libro de Paul Auster, no solo porque me encanta, sino porque tiene miles. El año pasado fueron Experimentos con la verdad y Mr. Vértigo. Este año le tocó a uno de sus primeros libros: La invención de la soledad (1982). Aquí empieza a construirse eso que conocemos como “obra austeriana”, luego de que muriera el padre de Auster y este empezara a escribir su “Retrato de un hombre invisible” y luego el “Libro de la memoria”, en una búsqueda que engarza memoria y escritura, teniendo como telón de fondo la paternidad y la muerte. Un libro doliente, donde el autor se pregunta “¿En qué momento una casa deja de ser una casa? ¿Cuando se cae el techo?, ¿cuando le quitan las ventanas?, ¿cuando las paredes se desmoronan?, ¿cuando se convierte en un montón de escombros?” para luego, como respondiendo de alguna manera, señalar: “Incluso cuando consigo avanzar un poco, no estoy muy seguro de hacerlo en el rumbo correcto. El hecho de que uno vague por el desierto no quiere decir que necesariamente haya una tierra prometida”. Un libro de autodescubrimiento, pilar de mucho de lo que después escribiría Auster, que nos permite descubrirnos un poco a nosotros mismos en el trayecto, juntos.