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martes, 11 de enero de 2011

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Como sugerencia de mi amigo el Negro Cruz –tu regalo de cumpleaños, me dijo él-, me propongo hacer aquí la lista de los 5 libros que me hubiera gustado escribir. Difícil tarea la que me ha puesto el Negrito, hasta ya empiezo a dudar si es un regalo o un castigo tener que elegir 5, solo 5 más su Bonus Track, de entre los libros que hubiera dado cualquier cosa por poder ser su autor. Ojo, no tienen que ser nuestros libros favoritos, sino aquellos que, por temática o feeling, nos hubiera gustado escribir, o que los escribieron otros por puesta de mano y talento y décadas de separación e infinitas diferencias entre los genios que los escribieron y nosotros, viles mortales aficionados a la escritura y a la lectura. He tratado de tomar este criterio para mi elección, y bien han podido entrar en la lista Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking; Robinson Crusoe, de Defoe; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago; Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter Thompson; Las horas, de Michael Cunningham; Habitación en Roma, de Eielson; la obvia Alta fidelidad, de Hornby; Foe, de Coetzee; La carretera, de McCarthy; Soy leyenda, de Matheson, Bartleby y compañía, de Vila-Matas, Muerte en Venecia, de Mann; la saga de Asimov o las crónicas de David Foster Wallace, incluso Las benévolas, de Jonatan Littell, cuyo autor ha dicho que luego de ese libro no volverá ni podrá volver a escribir jamás. Son tantos otros libros que no solo me gustan, sino que me hubiera gustado escribir, que esta podría ser una lista mucho más larga, sin contar aquellos libros que nos fascinan pero que lo último que quisiéramos es pasar por el trance de escribirlos, en mi caso, por poner un ejemplo, cito dos: A sangre fría, de Capote, y La pianista, de Jelinek. Pero puestos a elegir, mis seis preferidos, más bonus tracks (¡no pude escoger solo 5!) serían los siguientes:



1. La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce

Martín Romaña y sus
crisis y su sillón Voltaire.
Tan solo el título me hubiera gustado escribirlo. Resume todo lo que me hubiera gustado poner en una novela. Y vaya qué novela. Divertida, romántica, emotiva, neurótica, entrañable. Ya lo ha dicho hasta Joaquín Sabina, años antes de conocer a Bryce, “si hubiera escrito una novela sería La vida exagerada…”. Una novela que he leído dos o tres veces, ya no recuerdo bien, que me introdujo en el mundo de la lectura más que ningún otro libro de esa época iniciática, acaso salvo por los libros de Julio Verne. Martín Romaña fue y será mi héroe, un anhelado alter ego, que no es mío, pero es, pues, porque somos los lectores los que nos apropiamos de lo que leemos.


2. Herzog, de Saúl Bellow

Escribir cartas mentales,
como Herzog.
Más de una vez he mostrado en este blog mi absoluta admiración por Bellow. Pero es Herzog su novela con la que más me he sentido identificado, aquella que me hubiera encantado escribir, esa que mientras leía pensaba esto lo siento yo, esto lo pienso yo, esto lo hubiera escrito yo. Para empezar, Herzog era un maniático que se pasa la vida escribiendo cartas mentales que nunca enviará, y eso es algo que yo siempre hice desde adolescente, antes de saber siquiera la existencia del personaje de Bellow. ¡Cuántas veces he redactado en mi cabeza cartas de amor que jamás envíe! ¡Reclamos contra compañeros de clase, maestros o empresas telefónicas, o alabanzas o consejos u opiniones a gente de la tele o amigos o mis propios padres, sabiendo que nunca leerían mis más sinceras percepciones, muy correcta y educadamente “escritas”, además! Pues Herzog me hizo ver que no era el único, o que Bellow me había robado 15 años antes de que naciera una magnífico rasgo para un personaje, en una historia que además es una mezcla de neurosis con romanticismo, de desamor y pérdida con razón y apertura. Gran novela y, sobre todo, una que me hubiera encantado escribir.


3. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa

Técnica admirada.
Creo que de Mario Varga Llosa hay más, mucho más de una novela que me hubiera gustado escribir. Pero puestos a elegir, y haciendo la salvedad de que no he leído La guerra del fin del mundo, Conversación en La Catedral, con su riqueza técnica, sus múltiples voces y tiempos, con su Zavalita y el Perú jodido y el periodismo y la cochinada y demás, no solo me dejó perplejo, asombrado, lleno de admiración y de sueños por cumplir y querer vivir, sino que se convirtió en aquella novela que solo un Dios puede escribir. Aunque luego leí La casa verde, que es igual o más técnica que la propia “Conversación…”, esta se mantiene como mi favorita, al menos en el rubro de “Yo quiero ser el que escribió eso”. Leer en una librería: “Conversación en La Catedral, por Armando Bustamante”. Jaja. ¡Todos tenemos derecho a soñar!


4. Moby Dick, de Herman Melville

El mar, el barco, la ballena
y las pulsiones humanas.
A pesar de que no fue valorada cuando fue publicada, la obra maestra de Melville es de aquellos libros que creo que cualquiera hubiera querido escribir. Empezando por la aventura. Al menos en mi caso, siempre me han encantado las historias de barcos, piratas, islas misteriosas, marinos o marineros, y en este caso, balleneros, buscando a la gran ballena blanca, comandados por un loco capitán cojo. Fuera de la historia aparente, los códigos, capas, significados que uno encuentra en la novela, todo ellos hace de Moby Dick una novela fascinante, con uno de los principios más hermosamente escritos que yo recuerde, especialmente la primera página, no solo por el famoso “Pueden ustedes llamarme Ismael”, sino por lo que viene después, como el “con poco o ningún dinero en mi billetera y nada en particular que me interesara en tierra, pensé darme al mar y ver la parte líquida del mundo”, o “cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme al mar lo antes posible. Esos viajes son, para mí, el sucedáneo de la pistola y la bala”.


5. Historia del mundo en diez capítulos y medio, Julian Barnes

Original en su estructura,
placentero para leer.
Uno de los libros más hermosos que he leído nunca. Lo recomendaría, como dicen los gringos, “todos los días de la semana y dos veces el domingo”. El medio capítulo, dedicado al amor, es un texto que cualquiera que esté o haya estado enamorado quisiera haber escrito. Un libro que comienza con el arca de Noé, contado desde la perspectiva de lo que vendría a ser una termita, hasta el propio Paraíso, pasando por naufragios (me encantan las historias de naufragios), incluyendo la historia de La Medusa, que inspira el cuadro de Géricault, uno de mis favoritos y que tuve la fortuna de poder ver en vivo. Como digo, quizá los libros de esta lista no son los mejores, no son de Premios Nobel, pero son aquellos que hubiera dado algo más que un milloncito por haber sido su genial autor. Dentro de la obra de Barnes, también me hubiera encantado escribir El loro de Flaubert, sencillamente genial.


6. Crónicas marcianas, Ray Bradbury

Descripciones poéticas,
ciencia ficción que explora
nuestra humanidad.
Me encanta la ciencia ficción, sobre todo lo que tenga que ver con el espacio. Sin embargo, la razón por la que este libro es una joya que me gustaría haber escrito es por la poesía detrás de su prosa, por el mensaje detrás de las historias que están detrás de Marte, de la Tierra, de las visitas humanas al planeta rojo, de los marcianos y su particular visión, de las expediciones misteriosas. Es como ver una pintura y no dejar de verla nunca. Mirar al cielo y detenerse ahí, entre matices infinitos de colores. En este caso, coincide uno de mis libros favoritos de siempre con uno que quisiera haber escrito. Ahora último, estoy leyendo otro de los clásicos de Bradbury, El hombre ilustrado, un libro con una serie de relatos que conmueven por los sentidos y por el contenido. Si uno escucha a Bradbury, que a sus 90 años sigue teniendo la misma pasión que cuando empezó, no puede evitar enamorarse de la literatura y de escribir. Como dice en el prólogo moderno de El hombre ilustrado, “escribo, escribo y escribo, a las 2am, para no estar muerto”.

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Bonus Tracks

Fallaci y Ribeyro
El trabajo de una vida,
al entrevistar formó parte de la historia

Más allá de las obras maestras o quizá no tan maestras que acabo de mencionar, hay dos libros que hubiera dado cualquier cosa por escribir. Uno, Entrevista con la historia, de la periodista y escritora Oriana Fallaci, cuya vida siempre estuvo marcada por la polémica, pero que se dio maña, en tiempos previos al Internet y a la hiperglobalización, para entrevistar, agudamente además, a prácticamente todos los líderes y personajes importantes del mundo, en épocas particularmente álgidas, entre ellos el Emperador de Etiopía, Kissinger, Willy Brandt, Yasser Arafat, etc., etc. El otro libro es Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro, uno de los libros más sabios y sinceros que he leído jamás. Tan cercano, pero a la vez tan admirable por la profundidad que logra. Te hace creer que tú podrías haber escrito eso, pero es obvio que está hecho con un vuelo por encima de cualquiera de nosotros.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pequeño tour por mis libros de 2010

Estas fechas se prestan para hacer rankings y listas de lo mejor que pasó durante el año. Aquí ya hemos hecho una entrega sobre los hechos que marcaron 2010, pero en este post no quiero hacer listas sobre “los mejor del año”, porque de eso ya se encargan los medios y otras páginas web, y de sobra. Quiero más bien profundizar en el cariz personal de estas listas y comentarles mis lecturas predilectas de este año, sin ser necesariamente libros aparecidos en 2010. Son libros que simplemente leí durante los últimos 12 meses y que quisiera compartir con ustedes, incluso –me encantaría pensarlo así- como una recomendación, para aquellos que no los hayan leído aún o estén buscando algo como lo que voy a reseñar a continuación. Ha sido difícil escoger 5 libros para destacar y recomendar. Podría mencionar ese gran descubrimiento que fue para mí leer Alta fidelidad, de Hornby, que me animó incluso a hacer este blog. O El sueño del Celta, del Nobel Vargas Llosa, un libro fantástico. O los maravillosos cuentos de Asimov en Visiones de Robot, que incluyen El hombre bicentenario. También Diez negritos, de Agatha Christie, que en cuatro horas de lectura febril me hizo ver por fin por qué tanta gente me habla de esa historia. Retomé un clásico como El mono desnudo, de Morris, disfruté de Ubik, del genial P. K. Dick, y en estos días estoy reencontrándome con un viejo amor, con Los desnudos y los muertos de mi querido Mailer. Pero si he de elegir mis 5 lecturas favoritas de 2010, estas son (si han leído algo que los ha emocionado o llenado de una manera particular, no duden: ¡compártanlo!).


1. Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond (1998)

Divulgación científica de primera.
Puede decirse que este libro ganador del premio Pulitzer es una especie de Biblia científica. En su solapa lo venden como “una breve historia de la humanidad de los últimos 13.000 años”, pero yo creo que es más que eso. Su autor, fisiólogo evolucionista y biogeógrafo, busca responder a lo largo de 500 páginas una pregunta que le hizo una vez un político de Nueva Guinea: “¿Por qué ustedes, los blancos, desarrollaron tanto y lo trajeron todo a Nueva Guinea, pero nosotros, los negros, teníamos tan poco ‘cargamento’ propio?”. Esta pregunta se puede extender aún más: ¿por qué fueron los españoles quienes conquistaron el Imperio incaico y no fue Atahualpa quien encerró en un cuarto al rey de España? Diamond, desde múltiples enfoques científicos, que van desde la lingüística, la arqueología, la geografía hasta la virología, alejándose de cualquier tipo de teoría racista o de diferencias biológicas entre los pobladores de los 5 continentes, examina uno por uno, desde la aparición del ser humano como lo conocemos hasta nuestros días, para intentar explicar por qué algunas zonas se desarrollaron más que otras, por qué la cultura se propagó con mayor rapidez en algunos lugares mientras que en otros no llegó jamás o, incluso, retrocedió. Los factores clave de su respuesta son, como dice el título, las armas, los gérmenes y el acero, sustentados en la geografía inicial que encontraron los humanos, la capacidad de domesticar animales y plantas, y, por ende, de establecerse, crecer, tener especialistas en tecnología y lenguas, lo que llevó al comercio, a un orden político-económico y a la propagación cultural. Evidentemente, no puedo transmitir las teorías (y casi comprobaciones) de Diamond en un párrafo, por lo que recomiendo con entusiasmo este maravilloso libro de divulgación científica.

2. Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas (2000)

La literatura del No.
Siempre he sido admirador de Vila-Matas, leyendo sus artículos, quedando fascinado con los temas de sus novelas, pero he de reconocer que, a pesar de haber incluso obsequiado libros suyos, recién durante 2009 pude leer los cuentos de Suicidios ejemplares y la genial El mal de Montano. Así que este año decidí pagar una vieja deuda y sumergirme en el mundo de Bartleby y compañía, que precede en esa línea metaliteraria al propio Montano, en la historia de un escritor que se obsesiona con la no-escritura, que tiene en el personaje de Melville, Bartleby, a su mejor representante. Y así uno va viajando por una serie de notas a pie de página de un libro invisible, aunque no por eso inexistente. Notas a pie llenas de “preferiría no hacerlo”, que versan sobre diversos “autores del No”, desde Walser hasta Salinger, pasando por Rulfo, y también de aquellos que muestran, ya sea en su literatura o en su ideología, esa pulsión creadora que a veces pasa por la mudez o el silencio, como el propio Melville, quien, en carta a Hawthorne, escribe: “Es maravilloso el no porque es un centro vacío, pero siempre fructífero. A un espíritu que dice no con truenos y relámpagos, el mismo diablo no puede forzarle a que diga . Porque todos los hombres que dicen sí, mienten”. Hermoso libro, lleno de guiños literarios y teorías, en donde solo del No puede surgir la verdadera literatura. Una delicia para leer.

3. Lo que vio el perro, de Malcolm Gladwell (2010)

Antología de Gladwell y sus teorías.
Ya el año pasado había leído un libro de este periodista que se ha hecho más que famoso con sus artículos y reportajes en The New Yorker: Blink, o de cómo, según nuestra experiencia, sabemos las cosas en tan solo dos segundos. Historias recopiladas por Gladwell donde desarrolla la teoría de que pensar espontáneamente, basados en el instinto y en la experiencia, es más provechoso que tomar decisiones meditadas, muchas veces distorsionadas por prejuicios o demasiada información. El también autor de The tipping point y de Outliers: historia del éxito (o de por qué unos tienen éxito y otros no), sacó este año lo mejorcito de sus reportajes del New Yorker en una antología de lujo, donde Gladwell señala: “El truco para encontrar ideas consiste en convencerse de que cualquier persona o cosa tiene una historia que contar. Ese es el desafío, más bien, porque resulta muy difícil”. Y Gladwell lo consigue pues sabe “mirar con ojos ajenos”. Sus historias, reales todas, llenas de datos y estudios, van desde el secreto del "Encantador de Perros" hasta por qué existe solo un tipo de ketchup y muchas decenas de mostaza; desde por qué asociamos genialidad con precocidad hasta a quién elegimos cuando no sabemos a quién elegir. Gladwell es de esos bestsellers que vale la pena leer.


4. El Planeta de Mr. Sammler, de Saul Bellow (1969)

Bellow, de mis favoritos.
Ya lo he dicho aquí: Saul Bellow es de mis escritores favoritos, ganador del Nobel, además. Me quedé maravillado con Herzog, al punto que me dio una pena enorme terminar ese libro de infinitas páginas. Luego siguió El legado de Humboldt, con similar resultado. Este año le hinqué el diente a otra de sus obras maestras y salí igual de feliz. Ganadora del National Book Award de 1970, El planeta de Mr. Sammler es, como otras obras de Bellow, una meditación sobre la civilización occidental, especialmente la norteamericana, y los cambios que van aconteciendo en ella, reflexionando en especial sobre su futuro. Hay nostalgia por el pasado, sorpresa por el desenfreno del presente e interrogantes sobre lo que vendrá, en una historia que bien puede tocar las mismas fibras en 1969 que en 2009. Ya lo han dicho algunos críticos: “la obra de Bellow es a la vez eterna y despiadadamente contemporánea”. Despiadado y contemporáneo, sí. Baste un botón: “El individualismo no tiene interés si no sirve para extender la verdad (…) que la mayor parte de las formas de existencia personal parecen estar desacreditadas y que existe un peculiar anhelo de no ser”.

5. La soledad de los números primos, de Paolo Giordano (2008)

Ópera prima sobre la soledad.
Su autor no llega a los 30 años (tenía 26 cuando publicó este libro). Es licenciado en Física Teórica y esta, su primera novela, ha cautivado con premios y ventas astronómicas. Un libro construido casi matemáticamente, pero invadido por una sola protagonista: la soledad. Giordano lleva el ánimo de los números primos gemelos, esos que están separados apenas por un número par, como queriendo tocarse a través del infinito sin poder hacerlo jamás, a dos vidas, las de Alice y Mattia, que arrastran desde la niñez el dolor y la soledad, que pudiendo complementarse, pues son de alguna manera iguales, sufren un distanciamiento infranqueable, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43, digamos. No exageran los reseñistas al decir que este es un libro perfecto, digno de un narrador experto. Los rasgos psicológicos son protagonistas en la narración, sólida como una roca, como la soledad que lo envuelve todo. Un libro triste, aunque sutil, pero que, al menos en mi caso, me reveló unas ganas de poder hacer que el número 18 desaparezca del mapa y que el 17 y el 19 puedan, por fin, ser correlativos, por decirlo de alguna manera. Más allá de determinismos casi matemáticos, la felicidad está en nuestras manos, aunque la protagonista reflexione: “luchar contra ciertas partes de nuestro ser es imposible”. Para eso está la lectura, creo, para cambiar, o para tener ganas de hacerlo.

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Bonus Track
Auster, siempre Auster

Génesis austeriana.
Todos los años intento leer al menos un libro de Paul Auster, no solo porque me encanta, sino porque tiene miles. El año pasado fueron Experimentos con la verdad y Mr. Vértigo. Este año le tocó a uno de sus primeros libros: La invención de la soledad (1982). Aquí empieza a construirse eso que conocemos como “obra austeriana”, luego de que muriera el padre de Auster y este empezara a escribir su “Retrato de un hombre invisible” y luego el “Libro de la memoria”, en una búsqueda que engarza memoria y escritura, teniendo como telón de fondo la paternidad y la muerte. Un libro doliente, donde el autor se pregunta “¿En qué momento una casa deja de ser una casa? ¿Cuando se cae el techo?, ¿cuando le quitan las ventanas?, ¿cuando las paredes se desmoronan?, ¿cuando se convierte en un montón de escombros?” para luego, como respondiendo de alguna manera, señalar: “Incluso cuando consigo avanzar un poco, no estoy muy seguro de hacerlo en el rumbo correcto. El hecho de que uno vague por el desierto no quiere decir que necesariamente haya una tierra prometida”. Un libro de autodescubrimiento, pilar de mucho de lo que después escribiría Auster, que nos permite descubrirnos un poco a nosotros mismos en el trayecto, juntos.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Del libro al cine, maravillas y frustraciones

¿Quién no se ha frustrado al ir al cine a ver la adaptación de una de sus novelas favoritas y ver que el resultado deja mucho que desear? O, por el contrario, ¿quién no ha salido del cine feliz de la vida cuando lo que acaba de ver es exactamente lo que se imaginaba al leer esas páginas que tanto marcaron? Frustación y encanto. No sabía si hacer la lista sobre las mejores adaptaciones o sobre las peores, pero seamos positivos, veamos las mejores y al final mencionaré algunas de las que me han parecido fails totales. Solo comentaré la buena-mala adaptación de novelas (no videojuegos ni comics, esos quizá vengan después) a la pantalla grande si es que he leído -previa o posteriormente- el libro. No me atrevo -y no debería- hacer una lista (es decir, emitir un juicio) si no he podido hacer ambas cosas (leer y ver). Por ejemplo, hay cintas maravillosas que intuyo están basadas en libros igual de geniales, pero por no haberlos leído -¡pecado!- no puedo comentarlas, como Solaris, 2001: Una Odisea en el espacio, La naranja mecánica, Trainspotting, Atrapado sin salida, Sueños de fuga, Misery, Doctor Zhivago, Schindler's list, etc., etc., etc. Esto incluye, por ejemplo, la saga de Harry Potter, que sinceramente no sé si está bien o mal adaptada ni si los libros serán buenos o malos, y también la magia de la trilogía de El padrino, pues no he leído hasta ahora la obra de Puzo. Hay otros casos que me gustaría mencionar como buenas adaptaciones, pero que no incluyo en la lista por falta de espacio como 1984, con John Hurt, El señor de las moscas, la magnífica The Road, y, obviamente, Alta fidelidad. El caso de la novela gráfica Sin City es aparte, una sensacional adaptación. Espero con ansias la segunda entrega.

1. La trilogía de El Señor de los Anillos
Monumental tarea de Peter Jackson la de llevar la inconmensurable obra de Tolkien a la pantalla en tres películas que, al final, resultan maravillosas. Muchos de los fanáticos de los libros, según he podido leer, no están muy de acuerdo con esta adaptación, pero creo que en casos como estos, con historias y universos tan vastos en significado y contenido como sucede con Tolkien, es necesaria una cuota de flexibilidad, que es precisamente lo que hace, a mi parecer, que una adaptación sea buena. Comparando libro vs. película, la trilogía de Jackson hace precisamente lo que debe, entrelaza a su manera las historias, obvia, modifica, tuerce ligeramente, para un resultado factible y, desde todo punto de vista, redondo. Es cierto, de todas maneras se extrañan algunas partes que fueron retiradas u obviadas, como el destino final de Saruman o el encuentro entre Gandalf y el líder de los Nazgul. Nada es perfecto.

2. El silencio de los inocentes
¿Es mejor la película o el libro? ¿Es este el mismo caso, por ejemplo, de Ben Hur, donde la película termina siendo superior al libro que la inspiró? No lo sé a ciencia cierta. Me parece que el libro de Thomas Harris y la película de Jonathan Demme son geniales, cada uno a su manera y con sus propios recursos expresivos. El filme acaso tenga a su favor la interpretación de Lecter por Hopkins, un personaje que pasó de ser secundario a absolutamente central, así como la celebrada actuación de Jodie Foster. A mí me termina gustando más el libro, por el juego psicológico más detallado que el lenguaje escrito permite, pero reconozco que los pincelazos de ese mismo juego que vemos en la pantalla son inolvidables, chocantes y estremecedores, incluyendo la gran edición y concepción narrativa del director. Un gran libro y una gran película.

3. La profesora de piano
Basada en la novela La pianista de la premio Nobel austríaca Elfriede Jelinek, está película dirigida por Michael Haneke y magníficamente interpretada por Isabelle Huppert arrasó con los premios Cannes en el año 2001. Una de las claves de este universal acclaim está, me parece, en que la historia, chocante, torcida, y por eso mismo tan humana, escrita por alguien que comprendía a la perfección aquel oscuro universo (es una novela básicamente autobiográfica), fue llevada al cine por un director que no le tuvo miedo a tocar temas explícitamente aversivos, desde una perspectiva distante pero a la vez abrumadoramente cercana. Y, por supuesto, dentro de esto fue determinante la interpretación de Huppert. Las diferencias entre novela y filme no son demasiadas, pero tampoco son pocas. A pesar de ello, gracias a una certera elección y priorización de elementos, no se pierde un ápice de la esencia de sus personajes ni de la historia alrededor de ellos, bella y atroz a la vez.

4. Las horas
La película de Stephen Daldry le hace perfecta justicia a esa pequeña gran obra maestra que escribiera Michael Cunningham, ganadora del premio Pulitzer. Esta adaptación, con estrellas descollantes como Kidman, Streep, Moore y Harris, plasma de gran manera el atrevido rompecabezas que plantea el autor, a pesar de la dificultad que representan los personajes (y tiempos) de la historia: la mujer que lucha y escribe una novela (Virginia Woolf y su Mrs. Dalloway), aquella que cambia su vida a la par que lee dicha novela, y la mujer que se convierte en la protagonista de esas páginas, cerrando el círculo. Debo confesar que, tanto en el libro como en la película, no pude evitar, en varios pasajes, tener la piel de gallina. Emocionante, conmovedora, obras, ambas, que mueven. Mención aparte es la banda sonora.

5. El amigo americano (Ripley's Game)
La magnífica novela de Patricia Highsmith, que muestra a un ya curtido Ripley, es deliciosamente llevada al cine en esta película, y me refiero a la protagonizada por John Malkovich en 2002 pues no he visto la versión de Wim Wenders de 1977 con Dennis Hopper, aunque la crítica suele coincidir que la actuación de Malkovich sea acaso el mejor Ripley del cine hasta el momento, personaje retorcido, truculento, pero tan seductor a la vez. La tensión del libro está perfectamente trasladada a la pantalla, así como el ambiente y una macabra belleza, especialmente hacia el final del filme. Es sin duda una de las mejores adaptaciones de un libro que he leído a una película que he visto, cabe la aclaración. Es para destacar también El talentoso Sr. Ripley, de Minghella, con Matt Damon y Jude Law (no he visto A pleno sol, de 1960, de Clément).

BONUS TRACK
Blade Runner
La novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick, es, para muchos, bastante inferior a la película que dio lugar, Blade Runner, de Ridley Scott. He de decir que a pesar de que el filme me parece magnífico, la novela, que leí después de ver varias veces Blade Runner, me termina gustando al menos igual que su versión cinematográfica, que obvia muchas partes de la historia original, incluyendo, por supuesto, cualquier alusión a ovejas eléctricas. Esta opinión está basada, sobre todo, en la profundidad psicológica del personaje de Deckard, y cierta crítica social del momento a través de metáforas "de ciencia ficción" que son eliminadas en la concepción de la película. Algo absolutamente entendible, pero que en la novela se justifica por completo. Quizá quienes leyeron la novela después de la película, como yo lo hice, esperaban, al contrario de lo que usualmente sucede -leer primero el libro-, la narración de lo que las imágenes mostraron. La novela es mucho más y a pesar de encantarme Blade Runner me hubiera gustado ver más del Deckard de la novela en el personaje que encarna Harrison Ford.

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¿Y las malas?
Aquí seguiré el mismo criterio y mencionaré solo aquellas adaptaciones cuyos libros inspiradores he leído, antes o después, o cuyas películas he visto, pues a veces sucede que lees el libro pero no ves la película. Como menciones horrorosas, fuera de la lista oficial, puedo mencionar Alatriste (buen Viggo Mortensen, mala película), Yo, Robot (una película entretenida pero que no tiene nada que ver con la serie de relatos cortos que publicara bajo ese título el gran Asimov, mal usando los nombres de los personajes más importantes de las historias de robots de este autor, "reprogramando" su verdadera significancia y personalidad, ¡pobre don Isaac!) o La novena puerta (ni Johny Depp e Ian McKellen juntos pueden salvar esta horripilante adaptación de El club Dumas de Pérez Reverte).

1. La fiesta del chivo. Experiencia frustrante ver convertida esta obra maestra de Vargas Llosa en una película chata, aburrida y sin la menor posibilidad de acercarse siquiera a ser "buena". Acaso la virtuosidad técnica de la pieza original ya sea por sí misma un obstáculo insalvable, pero queda la impresión de que pudo hacerse, por más díficil que fuera realizar una adaptación, alguito mejor. Dentro de esta tradición de "malas" adaptaciones de novelas latinoamericanas también está El amor en los tiempos del cólera y El coronel no tiene quien le escriba.

2. El conde de Montecristo / El hombre de la máscara de hierro. Todas las versiones fílmicas que he podido ver de la obra de Dumas, especialmente en lo concerniente a Los tres mosqueteros y a El Conde de Montecristo, no le hacen justicia al autor francés, especialmente aquellas versiones más "hollywoodenses", que sin reparos y con el mayor descaro cambian finales, líneas argumentativas, dejando en el camino tan solo algunos nombres reconocibles como Edmond Dantés o D'Artagnan y nada más. Acaso la única que se salva, pero por poquito, sea la versión de Montecristo interpretado por Richard Chamberlain, donde al menos se intentó ser fiel a una obra que, por enorme, ya resulta difícil de plasmar. 

3. Soy leyenda
En sí, la película protagonizada por Will Smith es bastante entretenida y, para quien no ha leído la genial novela original de Richard Matheson, incluso buena. Pero este post no se trata necesariamente de películas malas o buenas, sino de malas o buenas adaptaciones. En este caso, el protagonista Neville es leyenda, en la novela de Matheson, por ser el último representante de la humanidad como la conocemos, dando paso al dominio de una nueva forma de vida, mientras que en la película sucede todo lo contario: Neville es leyenda porque permite a la raza humana sobrevivir y "curar" la enfermedad. Este hecho basta para hacer de esta  decente película una pésima adaptación, con ese ánimo hollywoodense del final feliz, sobre todo porque le quita el espíritu oscuro, hasta cierto punta de vista chocante y desesperanzador, que la novela de Matheson quiere transmitir, en mucho, con esa nueva sociedad que emerge (los enfermos son seres inteligentes, no zombies sin mucho seso) y que incluso engaña a Neville hasta su muerte (la mujer que encuentra el personaje de Smith lo ayuda a salvar a la humanidad, mientras que en la novela es una infiltrada que lo lleva a su ejecución). Soy leyenda es quizá una buena película, pero una mala adaptación.

4. El Código Da Vinci
No soy un partidario de la obra de Dan Brown, pero debo admitir que, al menos en El código Da Vinci, la utilización de esa técnica bestseller de 1-1-1, con capítulos cortos sucesivos que van intrigando al lector, dejándolo con ganas de más, desarrollando por separado las tres líneas narrativas como excusa para hacerlo esperar, funciona a la perfección. Uno devora la novela. Y quizá sea esa una de las razones para el fracaso absoluto de la película, donde no puede utilizarse dicha técnica. Para quienes fueron al cine sin leer el libro, la película se torna confusa, con demasiadas cosas sucediendo a la vez. Para aquellos que ya habíamos leído el libro fue una experiencia francamente aburrida, acaso porque la "técnica" de Brown funciona una sola vez y ya sabemos qué sucederá, acaso porque la historia narrada linealmente sencillamente no funciona.

5. Ensayo sobre la ceguera. No sé si es porque la maestría de Saramago en la novela original es imposible de ser trasladada al cine, o simplemente por falta de talento. Ni la presencia de Julianne Moore pudo darle algo de altura a esta producción. Es una de mis novelas favoritas y fue una gran decepción ver la película, acaso porque esta última es mucho más: Saramago retrata severa y bellamente los abismos de la condición humana, en una metáfora tan desgarradora y tangible como hermosa. ¡¿Es que el señor Meirelles no se dio cuenta de que no se trataba solamente de narrar la historia de gente que va quedándose ciega?!

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cine: Hits Musicales

Hace tiempo que no hablamos de cine y quería hacerlo a través de escenas que recuerdo en especial porque el o los protagonistas, en una performance esperada o no, se ponen a cantar, haciendo imborrable el momento. Aunque el nombre del post alude a lo "musical", la idea no es mencionar musicales en sí, aunque por ahí se me ha escapado uno, me parece. Ahí van los momentos musicales que más recuerdo o con los que me quedo pegado al TV cada vez que los encuentro en el zapping.

1.- "School of Rock", por Jack Black, en School of Rock
No sé cuántas veces habré visto esta película, seguro unas 20 o más. Siempre me quedo pegado y no dejo de morir de risa o enternecerme e incluso emocionarme con este aprendizaje del personaje de Mr. S. y sus alumnos. Jack Black, además de ser un estupendo actor y comediante, lleva la música en el alma, y aquí lo demuestra no solo en el video ya puesto, que es la culminación de la escuela de rock que tan hábilmente forma, sino también en joyas, también de creación original junto a Mike White, como "Math song" , "Step off", o regalos como ese pedacito de Immigrant Song, de Led Zeppeling. Me carcajeo cada vez que las veo. Si pueden denle click a los links.

2.- "I Say a Little Prayer (for you)", por Rupert Everett, en La boda de mi mejor amigo
¿Quién no ha visto esta película? Las andanzas de Julia Roberts por quitarle el novio
a Cameron Diaz porque repara que su eterno amigo era el amor de su vida no tienen precio, pero en esta película también hay momentos musicales memorables, como el karaoke que le hacen cantar al personaje de Cameron, o, a pesar de no ser cantada, la música de fondo con The way you look tonight. Sin duda, la escena que más ha quedado en los oídos del público y de este servidor es la del genial y espontáneo Rupert Everett, el amigo gay de la tramposa Julia Roberts, cuando canta I Say a Little Prayer (for you) en plena mesa y es seguido por todos los comensales. Vale la pena recordarlo haciendo click.

3.- "Killing me softly with his song", por Hugh Grant y Nick Hoult, en About a Boy
Si no han visto esta escena, definitivamente denle click al link. El talento de Hugh Grant para hacer reir con solo hacer muecas es bien conocido y aquí no falla. La escena es el cierre el círculo de la historia de aprendizaje mutuo entre un adulto superficial y un pequeño raro, dándose el uno al otro lo mejor que tienen hasta este momento culminante en el que los dos se vuelven uno, cambiando su vida. La película, cabe decir, es también basada en una novela de
l gran Nick Hornby (autor de Alta Fidelidad, película muy relacionada a este blog), y a lo que les haya gustado la versión cinematográfica les recomiendo mucho el libro. Hugh Grant demuestra aquí un poco de su versatilidad, que también nos enseña en una película "bonita" pero olvidable, como Music & Lyrics, aunque con una simpática performance "al piano" de Grant.

4.- "Somebody Kill Me Please", por Adam Sandler, en The Wedding Singer
Creo que debería poner a Adam Sandler en la sección de placeres culposos. Me encantan sus películas, salvo una o dos, por más tontas que sean. Eso sí, The Wedding Singer es quizá la que no tiene peros por ningún lado, con una historia buena, graciosa y emotiva, un soundtrack espectacular, la presencia de Billy Idol al final, y algunos temas originales muy, muy divertidos, como este Somebody Kill Me Please, así como la canción del final, en el avión, I Wanna Grow Old With You.

5.- "Jonhy B. Goode", por Michel J. Fox, en Volver al Futuro
He visto las tres partes de esta saga treinta mil quinientas veces. Cada vez que la agarro en cable o que pongo mis DVD's porque estoy aburrido las veo hasta el final, las tres seguidas, sin ningún problema. Me han sacado de varios apur
os de depresión o estrés, para qué negarlo. Las aventuras de Marty McFly y el 'Doc' Emmett Brown y su D'Lorean volador han marcado mi niñez, juventud y adultez. Una de las partes que mas me alucinaban de chibolo y que no dejo de ver de grande, como hipnotizado, es cuando Marty se sube al escenario y entona Jonhy B. Goode en la fiesta de graduación, dejando atónitos a todos, un ritmo que para él, que venía del futuro, era viejo, pero que resultaba revolucionario para los demás. Me da gracia cuando el moreno de la banda llama a su primo "Chuck", por Chuck Berry, y le dice "escucha, es el ritmo que estabas buscando". Lo máximo.

[6.- "Do, Re, Mi", por Julie Andrews, en La Novicia Rebelde (The Sound o f Music)]
Sí, es un musical, ya sé, y también sé que no debería poner esta canción, y menos de número 6 en una lista de 5, porque además tampoco califica como Bonus Track, pero las 500 repeticiones de La Novicia Rebelde que he visto por el Canal 2, encandilado, lo confieso, aunque no es para nada culposo, eso sí, me impelen a mencionar el Do, Re, Mi de María y sus pequeños. La película, al ser un musical, obviamente tiene otras joyas, como Edelweiss, My Favorite Things o la canción del adiós de los chiquitos de la familia Von Trapp. Perdonen el lapsus, pero es algo sentimental.

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BONUS TRACK
"Something about Mary", por Jonathan Richman, en Loco por Mary
Hay poco que decir sobre esta película que ya no se haya dicho, así que me limito a colgar el video como Bonus Track, haciendo énfasis en los magníficos toques musicales que los hermanos Farrelly suelen darle a sus películas, como estos músicos que la hacían de narradores de las desgracias del pobre Ben Stiller.
Y LA QUE FALTABA
"Stuck in the Middle with you", por Michael Madsen, Reservoir Dogs
Genial Michael Madsen como Mr. Blonde en el clásico de Quentin Tarantino. Escena de tortura, cortada de oreja, todo con un baile espectacular al son de Dylan.

domingo, 21 de febrero de 2010

Cinco canciones para mi muerte

Primera lista y para hacer un link entre el homenaje a Alta fidelidad y este blog comencemos por una lista que se propone en el libro: las canciones que pondrías en tu funeral. Las que menciona el protagonista son One love, de Bob Marley, y Angel, de Aretha Franklin. A riesgo de que se rían de mí, aquí mis 5 elecciones en orden de preferencia (hagan click para ver-oír la versión en youtube):

1. In my life, The Beatles.
Una canción que me trae muchos recuerdos y que me pone la carne de gallina. Me gustaría que me recordaran así.(With lovers and friends I still can recall/ Some are dead and some are living/ In my life I've loved them all).





2. Algún lugar encontraré, Los Rodríguez.
De cuando Calamaro empezaba a dejar su huella personal en España. No puedo evitar querer que cuando muera me gustaría escuchar (simbólicamente, porque en la práctica seguro pondrían algo del cancionero de misa oficial de cada domingo) algo que realmente me produjera nostalgia y me apachurrara el corazón, si yo pudiera estar ahí para escucharlo, claro está. (Será que las cosas no vuelven al mismo lugar/ pero igual algún lugar encontraré/ pero igual igual no tengo a dónde ir).


3. Pictures of me, Elliot Smith.
Start, stop and start. Muerto en 2003 por dos puñaladas aparentemente autoinflingidas, Elliot Smith siempre luchó contra la drogadicción, el alcoholismo y sobre todo la depresión. You’ll the victim of your own dirty tricks.Todas sus canciones evocan ese sentimiento de melancolía que me gustaría escuchar en mi funeral. (So sick and tired of all these pictures of me / Completely wrong/ Totally wrong).

4. Perfect day, Lou Reed.
Drink sangria in the park, and then later, when it gets dark, we go home. No hay nada más que decir, más allá de que puede ser la más obvia de la lista, quizá junto con la de Beatles. (Just a perfect day/ You made me forget myself/ I thought I was someone else/ Someone good). NOTA:especial atención a la versión en vivo con Elvis Costello, no dejen de hacer click).

5. No soy de aquí, Facundo Cabral.
Casi un himno de un coplista de los de antes. ¿Algo cursi? Quizá, pero tenía que poner un aire de esperanza al final. Qué difícil resulta escoger cinco canciones melancólicas para alguien melancólico. ¿Por qué canciones tristes y no más alegres? Obvio: porque el muerto soy yo. (No soy de aquí ni soy de allá/no tengo edad ni porvenir/y ser feliz es mi color de identidad).

BONUS TRACK
Amanecerá y los últimos que quedaban se irán/y esta vez soy yo el que se queda en silencio y en soledad/no importa pues la noche no tiene principio ni tiene final, en rigor de verdad la fiesta ya terminó...
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Encore (si me obligaran a elegir 10)
Pictures of you, The Cure.
Cuando un amigo se va, Alberto Cortez.
Algo contigo, la versión que sea.
Los dinosaurios, Charly García.
The times they a-changin', Bob Dylan.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Listear, un juego de neuróticos. Un homenaje a Alta Fidelidad

¿Recuerdan la película Alta fidelidad? ¿Aquella en la que un hombre frustrado por sus relaciones, caracterizado por John Cusack, se dedica a preguntarse en qué falló y, entre otras cosas, a hacer delirantes listas top-five sobre sus diversas preferencias? Ah, también está el libro en el que se basa la película, un libro que devoré incluso antes de ver a Cusack y compañía y que me marcó de una manera en la que solo te pueden marcar los libros cuyas temáticas son universales y concretas a la vez. Obras maestras, vamos (les recomiendo el libro o la película o mejor aún ambos si es que no saben de qué diablos estoy hablando: favor acercarse a su librería, videotienda o hueco pirata favoritos).

El punto es que con High Fidelity, el libro pero también la película, que por cierto cuenta también con la magnífica participación de Jack Black, empecé, como un demente, a hacer mentalmente mis propias listas top-five, en un arranque altanero de tener la misma originalidad, capacidad irónica y sapiencia de los personajes tan bien construidos por ese inglés de delicioso humor que es Nick Hornby, el autor del libro de marras y de otras obras geniales como About a Boy y Fever Pitch.

Y digo sapiencia por decir algo, pues las listas que hacen el protagonista Rob Fleming y sus compañeros de historia (dos melómanos decadentes sin mucho futuro) no siempre demuestran un fino conocimiento musical (que linda con lo snob), una excelsa cultura cinematográfica pop o son dignas de la felicidad de Walking on sunshine o Here comes the sun. No. También son listas que reflejan hasta dónde puede caer el orgullo humano y, en ese sentido, son muchas veces el top-five del “desaprendizaje” emocional. Sus cinco peores momentos, sus cinco recuerdos favoritos de ella, a quien ya no tienen, sus cinco trabajos ideales, cuatro de los cuales son imposibles de realizar por cuestiones de espacio-tiempo (ej.: ser periodista de Rolling Stone entre 1976 y 1979 para poder entrevistar a los Sex Pistols). En fin, sus cinco rupturas amorosas más devastantes for ever and ever.

Freaking rankings
En mi caso, esa sapiencia o falta de ella a la hora de hacer listas me genera una sana envidia porque en muchos rubros, si es que se me ocurren los adecuados, sufro para llenar los espacios. ¿Dos momentos cumbres? ¿Acaso tres? ¿Los highlights de mi vida? De mis desastres, ¿cuántos califican para entrar en un top-five, incluso en un top-ten y por qué?



Mis primeros intentos –mentales, hay que recalcarlo- fueron simples. Hacer listas sobre mis libros favoritos, por ejemplo, lo cual no me resulta nada fácil, hay que decirlo. O mis cinco goles preferidos de los mundiales, o las mejores atajadas que recuerde. O mis autores favoritos, o cantantes, o canciones, o momentos históricos favoritos o comidas. Pero cuando intenté pasar a un nivel superior, más emocional, trascendental, digamos, a instantes, a sonrisas, a llantos, a insultos que quisiera olvidar, a borracheras que quisiera deshacer, a actos que jamás hubiera realizado, a las personas que más me han marcado, pues se puede decir que hacer “una lista de 5” resulta grande por momentos y por otros más bien chica, y que me quede sin mis cinco futbolistas aún en actividad más admirados si no resulta complicado hacer una lista de 5, ¡tan solo de 5!, a partir de sucesos que pueden superar tranquilamente la decena o la quincena.

Lo que pretendo, pues, siguiendo este libro que me marcó, y con el permiso de Hornby y de Stephen Frears, director de la versión fílmica, es hacer listas que jamás pensé que iba a hacer*. Vayamos a ello en el próximo post.

*Nota a pie: con el perdón también de los autores originales, el número de entradas en las listas podrá aumentar (o quién sabe decrecer) a medida que vaya elaborando las mías y, por qué no, podríamos, como diría Barry/Jack Black, personaje sublime, generar subcategorías dentro de una misma entrada o lista, según convenga.