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martes, 6 de septiembre de 2011

El Ojo y la Cámara (Fotos x 5)

En el último post, que fue bastante bien recibido por los amantes del arte, que al parecer son mucho más de lo que uno imagina, hice una lista de mis pinturas favoritas. Así que para esta vez me dije por qué no de mis fotos favoritas. Cierto que el “universo” se reduce mucho más, y mis conocimientos de fotografía, al menos de las fotos que existen, son bastante más reducidos –todavía más- que las de arte. Pero todos tenemos nuestros favoritos, sepamos mucho o poco, y de eso se trata este blog: poder seleccionar un pedazo de realidad (como lo haría un fotógrafo con su lente), y destacarlo. Para recordarlo, por supuesto. Para compartirlo. En estos tiempos donde nos vemos bombardeados por información de todos los frentes, donde estamos sobrealimentados de datos, videos, imágenes y textos, hacer una lista es reconfortante pues permite separar la paja del trigo y luego el trigo bueno del trigo premium, por así decirlo, y quedarnos con ese trozo de universo con el que nos quedaríamos para siempre. Y ese universo es el nuestro, por supuesto, construido con los años, con nuestro aprendizaje emocional, sentimental, cultural, y mediático, por qué no. Nosotros somos dueños de ese universo. Y nosotros somos los amos de las listas que hagamos del mismo: los highlights de nuestra existencia.

En esta lista de fotos, he puesto mis favoritas, que no siempre son por razones sublimes, como se puede apreciar en las fotos de guerra (algo así como la fascinación que genera Guernica, digamos). He dejado bastantes de lado, también icónicas, también que me gustan mucho, desde la famosa foto de la niña de National Geographic, que luego fue fotografiada de adulta, con la misma penetrante mirada de ojos verdes. O la foto del hongo atómico o aquella del Che Guevara que ahora adorna, para bien y para mal, miles de camisetas alrededor del mundo. El horror no siempre ha sido transmitido en guerras, al menos no tradicionales: cómo olvidar las fotos de la gente cayendo desde lo alto de las torres gemelas para escapar de las llamas y de la asfixia.  Incluso aquella foto de Iwo Jima, donde los soldados estadounidenses supuestamente coronan la cima con la bandera de su país, cuando luego se descubrió que todo fue un montaje.  Y qué decir de Neil Armonstrong en la Luna, o la foto en la que se ve el planeta Tierra desde el espacio. Y el deporte también está presente, con aquella famosa foto que reveló la mano de Dios de Maradona en 1986 o el mega oom a la oreja de Evander Hollyfield, momentos después de que Mike Tyson se la arrancara de un mordisco. Y siguiendo con el box, esa foto del primer round de la segunda pelea Ali vs. Liston donde se ve al mítico boxeador gritándole a Liston caído en la lona . En fin, hay demasiadas, ahora que lo pienso. Aquí mi lista de favoritas más un bonus track polémico. Los aliento a que compartan las suyas.


1. Behind the Gare St. Lazare, París - Henry Cartier-Bresson

Tomada entre las rendijas de la cerca
con su legendaria Leica.
Me encanta el trabajo de Henry Cartier-Bresson, considerado el padre del fotoperiodismo y cofundador de la mítica agencia Magnum junto a Robert Capa y David Seymour. También fue fundamental en el desarrollo de la llamada “fotografía de la calle”, pues esperaba, con su Leica en mano, en plena ciudad a que “el momento decisivo” ocurriera. La fotografía que aquí reproduzco es una de sus más famosas y en ella se expresa a la perfección este concepto, que desarrolló en su libro homónimo de 1952, cuya portada ilustró Matisse. Sobre esta foto el fotógrafo dijo: “Sucede que yo estaba con mi cámara viendo a través de una rendija de la cerca que rodeaba este lugar en el momento exacto en el que el hombre saltó”. En una entrevista de 1957, Cartier-Bresson expresó sobre “momento decisivo”: “Existe una fracción de segundo creativa cuando tomas una fotografía. Tu ojo debe ver una composición o una expresión que la vida misma te ofrece, y tú debes saber, con intuición, cuando disparar la cámara. Ese es el momento en que el fotógrafo es creativo. ¡Oh! ¡El momento! Una vez que lo pierdes, se va para siempre”. Otras de las imágenes que quedan en mi memoria son todas las que tomó al cubrir el apoteósico funeral de Ghandi en 1948. Un verdadero maestro.

2. El Beso del Hotel de Ville - Robert Doisneau

El amor en París. Fue posado, pero no importa.
Fue un encargo de la revista American’s Life sobre los enamorados en París, en 1950. Obviamente lo que consiguió fue una serie que tituló Besos, pero el más famoso, el que trascendió hasta hoy, es este de una desconocida pareja besándose frente al ayuntamiento de la Ciudad Luz. A diferencia del maestro Cartier-Bresson y su “momento decisivo”, esta foto, que en un inicio todos pensaron que retrataba a una pareja cualquiera captada en el preciso instante de su apasionado beso en París, Doisneau le propuso a los protagonistas, estudiantes de arte dramático, darse ese gran beso en ese determinado lugar. Los había conocido en un café parisino. Pero la obra de arte no solo está en captar el momento exacto de un acto irrepetible, sino también orquestar una situación que represente algo más que lo que se ve en la imagen, y eso hizo Doisneau: su serie y especialmente este Beso del Hotel de Ville es un símbolo del amor, de la propia ciudad de París como capital mundial del romanticismo, y acaso toda una época. Por supuesto que es una imagen que ha reportado millones a través del tiempo. Debo confesar que tengo un rompecabezas en casa a medio armar de esta poderosa y significativa imagen. El blanco y negro complica bastante que lo culminé. Algún día lo haré.


3- El hombre del tanque en Tian’anmen (o el rebelde desconocido), 1989 - Jeff Widener

Toda tragedia tiene héroes.
Resulta curioso que Tian’anmen signifique “Puerta de Paz Celestial”. Y acaso fue eso lo que ese anónimo chino quiso reivindicar al pararse temerariamente frente a aquellos tanques en 1989, en una de las instantáneas más famosas de la historia. Valentía, idealismo, desigualdad de fuerzas, fragilidad, coraje, este acto, y sobre todo su documentación a través de la cámara, en un área donde son más los tanques que las personas (4 contra 1), quizá refleje a la perfección una etapa, ese convulso 1989, la China comunista más recalcitrante que hoy, 20 años y trances ideológicos después, es la primera potencia mundial. Cabe señalar que las manifestaciones de los estudiantes chinos tuvieron lugar entre abril y junio de 1989, y que dicha movilización fue violentamente suprimida por el Ejército Popular de Liberación. Se estima que murieron más de 2.000 personas y que entre 8 y 10 mil resultaron heridas. Esta foto fue tomada el 5 de junio y fue galardonada con el World Press Photo de aquel año, aunque fueron 3 los fotógrafos que llegaron a inmortalizar el momento: los estadounidenses Jeff Widener (AP), Charlie Cole (Newsweek) y el británico Stuart Franklin (Magnum, para Time). La historia detrás de la foto que vemos, obra de Widener, es increíble, pues el fotógrafo había sido asaltado por la policía china la noche anterior, llevándose todos los rollos que había tomado de las agresiones. Por eso, al tomar la foto de este hombre frente a los tanques, Widener escondió de inmediato el carrete en la cisterna de un inodoro, con lo que la policía, al registrar la habitación, no pudo encontrarla.

4. Cong Huynh, Vietnam - Nick Ut

La pequeña Kim Phuc en pleno ataque con
Napalm en Vietnam.
Phan Thi Kim Phuc, de 9 años, en el centro de la foto, corre de la escena donde los aviones de las tropas sudvietnamitas han lanzado Napalm, en Trangbang, Vietnam del Sur. Esta foto, tomada por Nick Ut para la Associated Press y ganadora del Premio Pulitzer de Fotografía, es realmente fuerte, trágica, traduce el horror de la guerra y no puedo decir que sea una favorita al estilo de El Beso del Hotel de Ville, pero sí una obra maestra del fotoperiodismo, por lo que transmite, por lo que significa y significó, por lo que aún proyecta: el absurdo de la guerra, lo cruel del ser humano, y, por supuesto, la gran capacidad de empatía y solidaridad que también tenemos los hombres y mujeres del mundo, unidos en nuestro rechazo a imágenes como esta. Cabe decir que Kim Phuc se propuso estudiar medicina en Cuba, aunque fue impedida de hacerlo para hacer propaganda pro-Vietnam durante su juventud. Luego, pudo continuar su carrera y se convirtió en una abanderada del perdón y la lucha contra toda clase de guerras, dando charlas por todo el mundo, como su ensayo “El largo camino al perdón”. Tiene una fundación que se encarga de esta causa, en pro de las víctimas infantiles de guerra, incluso hasta los afectados en la invasión de Iraq de 2003, luchando hasta el presente. Una de sus más famosas frases es esta: “Aún tengo muchas cicatrices en mi cuerpo y sufro mucho dolor casi todos los días, pero mi corazón se ha sanado. Napalm es muy poderoso, pero la fe, el perdón y el amor son mucho más poderosos aún”.

5. Albert Einstein, por Arthur Sasse

Einstein en gesto inmortal.
En realidad estaba molesto
cuando se la tomaron.
Esta foto es un icono de nuestro tiempo. El genio rebelde y loco, el científico que se sale del cuadro y saca la lengua. Y eso fue lo que siempre me llamó la atención de la imagen. ¿Cómo podía sacar la lengua, así como así, este genio? Einstein ha mostrado muchas facetas, pero ¿esta imagen no era ya algo demasiado gráfico? Así que hace ya tiempo me decidí investigar al respecto. Con Internet no es difícil encontrar la realidad del asunto. No es que Einstein estuviera haciendo el payaso, sino que estaba, por el contrario, molesto, verdaderamente molesto. La foto fue tomada en 1951, a la salida de un homenaje a Einstein por su 72 cumpleaños en la Universidad de Princeton. Al parecer, el científico fue acosado por la prensa, y tras pedir reiteradamente que lo dejaran en paz –se dice que repetía “¡Basta ya, basta ya!”- pues no se le ocurrió mejor cosa que sacar la lengua para estropear cualquier fotografía que le pudieran sacar. ¡Así de vengativo era don Albert! Si uno busca la foto original, la cara de Einstein no está “enmarcada”, sino que el protagonista está entre otras dos personas. Luego de publicarse la imagen, el propio Einstein pidió al autor nueve copias para su uso personal. Una de ellas, subastada por supuesto, contiene la dedicatoria del gran científico al periodista de la ABC Howard K. Smith: “Este gesto te gustará, porque va dirigido a toda la humanidad. Un civil puede permitirse hacer lo que ningún diplomático se atrevería. Tu leal y agradecido oyente, A. Einstein ‘53”. Parece que don Albert, una vez publicada la foto, se dio real cuenta de lo que significaba la instantánea: un legado. Y que así se le recordaría, al menos gráficamente, en los años por venir.


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BONUS TRACK
Loyalist Militiaman at the Moment of Death, Cerro Muriano, 1936 – Robert Capa

Polémica foto de Capa.
Tomada en su cobertura de la Guerra Civil Española, también es conocida como la foto del “Soldado caído”. Si bien esta foto ha sido cuestionada por especialistas e historiadores, desde el lugar donde fue tomada hasta sobre la veracidad de la espontaneidad de la toma –se dice que fue escenificada-, sin lugar a dudas ha quedado como una de las fotos más emblemáticas de la historia, y cuyo misterio, por decir algo, no podrá ser del todo resuelto. Se supone que es el momento exacto en el que el combatiente es abatido, y el efecto es realmente devastador y único. Incluso si fue escenificada, el impacto de lo que vemos es tremendo. Me pareció que, controversias aparte, tenía que estar presente en esta lista. También son famosas sus espectaculares fotos del desembarco del Día D en la Segunda Guerra Mundial: impresionantes.

martes, 16 de agosto de 2011

Arte x 5

Hace tiempo que tenía ganas de hacer esta lista. Y no la hacía por un poco de temor de caer en el clisé, o por sentirme un poco neófito en el tema de las pinturas y el arte. Sin embargo, algo de arte he visto, algo de Louvre, D'Orsay, Prado y Reina Sofía he visto, y por último algo de Google, postales y replicas he visto, así que, con el perdón, pasaré a mencionar mi lista de cuadros preferidos ever. Esos que me parecen de la wich, como dirían por ahí. Pero antes, debo mencionar algunos que no entran en la lista de 5 más bonus track, pero que no quisiera dejar de recordar, como esas maravillosas estampas de la cotidianidad de Vermeer, algunas de las obras más locas de Dalí (me encanta El Gran Masturbador, por ejemplo), esos monumentos que recubren el interior de la Capilla Sixtina, obra de Miguel Ángel, la propia Monalisa, que no es mi wow personal pero que tiene suficiente misterio como para enganchar, o Miró, o Pollock, o Turner, o la maravillosa cabra con violín de Chagall o los paisajes tahitianos de Gauguin (leer El paraíso en la otra esquina y las descripciones de Vargas Llosa de sus cuadros son una verdadera delicia). Supongo que estoy dejando de lado mucha pintura contemporánea, y para eso están ustedes, para llenar mis vacíos con sus propios favoritos, pero intuyo que soy de gustos más clásicos, por qué no, más comunes. Aquí va, pues, mi lista.

1. La balsa de La Medusa, de Géricault (1819)


Inspirada en el naufragio de la Méduse en las costas
de Mauritnia en 1816.
Ya lo he dicho antes: me fascina el tema de los naufragios, desde Robinson Crusoe hasta Tom Hanks en Naúfrago, pasando por La isla misteriosa de Verne, así de amplios son mis gustos. Este cuadro me dejó impactado cuando lo vi: realmente impresionante, no solo por su tamaño -mide 491 x 717 cm, sino por lo descarnado de su contenido, más aún cuando representa un hecho real: el naufragio de la fragata francesa Méduse en las costas de Mauritania en 1816, donde 147 personas quedaron a su suerte en una balsa malamente construida, y de las cuales solo sobrevivieron 15 luego de los 13 días que duró el incidente. En el cuadro de Géricault se pueden revivir, como en una película, y sentir también, el hambre, la desesperación, la falta de agua, y finalmente el canibalismo y la locura que debieron soportar dichos hombres. Saber que esta pintura fue la primera gran obra de su autor, quien la terminó a los 27 años, y también que para hacerla, por ser retrato de un hecho de su tiempo, llegó a entrevistarse con dos de los supervivientes, que hizo que el carpintero del barco le fabricara una maqueta de la embarcación original, todo eso es de por sí admirable. Julian Barnes, en su gran libro Una historia del mundo en 10 capítulos y medio, se pregunta cómo se puede transformar la catástrofe en arte. Se responde diciendo que quizá lo malo que sucede lo hace  precisamente para que pueda ser explicado, disculpado, reflexionado. Más allá de eso, Barnes apunta que el autor tuvo que decidir qué pintar y qué no. Géricault decidió NO pintar el canibalismo (solo sugerido), ni el accidente, ni los motines nocturnos, ni los asesinatos, ni la balsa ya hundiéndose, ni el rescate final. ¿Qué pintó? No una escena de naufragio, ni siquiera la propia Medusa. Dice Barnes: "No es que simplemente nos imaginemos los atroces padecimientos de aquella embarcación fatal, no es que simplemente nos convirtamos en sufridores. Ellos se convierten en nosotros". ¿Por qué? Porque "todos estamos perdidos en el mar, zarandeados entre la esperanza y la desesperación, llamando algo que tal vez nunca venga a rescatarnos. La catástrofe se ha convertido en arte y ese es un proceso liberador, engrandecedor, explicativo. Para eso sirve la catástrofe".

2. Perro semi-hundido en la arena, de Goya, 1819-1923


Goya en fase casi abstracta.
Así como La balsa de La Medusa me encanta por todos los significados, emociones y datos históricos que encierra, el Perro semi-hundido en la arena, de Goya, me encantó al instante cuando lo admiré, sí, lo admiré por primera vez en una juvenil visita al museo del Prado, en Madrid. Quizá no es la obra más famosa de Goya, quizá no es una de sus majas vestidas ni desnudas, pero a mi me fascinó la simplicidad de esa figura que roza la abstracción, ese pequeño tragado por un mar de arena de hermosas gamas marrones. Tan simple pero a la vez tan armónica, tan llena de sentido ante los ojos de un joven que piensa en el amor y sobre todo en el desamor, en la pérdida y en la esperanza. Desde entonces fue una de mis favoritas. Extraño el marcador de libro que aquel día me compré y que luego perdí a manos de una ex de cuyo nombre no quiero acordarme. Sin embargo, luego conseguí que me trajeran una postal y luego una persona muy querida me hizo el regalo de plasmarlo en un cuadro por entregas. Estoy en proceso de enmarcarlo. Veo la postal cada día antes de dormir, pronto veré el cuadro cada vez que llegue a casa, como la original hizo lo propio en la quinta de Goya.

3. La noche estrellada, de Van Gogh, 1889


Un gusto compartido. La nostalgia que se siente.
Esta debe ser la favorita de varios. No he tenido la suerte de verla en vivo, pues el original está en Nueva York, ciudad que aún no conozco. Sí he visto otros paisajes estrellados de Van Gogh, sus autorretratos, su célebre pintura de su habitación, pero no La noche estrellada. En algún momento mi gusto por este cuadro hizo que lo utilizara como base para trabajos de diseño en la universidad, y luego una gran amiga me regalo una postal por mi cumpleaños porque sabía que me encantaba. Hasta ahora la tengo, luego de tenerla muchos años al lado de mi cama, ahora tiene un lugar de privilegio en mi casa. Y, cómo no, el fondo de pantalla de mi celular es esta pintura neo-impresionista de Van Gogh. A otros podrán gustarle más sus Girasoles, pero me quedo con la nostalgia eterna de ese cielo estrellado, de ese pueblo que duerme bajo la amarilla luna, con esos intensos negros que emergen de la noche. Esta lista, aunque tiene varias pinturas conocidas, favoritas de muchos seguramente, ha sido muy difìcil de elaborar por mí, sobre todo a la hora de elegir el orden... Pues nada, la número 3 es La noche estrellada de Van Gogh.

4. Las meninas, de Velásquez, 1656.


Juego de espejos, de observadores y observados.
Esta también la vi en vivo en el Prado. Esta también hizo que me comprara un marcador de libro para recordar la carita de Margarita de Austria. Recuerdo claramente cuando la vi, en esa sala del museo español, a lo lejos, situada al fondo, con retratos de Felipe IV alrededor. También recuerdo el maravilloso ensayo que da inicio a Las palabras y las cosas, de Foucault, donde analiza punto a punto los elementos de este cuadro, descartando los elementos históricos del mismo para finalmente describirla como una obra en la que el espectador se hace partícipe dinámico y activo de su representación. El juego de espejos y miradas, el movimiento, el propio Velásquez, todo en una especie de meta-pintura, el ojo dentro del ojo, con un observador ahí casi imperceptible que también nos mira. Absolutamente fascinante. Aún conservo el marcador de libros, por cierto.

5. Galatea de las esferas, de Dalí, 1952


La musa inspiradora por excelencia: Gala.
Quizá no sea tan conocida como La persistencia de la memoria, o incluso como La desintegración de la persitencia de la memoria, ni siquiera como El Gran Masturbador, que ya mencioné, pero las pinturas de Gala en general han sido un pilar importante en la obra de Dalí. Al menos de lo que más me ha llamado la atención del maestro de Figueres. Hay tres que especialmente me gustan: La galatea de las esferas, que aquí destaco, donde el rostro de su amada está formado por átomos cuyo punto de fuga es la boca; Gala posando frente a la ventana, mirando el Mediterráneo, que además llevó a la escultura (en el paseo marítimo de Marbella puede apreciarse una hermosa), y un cuadro que fusiona un poco ambas perspectivas: Gala contemplando el mar Mediterráneo que a 20 metros se convierte en el retrato de Abraham Lincoln, especialmente su segunda versión, la de 1977, donde el juego visual parece un mero alarde del ya genial pintor. Me parece que Dalí es demasiado loco y demasiado genio como para que un simple mortal como yo haga el intento de interpretarlo. Solo me limitaré a decir que sus pinturas de Gala, sobre todo las de este tipo, me tienen hipnotizado. Como los átomos fugando de su boca.

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Bonus Track
Guernica, Picasso, 1937


Obra maestra de Picasso en homenaje a la destrucción
de Guernica a manos de una bombardeo ítalo-germano.
Qué se puede decir de este monumento que es el Guernica de Picasso. Qué se puede decir cuando entras a una sala llena de estudiantes menores que tú y ves tremenda pared de siete metros de largo por tres de alto, con figuras animales retorcidas por el dolor y la pérdida, equinos y toros que sabes representan la impotencia frente a un absurdo bombardeo sobre una ciudad inocente, en una guerra estúpida. Esta obra es bonus aquí pero es universal desde todo punto de vista, ahora que lo pienso debió estar en el número 1: Picasso era genial, sí, y es de admirar su obsesión por pintar, aunque le quitaran las brochas, como una vez dijo, hasta con la saliva sobre las paredes. Esta obra te deja sin aliento. Yo me quedé más de media hora observándola en el Reina Sofía de España, sin decir palabra, sin casi respirar. Confieso que lloré.