Mostrando entradas con la etiqueta juegos de mesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juegos de mesa. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de enero de 2011

Aquellos juegos de mesa...

Hace tiempo que quería hacer este post, pues desde que tengo uso de razón los juegos de mesa, mucho antes que los de video, han estado presentes en mis horas de diversión, infantiles, primero, y adolescentes y adultas, después. No contaré aquí los juegos de cartas, que siempre me gustaron (como la canasta, el ocho loco, el telefunken, el póker), aunque ya no los juegue mucho, o al ajedrez, que no creo que califique como “juego de mesa”, y me limitaré a esos juegos que tienen una bonita caja que, de niño, te llena de ilusión abrir para descubrir –una y otra vez- sus contenidos: tarjetas, tableros, fichas, misteriosos relojes de arena, dados, reglas, libretas para apuntar puntajes, etc. De seguro uds. han jugado juegos de mesa que yo no, o que no he puesto aquí, así que sería genial recordarlos también a través de sus comentarios. Desde ya pongo el parche por algunas ausencias, que de por sí me gustan mucho: se quedaron por poco Scrabble, Clue, Monopolio (aunque nunca me gustó taaanto), Pictionary (que ya está de cierta forma incluido en el número 2 de la lista), Boggle, Escrúpulos y Batalla Naval. Aquí vamos.


1. Quesitos al ataque: Trivial Pursuit

Es mi juego favorito de lejos. Me encanta responder preguntas, elegir categorías, probar mis conocimientos o simplemente aprender, si es que no sé la respuesta. Llámenme nerd, pero sí, quizá por eso también sea fanático de los crucigramas, especialmente los geniogramas difíciles, lo mejor que tiene El Comercio de lejos. Recuerdo que mi primer Trivial lo tuve de muy chico, a los 9 o 10 años, y fue un regalo de mi madrina, que vive en EE.UU., y que siempre traía cosas desconocidas para mí en esas épocas, desde mis muñecos de los Thundercats o un aparetejo llamado GameBoy, hasta estos extraños juegos de mesa que, además, estaban en inglés. El primero que trajo fue un Trivial, y era una “Family Edition”, por lo que unas tarjetas tenían preguntas para adultos y otras para niños, aunque las de niños eran más difíciles por las gringadas imposibles de resolver aquí. Ese trivial lo perdí hace mucho y desde entonces he buscado sin cesar en las tiendas peruanas por un Trivial que no sea pirata, en español. Algunos amigos tienen una versión argentina antigua, que ya no se encuentra, y lo que más se acerca es el Trivial que venden en los mercados, pero que no es lo mismo. He visto por Internet, en inglés, unas ediciones que sería increíble jugar, como un trivial solo de Star Wars, o de Los Simpson, o de los Beatles. En fin, por mientras, si alguien sabe de un dato para conseguir un Trivial original en español, ¡avise!


2. El reto del cerebro: Cranium
El juego para todo el cerebro.

Lo jugué por primera vez cuando una amiga lo trajo de Estados Unidos. Luego, sacaron su versión Latinoamérica, que pude conseguir en Lima. Es un juego genial pues en un solo tablero reúne lo mejor de aquellos juegos que nos encantan: respondes preguntas como Trivial, dibujas como Pictionary, actúas como en las charadas, y hasta resuelves retos ortográficos y anagramas, para poner difícil la cuestión. De ahí el nombre: usas todas las partes de tu cerebro, desde las más lógicas, hasta las más artísticas. Divertido, variado, original dentro de su carácter de “juego que lo reúne todo”, pues no solo dibujas, sino también puede tocarte dibujar con los ojos cerrados o moldear plastilina, no solo actúas, sino también quizá debas interpretar o imitar, o tararear una canción que los otros deben adivinar. De mis favoritos, definitivamente.


3. El arte del engaño y el bluff: Malarky
Inventar las respuestas
puede ser muy divertido.

Este es otro juego que me trajo mi madrina de gringolandia. No he sabido de nadie que lo tenga, pero sí que cada vez que lo he jugado con alguien todo el mundo se divierte. Deberían sacar alguna versión en español o algo. El juego parte de una pregunta, que normalmente son cosas de la vida cotidiana que damos por sentadas pero que nunca nos preguntamos de dónde vienen o por qué. ¿Por qué los lápices son amarillos? ¿Por qué las galletas de soda tienen huequitos? ¿Por qué el cabello sigue creciendo después de la muerte? ¿Por qué se escogió el nombre 7Up para esa bebida? ¿Por qué los perros sacan su cabeza por las ventanas de los autos en movimiento? ¿Por qué no hierve la miel? ¿Por qué el mar es salado? Todos los jugadores reciben una tarjeta que supuestamente contiene la respuesta a la pregunta, pero solo uno la tiene, los demás tienen una tarjeta en blanco que les dice: es tu turno de mentir, de bluffear, de hacer que el resto te crea. Así que el objetivo del juego es ese: cada uno debe dar respuesta a por qué la miel no hierve y hacerlo de manera tan convincente que el resto de jugadores crea que es la verdadera. Al final, gana quien tiene más puntos por adivinar más respuestas correctas (detectando las falsas) y también por engañar mejor a los demás haciéndoles creer que su invención es realidad. Parecido a un juego casero que jugaban mis papás hace mucho llamado “Diccionario”, pues había que hacer lo mismo pero con palabras de significado desconocido.


4. A conquistar el mundo: Risk

El juego de la dominación global.
Uno de los primeros juegos de mesa que jugué fue Risk, una edición de lujo que me regaló una tía. Creo que recién ahí, de chiquito, aprendí los números romanos: I, V, X, que indicaban el número de tropas que uno tenía. El objetivo era lo más seductor que puede haber para el ser humano: conquistar el mundo. Poder. Gloria. Ser Napoleón o Julio César. Una especie de Civilization pero en dos dimensiones sobre una mesa y reducido al campo de batalla. Es claro que la suerte tiene que ver, pues al final los dados determinan los resultados, pero es un juego básicamente de estrategia. Debes saber cómo moverte, cómo posicionarte, cuándo atacar, cómo hacerlo, etc. Tengo un amigo que utiliza una táctica que nunca entendí de acumulación de tropas, que el llamaba “la catapulta”, que seguramente si lee este post intentará explicar. No juego Risk hace mucho, a ver quién se anima para una partidita pronto.


5. Jugando con las encuestas: Outburst

El público tiene la razón.
Se preguntarán ¿por qué no pone Pictionary o Monopolio? Son juegos que me gustan, claro, pero que creo que ya están incluidos en el Cranium (en el caso de Pictionary), o que tampoco me parecían lo máximo (como el Monopolio). Prefiero esos juegos raros, quizá porque marcaron mi niñez, como el Outburst. Otro juego gringo, que venía con un tarjetero con un plástico rojo para poder leer las respuestas de las tarjetas, escondidas tras juegos visuales (algo así como el 3D para mí, en esa época). Y además porque los temas eran divertidos. El juego se basa en una encuesta hecha a la gente de la calle, se registran sus respuestas sobre un tema en particular y esas son las que tienes que adivinar. Algo así como el tablero de 100% fanáticos. Los temas van desde “Películas de Al Pacino”, hasta “Personajes de Tres son Multitud”, “Watergate”, “New York”, “Segunda Guerra Mundial”, “Capitales que empiezan con C”, o “Cosas que encuentras en una librería”. Muy, muy divertido, y sobre todo variado.

---
Bonus Track
La trivia gastronómica: ¿Manyas?


Gastronomía peruana en bandeja.
Gracias a un regalo navideño, y no a la suerte con las tarjetas de crédito (que además no uso, no creo en ellas), ya he podido probar el juego patrocinado por Gastón Acurio y otros geniales chefs peruanos (Perú Gourmet). Es una especie de Trivial Pursuit, que en lugar de quesitos tiene banderas del Perú, y tu objetivo es llevarlas a los cinco continentes y, al final, hasta la Luna. En el tablero los colores son categorías, como en el trivial, pero aquí son más sabrosas: “Ricos y famosos”, “Miscelánea y Combinaos”, “Recetas e ingredientes”, “Restaurantes, huecos y huariques”, “Tragos y otros brebajes”, “Historia y geografía”. Y en verdad es un juego difícil. Más fácil resultaría responder sobre literatura o historia contemporánea, pero el ¿Manyas?, dentro de su dificultad, pues no todos sabemos qué es un “pocte” o que existe una cerveza de acho o el nombre de raíces, peces o condimentos amazónicos, busca difundir nuestro amplio bagaje culinario, así como ayudarnos a aprender (aunque quizá, para nuevas ediciones, sería bueno que las tarjetas de respuesta explicaran un poco más los nombres o comidas que no son tan conocidos). Las preguntas van desde qué lleva un triple común, hasta los ingredientes del King Kong, con qué vino se prepara un sudado de gamitana, qué tipo de plato es la Puca Picante, quién es el barman de Ayahuasca o el chef principal de La Mar, en dónde comemos el mejor ceviche de ostras, si la mazamorra es un plato precolonial, o en qué restaurante de Arequipa se disfruta una ocopa hecha con batán. Cinco estrellas para Gastón y compañía (y el BBVA, claro).