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jueves, 15 de diciembre de 2011

Pequeño tour por mis libros de 2011

Al igual que el año pasado, comparto con ustedes una lista personalísima sobre los mejores libros que leí este 2011, o que más me gustaron, mejor dicho. Estas fechas se prestan para hacer rankings y listas –ya se viene la de los hechos que marcaron 2011-, y este post, como el que hice en 2010, no pretende hablar de “lo mejor del año”, sino de “lo mejor de MI año”. Es decir, libros que simplemente leí (y en algunas ocasiones descubrí) durante los últimos 12 meses y que quisiera compartir por aquí, y, de paso, aprovechar para recomendarlos si es que algún lector del blog no los ha podido disfrutar aún. Al sentarme a escribir sobre esto me di cuenta que este 2011 he leído muchísimo menos que en 2010, lo que me motiva a mejorar el ritmo en 2012. El año pasado destaqué entre mis lecturas “Armas, gérmenes y acero”, de Jared Diamond; “El planeta de Mr. Sammler”, de Saul Bellow; “Bartleby y compañía”, de Vila-Matas; “La soledad de los números primos”, de Paolo Giordano; y los artículos de Malcolm Gladwell en “Lo que vio el perro”. Este año es igual de “variadito”. Pudieron estar en la lista “Soy leyenda”, de Matheson, que releí después de un par de años y sigue resultándome igual de genial que la primera vez; “Carrie”, de Stephen King, bastante buena; “Al este de la frontera, al oeste del sol” y “Sputnik, mi amor”, ambas novelas de Murakami, siempre en su estilo, en estos dos libros con narraciones más urbanas, con personajes intrigantes y bizarros pero a la vez muy humanos, y con altas dosis de erotismo que, juntos, hacen un coctel literario bastante estimulante y adictivo. Y quiero destacar el libro de mi amiga Katya Adaui, “Algo se nos ha escapado”, con textos que denotan ingenio, desde cuentos largos hasta aforismos, donde la vida, la muerte y la familia caen bajo la lupa de una observadora –no exagero- experta. Lo recomiendo. Ahora sí, a la lista. Estos son los cinco libros que más me engancharon durante este año que se va:

1. Qué es el qué (2006) – Dave Eggers
Conmovedora novela de uno de los autores que más han llamado la atención de la última literatura norteamericana (en 2005 fue elegido por Time como uno de los 100 estadounidenses más influyentes). Fue un regalo por mi cumpleaños el último enero, había oído hablar de Eggers pero no de “Qué es el qué”. Un gran descubrimiento. El libro narra la historia de una persona real: Valentino Achak Deng, uno de los niños perdidos de la guerra civil de Sudán. Aunque no es estrictamente real, pues es una novela, el mundo que ha conocido el verdadero Valentino “no es tan distinto del que aparece reflejado en estas páginas”, tal como reconoce el protagonista en el prólogo. “Vivimos en un momento en que los momentos más terribles de este libro podrían ocurrir, y en muchas casos ocurrieron”. Y vaya que son momentos terribles. Con una prosa transparente a pesar de la complejidad del tema que aborda, el autor va llevándote de la guerra del Sudán, cuyas masacres y pérdidas son de altísimo calibre, a la vida que algunos de los niños perdidos de este conflicto llevaron años después en su situación de refugiados en Estados Unidos, con más dificultades que alegría, dicho sea de paso. Es una historia de pérdidas, de viajes, de luchas, de cientos de kilómetros recorridos en el desierto sin vislumbrar un destino, de sueños y frustraciones. Pero sobre todo es la historia de cómo los niños –y sus versiones adultas- siguen teniendo esa asombrosa capacidad para absorber los golpes y seguir adelante con esperanza y con nobleza, un poco como el niño de la gran novela “Sin destino”, del Nobel Imre Kertész. Luego de leer “Qué es el qué”, cuyo título alude a un mito dinka sobre la capacidad de elección del hombre y de la virtud de saber reconocer lo que se tiene sobre lo desconocido, es imposible no estar conectado con nuestras fibras más íntimas, pensar en lo que se tiene y en lo que no, y, por qué no, aunque suene cursi, en lo importante que es para el ser humano tener un hogar. Lectura altamente recomendable.

2. Fiasco (1987) – Stanislaw Lem
Lem era una deuda pendiente para mí hacía mucho tiempo. Se le conoce sobre todo por su obra “Solaris”, que fue llevada al cine por Tarkovsky en 1972, y cuyo remake en 2002 tuvo como protagonista a George Clooney. La ciencia ficción es uno de mis géneros favoritos: ahí están Asimov, Bradbury, Arthur C. Clarke, Philip K. Dick… pero me faltaba Lem, quizá uno de los verdaderos gigantes. Sus primeras obras no se han traducido del polaco al español aún, y conseguir las que sí en Lima no es tarea fácil. Es así que un día vi “Fiasco” en los estantes de una librería limeña y no lo dudé. Se dice de esta novela, la penúltima de Lem, que es su libro más maduro. En ella se concentran sus principales preocupaciones literarias (y científicas, pues tiene, al igual que Asimov, una vasta obra de no ficción): la dimensión moral y filosófica del hombre, la inteligencia artificial y, sobre todo, el contacto con inteligencias extraterrestres. En esta novela, que tiene mucho de religión, de física, de metafísica, de psicología, de medicina, de ironía, y hasta de sátira, podemos ver la reacción del hombre ante el fracaso, a pesar de los adelantos tecnológicos y súper computadoras que tiene a su disposición. Vemos a un hombre finalmente limitado, frágil, indeciso, que no tiene control sobre sus planes y que termina por cumplir su destino autodestructivo, tal y como señala la historia pendular de las civilizaciones. Es un libro intrigante, que hace reflexionar por sus aristas humanas, que atrapa por su argumento y que impresiona por su virtuosismo científico (Lem se destacaba por esto, tan es así que Philip K. Dick, en un arrebato claro de locura, alegaba en su país que era imposible que un solo escritor pudiera dominar simultáneamente tantos campos del saber y que eso significaba sin duda que era un complot comunista). Un libro que, finalmente, nos hace pensar realmente qué pasaría si tuviéramos las capacidades tecnológicas de emprender una misión para hacer contacto con un planeta similar a la Tierra: ¿cómo nos recibiría esa civilización teóricamente inferior? ¿Podríamos contactarla? ¿A qué precio, para ellos y para nosotros? ¿Cuál es nuestra responsabilidad frente a las capacidades tecnológicas que vamos adquiriendo, sobre el poder? ¿Sirve todo eso para algo? Apta solo para fanáticos de la ciencia ficción, eso sí.

3. A Game of Thrones (1996) – George R.R. Martin
Este año uno de mis descubrimientos más felices fue la espectacular serie de HBO “Game of Thrones”, cuya segunda temporada espero con ansias para 2012. Al terminar de ver los episodios de su exitosa primera temporada, fui corriendo a la librería a conseguir el libro en el que se basaba esta historia de juegos por el poder en un mundo con siete reinos que ni sabía que existía. El libro era “A song of ice and fire”, de George R.R. Martin, compuesto por varios volúmenes de los cuales “A Game of Thrones” era el primero. Ochocientas páginas en inglés (ya se pude conseguir la versión en español) que no decepcionan y que demuestran, además, lo bien adaptada que está la serie de HBO. Por supuesto que la experiencia de leer el libro es incluso más gratificante que ver esa maravilla que vivimos en la pantalla. No es un bestseller, como podría pensarse, ni simplemente un escritor de historias fantásticas y tierras desconocidas: leer a Martin realmente es un placer. Por la historia, claro que sí, pero también por su exquisito uso del lenguaje, su gran capacidad de descripción, tanto concreta como psicológica, y por la construcción de personajes inolvidables que van de lo entrañable a lo despreciable: unos ingenuos, otros malvados, algunos deliciosamente mordaces e inteligentes. Mi personaje favorito es, sin duda, Tyron Lannister, el enano, personaje que le valió un Emmy a su intérprete, el actor británico Peter Dinklage, a quien ya habíamos gozado en “Muerte en un funeral”, de Frank Oz. Pero no se quedan atrás los Stark (donde destacan la niña Arya y el patriarca Ned), familia que custodia el helado norte donde un gran muro protege a los siete reinos de los míticos “Otros”, pues en la tierra de “A Game of Thrones” lo sobrenatural y fantástico es precisamente eso: sobrenatural y fantástico, incluso los legendarios dragones que, se dice, volaban por los cielos hasta hace algunos siglos y cuyos cráneos aún pueden observarse en la capital, a diferencia de sagas como la de Tolkien donde un orco es visto como algo normal. En este apasionante libro veremos intrigas por el poder, el contraste entre civilizaciones y maneras de pensar, mitos que se entrecruzan con realidades, historias de un pasado que chocan con las perspectivas de uno o varios futuros, lealtades y traiciones, el espíritu defendido o corrompido de una familia, de un reino, de un escudo, de uno o varios dioses, de un juramento. Al leer-ver “A Game of Thrones”, te provoca estar en medio del bosque helado del norte conversando con Tyron Lannister, acariciando el lomo de tu lobo, sabiendo que la deshonra sabe mejor con un poco de vino en la panza. Sí, también me gusta el personaje de Jon Snow. Una historia y un libro simplemente adictivos.

4. Todo arrasado, todo quemado (2009) – Wells Tower
Esta fue la recomendación de una amiga. Y no pudo ser más acertada. Los relatos que componen “Todo arrasado, todo quemado”, del canadiense Wells Tower, varias veces premiado y publicado en prácticamente todas las revistas importantes de Estados Unidos, crean, como ha escrito Publisher’s Weekly, “una maravillosa tensión entre el sarcarsmo y una rabia primigenia que bulle por debajo de todos los personajes”. Wells Tower, en este impresionante libro debut, es violento, compasivo, gracioso y, sobre todo, emocionante. Relatos como “El ojo tras la puerta”, donde un anciano indaga sobre su misteriosa vecina, de la que sospecha es prostituta, o “Leopardo”, donde un hijo llega a sentir tal odio por su padrastro y sus maltratos que no se le ocurre una mala idea que el leopardo que ronda por su casa se lo arrebate sin más, sin contar tirarse en medio de la carretera para demostrar que él lo ha hecho trabajar enfermo, relatos como esos donde el odio resuma y hierve junto al fracaso, a los sueños truncos, a la depresión. Ha dicho el New York Times de este libro que es el ejemplo más claro de los últimos tiempos de cómo un buen libro de relatos puede “superar a la novela en su capacidad para iluminar las texturas de la vida diaria y las posibilidades del lenguaje”. Otro gran descubrimiento que he tenido este año gracias a mis amigos y sus recomendaciones o regalos. Muchas gracias y, como ellos, lo recomiendo mucho.

5. El mapa y el territorio (2011) – Michel Houellebecq
Este sí que no fue sorpresa. Houellebecq es un escritor que me gusta mucho desde que leí Ampliación del campo de batalla hace muchos años, llamada “El extranjero” de nuestros tiempos. Luego siguió la maravillosa y polémica “Las partículas elementales” e incluso la desopilante y marciana “La posibilidad de una isla”. Sacó unos cuantos libros después de eso, pero no los conseguí, y ahora llega, nada menos que con el Premio Goncourt bajo el brazo, este “El mapa y el territorio”, donde volvemos a ver esa desazón urbana, pero acompañada del resurgimiento de lo rural, con esa crítica al individuo que veíamos en “Ampliación…”, pero en una novela mucho más ambiciosa, que busca abarcar no solo al hombre como tal sino a toda la sociedad (en este caso la francesa en especial) que lo rodea y lo hace andar (y desandar), destilando un pesimismo que surge del tuétano. El protagonista es un artista, Jed Martin, que hace una carrera mercantilista, retratando con cámaras y pinturas millares de objetos, mapas, oficios y personas de nuestro tiempo, para terminar filmando la naturaleza, en una suerte de contemplación hermética y personal, donde el propio Houellebecq termina como personaje dentro de la narración, aportando la cuota reflexiva que podría esperarse de él en la vida real, sobre todo su interpretación de la vida y la muerte, esta última acaso el gran tema de la novela, más allá del mercantilismo del arte francés, el traslado hacia lo rural, un mundo que sigue siendo el bastión donde se encuentran los valores de un país que aún puede salvarse desde sus orígenes. Y la crítica es feroz, también, con frases del tipo "El mapa es más importante queel territorio". Si hay algo que no se le puede negar al polémico Houellebecq, esta vez más medido que en anteriores oportunidades, es su gran inteligencia, sustentada quizá en su conocida misantropía. Al final, ese pesimismo, para que negarlo, termina saltando de las páginas a la mente de quien lo lee. Un riesgo, pero un gran mérito de esta novela que ya está en la lista de las ganadoras de un premio mítico.

(UPDATE: Aquí la reseña que publiqué en la revista Buensalvaje N°2 sobre "El mapa y el territorio")

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Bonus Track
El hombre ilustrado (1951), Ray Bradbury Seguimos con algo más de ciencia ficción. Bradbury ya me había conquistado con su hermosa y poética “Crónicas marcianas”. Luego siguió el clásico “Fahrenheit 451”, una defensa a ultranza de la lectura y la libertad. Tenía, pues, otra deuda: su híper famoso conjunto de relatos “El hombre ilustrado”, donde la historia de un hombre lleno de “tatuajes” en su cuerpo es el hilo conductor para los cuentos del libro, cada uno de ellos una imagen “tatuada” en este hombre, que cobra vida ante los ojos de quien lo ve. Así, vemos astronautas flotando en el espacio, niños que llevan la realidad virtual hasta los límites, invasiones extraterrestres, robots marionetas idénticos a sus creadores o un conjunto de escritores famosos que viven escondidos en Marte porque sus libros han sido quemados en la Tierra. Y por supuesto ese enorme relato, “El otro pie”, revolucionario al 100%, donde los negros llegan a Marte antes que nadie, echan raíces ahí y se pasan años esperando la llegada de los colonos blancos (cuento que nadie quiso publicar por su marcada crítica al racismo: “Comprendí que los blancos están ahora tan solos como lo estuvimos nosotros. No tienen caso y nosotros tampoco la teníamos. Somos iguales Podemos empezar otra vez. Somos iguales”). El prólogo de este enorme escritor, que hoy cuenta con más de 90 años (si lo oyes hablar se te cae la baba con lo mucho que ama la literatura: en You Tube hay maravillas), es una pieza de arte en sí mismo. En él, Bradbury nos dice que la pregunta “¿Qué pasaría si” es el motor de sus cuentos. La gran imaginación de don Ray es lo que le hizo preguntar qué pasaría si hubiera un astronauta flotando en el espacio… Si existiera una realidad virtual… Etcétera, etcétera, etcétera. Lo más emocionante del libro, repito, es el prólogo, donde, imitando a un mesero que conoció alguna vez, dice sustituyendo baile por escritura: “por eso escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana. Para no estar muerto”.

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Como sugerencia de mi amigo el Negro Cruz –tu regalo de cumpleaños, me dijo él-, me propongo hacer aquí la lista de los 5 libros que me hubiera gustado escribir. Difícil tarea la que me ha puesto el Negrito, hasta ya empiezo a dudar si es un regalo o un castigo tener que elegir 5, solo 5 más su Bonus Track, de entre los libros que hubiera dado cualquier cosa por poder ser su autor. Ojo, no tienen que ser nuestros libros favoritos, sino aquellos que, por temática o feeling, nos hubiera gustado escribir, o que los escribieron otros por puesta de mano y talento y décadas de separación e infinitas diferencias entre los genios que los escribieron y nosotros, viles mortales aficionados a la escritura y a la lectura. He tratado de tomar este criterio para mi elección, y bien han podido entrar en la lista Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking; Robinson Crusoe, de Defoe; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago; Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter Thompson; Las horas, de Michael Cunningham; Habitación en Roma, de Eielson; la obvia Alta fidelidad, de Hornby; Foe, de Coetzee; La carretera, de McCarthy; Soy leyenda, de Matheson, Bartleby y compañía, de Vila-Matas, Muerte en Venecia, de Mann; la saga de Asimov o las crónicas de David Foster Wallace, incluso Las benévolas, de Jonatan Littell, cuyo autor ha dicho que luego de ese libro no volverá ni podrá volver a escribir jamás. Son tantos otros libros que no solo me gustan, sino que me hubiera gustado escribir, que esta podría ser una lista mucho más larga, sin contar aquellos libros que nos fascinan pero que lo último que quisiéramos es pasar por el trance de escribirlos, en mi caso, por poner un ejemplo, cito dos: A sangre fría, de Capote, y La pianista, de Jelinek. Pero puestos a elegir, mis seis preferidos, más bonus tracks (¡no pude escoger solo 5!) serían los siguientes:



1. La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce

Martín Romaña y sus
crisis y su sillón Voltaire.
Tan solo el título me hubiera gustado escribirlo. Resume todo lo que me hubiera gustado poner en una novela. Y vaya qué novela. Divertida, romántica, emotiva, neurótica, entrañable. Ya lo ha dicho hasta Joaquín Sabina, años antes de conocer a Bryce, “si hubiera escrito una novela sería La vida exagerada…”. Una novela que he leído dos o tres veces, ya no recuerdo bien, que me introdujo en el mundo de la lectura más que ningún otro libro de esa época iniciática, acaso salvo por los libros de Julio Verne. Martín Romaña fue y será mi héroe, un anhelado alter ego, que no es mío, pero es, pues, porque somos los lectores los que nos apropiamos de lo que leemos.


2. Herzog, de Saúl Bellow

Escribir cartas mentales,
como Herzog.
Más de una vez he mostrado en este blog mi absoluta admiración por Bellow. Pero es Herzog su novela con la que más me he sentido identificado, aquella que me hubiera encantado escribir, esa que mientras leía pensaba esto lo siento yo, esto lo pienso yo, esto lo hubiera escrito yo. Para empezar, Herzog era un maniático que se pasa la vida escribiendo cartas mentales que nunca enviará, y eso es algo que yo siempre hice desde adolescente, antes de saber siquiera la existencia del personaje de Bellow. ¡Cuántas veces he redactado en mi cabeza cartas de amor que jamás envíe! ¡Reclamos contra compañeros de clase, maestros o empresas telefónicas, o alabanzas o consejos u opiniones a gente de la tele o amigos o mis propios padres, sabiendo que nunca leerían mis más sinceras percepciones, muy correcta y educadamente “escritas”, además! Pues Herzog me hizo ver que no era el único, o que Bellow me había robado 15 años antes de que naciera una magnífico rasgo para un personaje, en una historia que además es una mezcla de neurosis con romanticismo, de desamor y pérdida con razón y apertura. Gran novela y, sobre todo, una que me hubiera encantado escribir.


3. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa

Técnica admirada.
Creo que de Mario Varga Llosa hay más, mucho más de una novela que me hubiera gustado escribir. Pero puestos a elegir, y haciendo la salvedad de que no he leído La guerra del fin del mundo, Conversación en La Catedral, con su riqueza técnica, sus múltiples voces y tiempos, con su Zavalita y el Perú jodido y el periodismo y la cochinada y demás, no solo me dejó perplejo, asombrado, lleno de admiración y de sueños por cumplir y querer vivir, sino que se convirtió en aquella novela que solo un Dios puede escribir. Aunque luego leí La casa verde, que es igual o más técnica que la propia “Conversación…”, esta se mantiene como mi favorita, al menos en el rubro de “Yo quiero ser el que escribió eso”. Leer en una librería: “Conversación en La Catedral, por Armando Bustamante”. Jaja. ¡Todos tenemos derecho a soñar!


4. Moby Dick, de Herman Melville

El mar, el barco, la ballena
y las pulsiones humanas.
A pesar de que no fue valorada cuando fue publicada, la obra maestra de Melville es de aquellos libros que creo que cualquiera hubiera querido escribir. Empezando por la aventura. Al menos en mi caso, siempre me han encantado las historias de barcos, piratas, islas misteriosas, marinos o marineros, y en este caso, balleneros, buscando a la gran ballena blanca, comandados por un loco capitán cojo. Fuera de la historia aparente, los códigos, capas, significados que uno encuentra en la novela, todo ellos hace de Moby Dick una novela fascinante, con uno de los principios más hermosamente escritos que yo recuerde, especialmente la primera página, no solo por el famoso “Pueden ustedes llamarme Ismael”, sino por lo que viene después, como el “con poco o ningún dinero en mi billetera y nada en particular que me interesara en tierra, pensé darme al mar y ver la parte líquida del mundo”, o “cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme al mar lo antes posible. Esos viajes son, para mí, el sucedáneo de la pistola y la bala”.


5. Historia del mundo en diez capítulos y medio, Julian Barnes

Original en su estructura,
placentero para leer.
Uno de los libros más hermosos que he leído nunca. Lo recomendaría, como dicen los gringos, “todos los días de la semana y dos veces el domingo”. El medio capítulo, dedicado al amor, es un texto que cualquiera que esté o haya estado enamorado quisiera haber escrito. Un libro que comienza con el arca de Noé, contado desde la perspectiva de lo que vendría a ser una termita, hasta el propio Paraíso, pasando por naufragios (me encantan las historias de naufragios), incluyendo la historia de La Medusa, que inspira el cuadro de Géricault, uno de mis favoritos y que tuve la fortuna de poder ver en vivo. Como digo, quizá los libros de esta lista no son los mejores, no son de Premios Nobel, pero son aquellos que hubiera dado algo más que un milloncito por haber sido su genial autor. Dentro de la obra de Barnes, también me hubiera encantado escribir El loro de Flaubert, sencillamente genial.


6. Crónicas marcianas, Ray Bradbury

Descripciones poéticas,
ciencia ficción que explora
nuestra humanidad.
Me encanta la ciencia ficción, sobre todo lo que tenga que ver con el espacio. Sin embargo, la razón por la que este libro es una joya que me gustaría haber escrito es por la poesía detrás de su prosa, por el mensaje detrás de las historias que están detrás de Marte, de la Tierra, de las visitas humanas al planeta rojo, de los marcianos y su particular visión, de las expediciones misteriosas. Es como ver una pintura y no dejar de verla nunca. Mirar al cielo y detenerse ahí, entre matices infinitos de colores. En este caso, coincide uno de mis libros favoritos de siempre con uno que quisiera haber escrito. Ahora último, estoy leyendo otro de los clásicos de Bradbury, El hombre ilustrado, un libro con una serie de relatos que conmueven por los sentidos y por el contenido. Si uno escucha a Bradbury, que a sus 90 años sigue teniendo la misma pasión que cuando empezó, no puede evitar enamorarse de la literatura y de escribir. Como dice en el prólogo moderno de El hombre ilustrado, “escribo, escribo y escribo, a las 2am, para no estar muerto”.

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Bonus Tracks

Fallaci y Ribeyro
El trabajo de una vida,
al entrevistar formó parte de la historia

Más allá de las obras maestras o quizá no tan maestras que acabo de mencionar, hay dos libros que hubiera dado cualquier cosa por escribir. Uno, Entrevista con la historia, de la periodista y escritora Oriana Fallaci, cuya vida siempre estuvo marcada por la polémica, pero que se dio maña, en tiempos previos al Internet y a la hiperglobalización, para entrevistar, agudamente además, a prácticamente todos los líderes y personajes importantes del mundo, en épocas particularmente álgidas, entre ellos el Emperador de Etiopía, Kissinger, Willy Brandt, Yasser Arafat, etc., etc. El otro libro es Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro, uno de los libros más sabios y sinceros que he leído jamás. Tan cercano, pero a la vez tan admirable por la profundidad que logra. Te hace creer que tú podrías haber escrito eso, pero es obvio que está hecho con un vuelo por encima de cualquiera de nosotros.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pequeño tour por mis libros de 2010

Estas fechas se prestan para hacer rankings y listas de lo mejor que pasó durante el año. Aquí ya hemos hecho una entrega sobre los hechos que marcaron 2010, pero en este post no quiero hacer listas sobre “los mejor del año”, porque de eso ya se encargan los medios y otras páginas web, y de sobra. Quiero más bien profundizar en el cariz personal de estas listas y comentarles mis lecturas predilectas de este año, sin ser necesariamente libros aparecidos en 2010. Son libros que simplemente leí durante los últimos 12 meses y que quisiera compartir con ustedes, incluso –me encantaría pensarlo así- como una recomendación, para aquellos que no los hayan leído aún o estén buscando algo como lo que voy a reseñar a continuación. Ha sido difícil escoger 5 libros para destacar y recomendar. Podría mencionar ese gran descubrimiento que fue para mí leer Alta fidelidad, de Hornby, que me animó incluso a hacer este blog. O El sueño del Celta, del Nobel Vargas Llosa, un libro fantástico. O los maravillosos cuentos de Asimov en Visiones de Robot, que incluyen El hombre bicentenario. También Diez negritos, de Agatha Christie, que en cuatro horas de lectura febril me hizo ver por fin por qué tanta gente me habla de esa historia. Retomé un clásico como El mono desnudo, de Morris, disfruté de Ubik, del genial P. K. Dick, y en estos días estoy reencontrándome con un viejo amor, con Los desnudos y los muertos de mi querido Mailer. Pero si he de elegir mis 5 lecturas favoritas de 2010, estas son (si han leído algo que los ha emocionado o llenado de una manera particular, no duden: ¡compártanlo!).


1. Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond (1998)

Divulgación científica de primera.
Puede decirse que este libro ganador del premio Pulitzer es una especie de Biblia científica. En su solapa lo venden como “una breve historia de la humanidad de los últimos 13.000 años”, pero yo creo que es más que eso. Su autor, fisiólogo evolucionista y biogeógrafo, busca responder a lo largo de 500 páginas una pregunta que le hizo una vez un político de Nueva Guinea: “¿Por qué ustedes, los blancos, desarrollaron tanto y lo trajeron todo a Nueva Guinea, pero nosotros, los negros, teníamos tan poco ‘cargamento’ propio?”. Esta pregunta se puede extender aún más: ¿por qué fueron los españoles quienes conquistaron el Imperio incaico y no fue Atahualpa quien encerró en un cuarto al rey de España? Diamond, desde múltiples enfoques científicos, que van desde la lingüística, la arqueología, la geografía hasta la virología, alejándose de cualquier tipo de teoría racista o de diferencias biológicas entre los pobladores de los 5 continentes, examina uno por uno, desde la aparición del ser humano como lo conocemos hasta nuestros días, para intentar explicar por qué algunas zonas se desarrollaron más que otras, por qué la cultura se propagó con mayor rapidez en algunos lugares mientras que en otros no llegó jamás o, incluso, retrocedió. Los factores clave de su respuesta son, como dice el título, las armas, los gérmenes y el acero, sustentados en la geografía inicial que encontraron los humanos, la capacidad de domesticar animales y plantas, y, por ende, de establecerse, crecer, tener especialistas en tecnología y lenguas, lo que llevó al comercio, a un orden político-económico y a la propagación cultural. Evidentemente, no puedo transmitir las teorías (y casi comprobaciones) de Diamond en un párrafo, por lo que recomiendo con entusiasmo este maravilloso libro de divulgación científica.

2. Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas (2000)

La literatura del No.
Siempre he sido admirador de Vila-Matas, leyendo sus artículos, quedando fascinado con los temas de sus novelas, pero he de reconocer que, a pesar de haber incluso obsequiado libros suyos, recién durante 2009 pude leer los cuentos de Suicidios ejemplares y la genial El mal de Montano. Así que este año decidí pagar una vieja deuda y sumergirme en el mundo de Bartleby y compañía, que precede en esa línea metaliteraria al propio Montano, en la historia de un escritor que se obsesiona con la no-escritura, que tiene en el personaje de Melville, Bartleby, a su mejor representante. Y así uno va viajando por una serie de notas a pie de página de un libro invisible, aunque no por eso inexistente. Notas a pie llenas de “preferiría no hacerlo”, que versan sobre diversos “autores del No”, desde Walser hasta Salinger, pasando por Rulfo, y también de aquellos que muestran, ya sea en su literatura o en su ideología, esa pulsión creadora que a veces pasa por la mudez o el silencio, como el propio Melville, quien, en carta a Hawthorne, escribe: “Es maravilloso el no porque es un centro vacío, pero siempre fructífero. A un espíritu que dice no con truenos y relámpagos, el mismo diablo no puede forzarle a que diga . Porque todos los hombres que dicen sí, mienten”. Hermoso libro, lleno de guiños literarios y teorías, en donde solo del No puede surgir la verdadera literatura. Una delicia para leer.

3. Lo que vio el perro, de Malcolm Gladwell (2010)

Antología de Gladwell y sus teorías.
Ya el año pasado había leído un libro de este periodista que se ha hecho más que famoso con sus artículos y reportajes en The New Yorker: Blink, o de cómo, según nuestra experiencia, sabemos las cosas en tan solo dos segundos. Historias recopiladas por Gladwell donde desarrolla la teoría de que pensar espontáneamente, basados en el instinto y en la experiencia, es más provechoso que tomar decisiones meditadas, muchas veces distorsionadas por prejuicios o demasiada información. El también autor de The tipping point y de Outliers: historia del éxito (o de por qué unos tienen éxito y otros no), sacó este año lo mejorcito de sus reportajes del New Yorker en una antología de lujo, donde Gladwell señala: “El truco para encontrar ideas consiste en convencerse de que cualquier persona o cosa tiene una historia que contar. Ese es el desafío, más bien, porque resulta muy difícil”. Y Gladwell lo consigue pues sabe “mirar con ojos ajenos”. Sus historias, reales todas, llenas de datos y estudios, van desde el secreto del "Encantador de Perros" hasta por qué existe solo un tipo de ketchup y muchas decenas de mostaza; desde por qué asociamos genialidad con precocidad hasta a quién elegimos cuando no sabemos a quién elegir. Gladwell es de esos bestsellers que vale la pena leer.


4. El Planeta de Mr. Sammler, de Saul Bellow (1969)

Bellow, de mis favoritos.
Ya lo he dicho aquí: Saul Bellow es de mis escritores favoritos, ganador del Nobel, además. Me quedé maravillado con Herzog, al punto que me dio una pena enorme terminar ese libro de infinitas páginas. Luego siguió El legado de Humboldt, con similar resultado. Este año le hinqué el diente a otra de sus obras maestras y salí igual de feliz. Ganadora del National Book Award de 1970, El planeta de Mr. Sammler es, como otras obras de Bellow, una meditación sobre la civilización occidental, especialmente la norteamericana, y los cambios que van aconteciendo en ella, reflexionando en especial sobre su futuro. Hay nostalgia por el pasado, sorpresa por el desenfreno del presente e interrogantes sobre lo que vendrá, en una historia que bien puede tocar las mismas fibras en 1969 que en 2009. Ya lo han dicho algunos críticos: “la obra de Bellow es a la vez eterna y despiadadamente contemporánea”. Despiadado y contemporáneo, sí. Baste un botón: “El individualismo no tiene interés si no sirve para extender la verdad (…) que la mayor parte de las formas de existencia personal parecen estar desacreditadas y que existe un peculiar anhelo de no ser”.

5. La soledad de los números primos, de Paolo Giordano (2008)

Ópera prima sobre la soledad.
Su autor no llega a los 30 años (tenía 26 cuando publicó este libro). Es licenciado en Física Teórica y esta, su primera novela, ha cautivado con premios y ventas astronómicas. Un libro construido casi matemáticamente, pero invadido por una sola protagonista: la soledad. Giordano lleva el ánimo de los números primos gemelos, esos que están separados apenas por un número par, como queriendo tocarse a través del infinito sin poder hacerlo jamás, a dos vidas, las de Alice y Mattia, que arrastran desde la niñez el dolor y la soledad, que pudiendo complementarse, pues son de alguna manera iguales, sufren un distanciamiento infranqueable, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43, digamos. No exageran los reseñistas al decir que este es un libro perfecto, digno de un narrador experto. Los rasgos psicológicos son protagonistas en la narración, sólida como una roca, como la soledad que lo envuelve todo. Un libro triste, aunque sutil, pero que, al menos en mi caso, me reveló unas ganas de poder hacer que el número 18 desaparezca del mapa y que el 17 y el 19 puedan, por fin, ser correlativos, por decirlo de alguna manera. Más allá de determinismos casi matemáticos, la felicidad está en nuestras manos, aunque la protagonista reflexione: “luchar contra ciertas partes de nuestro ser es imposible”. Para eso está la lectura, creo, para cambiar, o para tener ganas de hacerlo.

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Bonus Track
Auster, siempre Auster

Génesis austeriana.
Todos los años intento leer al menos un libro de Paul Auster, no solo porque me encanta, sino porque tiene miles. El año pasado fueron Experimentos con la verdad y Mr. Vértigo. Este año le tocó a uno de sus primeros libros: La invención de la soledad (1982). Aquí empieza a construirse eso que conocemos como “obra austeriana”, luego de que muriera el padre de Auster y este empezara a escribir su “Retrato de un hombre invisible” y luego el “Libro de la memoria”, en una búsqueda que engarza memoria y escritura, teniendo como telón de fondo la paternidad y la muerte. Un libro doliente, donde el autor se pregunta “¿En qué momento una casa deja de ser una casa? ¿Cuando se cae el techo?, ¿cuando le quitan las ventanas?, ¿cuando las paredes se desmoronan?, ¿cuando se convierte en un montón de escombros?” para luego, como respondiendo de alguna manera, señalar: “Incluso cuando consigo avanzar un poco, no estoy muy seguro de hacerlo en el rumbo correcto. El hecho de que uno vague por el desierto no quiere decir que necesariamente haya una tierra prometida”. Un libro de autodescubrimiento, pilar de mucho de lo que después escribiría Auster, que nos permite descubrirnos un poco a nosotros mismos en el trayecto, juntos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Los 10 de 2010

A riesgo de olvidarme de algún evento imperdonable de ser dejado de lado, que seguramente sucederá, y quizá en más de una ocasión, me permito hacer un pequeño recuento de algunos de los eventos que marcaron este año 2010 que está a punto de dejarnos, en el Perú y el mundo. Algunas cosas no pueden ser consideradas como “eventos que marcaron el año”, y no estarán mencionadas, pero no por ello son menos importantes, como leyes que se dictaron y sentaron precedentes, o declaraciones de personajes o personalidades, buenas y malas, significativas o singulares, la explosión del volcán islandés Eyjafjalla, cuyas cenizas bloquearon el tráfico aéreo europeo, o los escándalos de pedofilia al interior del Vaticano. Sirva este blog, estos 10 items, como pie para recordar desde lo más trivial hasta lo más importante, para estimular, digamos, que señalen lo que a ustedes les parezca digno de ser reseñado, esté o no esté en esta lista. Aquí les doy mi intento, ojalá pueda ser enmendado o enriquecido con sus comentarios.

1. WikiLeaks, Cablegate, Infowar…


Assange y la verdad.
Este sitio web, cuyas acciones empezaron en 2007, sin duda ya tiene un lugar en la historia. Su base de datos, que actualmente supera los 1,2 millones de documentos, es temida y admirada por igual a lo largo del mundo. La organización dirigida por Julian Assange, quien actualmente se encuentra en prisión por otros cargos y una lógica persecución por el calibre de sus acciones, se ha encargado de destapar filtraciones que desvelan comportamientos no éticos e ilegales por parte de gobiernos o instituciones de todo el mundo. Este año el boom WikiLeaks ha llegado a límites insospechados, desde el video del asesinato de 11 personas, incluyendo al periodista de Reuters Namir Noor-Eldeen, por parte de soldados estadounidenses en Bagdad, los 92.000 documentos sobre la guerra de Afganistán, los casi 400.000 documentos filtrados desde el Pentágono en relación a la Guerra de Irak y los abusos ahí cometidos, hasta los casi 300.000 cables del Departamento de Estado de EE.UU. con sus embajadas de todo el mundo, en lo que ya se conoce como Cablegate. Todo este revuelo ha causado algunas consecuencias, como la lucha mundial por liberar a Assange, la represalia de gobiernos, figuras públicas y empresas contra WikiLeaks, la defensa de esta información a través de mirrors, así como la Operation Payback por parte de la cibercolmena llamada “Anonymous”, que terminó tumbándose mediante ciberataques los sites de Visa, MasterCard, PayPal, entre otras. Los ataques para defender la libertad de expresión en Internet están siendo reducidos para aumentar, en cambio, la facilidad de divulgación de filtraciones que pretenden ser censuradas. Ante este brevísimo y seguramente fallido resumen, solo queda decir: este año ha habido un cambio mayor sobre lo que significa la red en nuestra concepción del mundo.


2. Vargas Llosa y el Nobel

Para los peruanos y me atrevo a decir que también para los amantes de la literatura en todo el mundo ha sido un año feliz por el tan esperado Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, eterno y esquivo candidato que por fin, este año, ha sido reconocido por su inestimable aporte a la cultura mundial. Su discurso, tan simple como elegante, tan básico como relevante, tan emotivo como merecido, también quedará para la memoria, así como las palabras en español del presidente del Comité del Nobel previas a la entrega del galardón: “Querido Mario Vargas Llosa, usted encapsuló la historia del siglo XX en una burbuja de imaginación. Esta se ha mantenido flotando en el aire durante 50 años y todavía reluce. Acérquese y reciba el Premio Nobel de Literatura de manos de su Majestad el Rey”. Más allá de algunas mezquindades de sus rivales de siempre (“polígrafos que juzgan desde su propia pequeñez”), este ha sido el año de Vargas Llosa, ese que dijo “pero si el Perú soy yo”, sin duda el peruano de este 2010 (y acaso del siglo XX con César Vallejo). Una alegría para la literatura de habla hispana (ya son 11 Nobel con MVLL), que no recibía este galardón desde hace 20 años, cuando lo ganó Octavio Paz, en 1990, curiosamente el año que marcó el destino final de Vargas Llosa al perder la presidencia, quizá lo mejor que le pudo pasar al escritor y a los amantes de su literatura.


3. La batalla por Lima: potoaudios y una alcadesa

Susana y Lulú: final de fotografía.
Este año también tuvo tintes electorales, como una previa, acaso premonitoria, de lo que podrían ser las presidenciales que se nos vienen. Esperemos que los tintes de guerra sucia alcanzados en las municipales de Lima no se repitan para elegir al próximo(a) presidente del Perú. Este 2010 ha dejado para la memoria cómo una candidata que tenía 1% de preferencia terminó ganando la elección, frente a rivales como Kouri, que terminó tachado, y a Lourdes Flores Nano, eterna perdedora y víctima de las comas decimales. La difusión de los llamados potoaudios por Jaime Bayly (“Métanse la alcaldía al poto”), donde la terrible Lulú mandaba al diablo la alcaldía en rabieta privada y, lo más importante, donde uno de sus asesores insinuaba una manipulación de encuestas (“mover un poco las cifras”) como estrategia, hará más recordable este elección, que terminó con un debate entre las dos candidatas punteras bastante artero y una lenta agonía en el conteo de la ONPE, primero, y del JNE, después. Más allá de estas minucias, lo más importante: la primera alcaldesa de Lima en casi 50 años, desde el mandato de Anita Fernandini en 1963-1964.


4. Bayly: el huracán lleva tu nombre

Más polémico que nunca.
Podría decirse que es casi como un anexo de la batalla por la alcaldía de Lima, por el papel preponderante, hacia uno u otro lado, que tuvo el conductor Jaime Bayly en la campaña electoral desde su tribuna en el ya extinto Francotirador de Canal 2. Potoaudios de por medio, Bayly convenció a muchos para no dar su voto a Flores, pero, también, por su supuesto mal comportamiento, llevó a otros tantos electores a apoyar a Lulú como medida de rechazo ante el polémico conductor y la supuesta guerra sucia detrás de él (algo que acaso también sucedió en el lado contrario, con la también polémica intervención de Aldo Mariátegui desde sus columnas o comentarios televisivos). Pero Bayly fue un personaje este 2010 por mucho más que eso. Sus rabietas en pantalla, sus mítines e intentos por ser candidato presidencial, medio en broma, medio en serio, su 10% en las encuestas, la finalización de su programa luego de varios años, sus explosivas columnas, su pelea final con su tío millonario ahora fallecido, su relación con la joven Silvia Núñez del Arco, con quien espera una hija, su pelea con su antes venerada Sandrita Masías y con su propia hija de 17 años, y, ahora último, su escandalete con su ex argentino Luis Corbacho, también a causa de su relación con la joven escritora embarazada, han hecho de el ahora tío terrible un personaje recurrente en nuestro ámbito noticioso (incluso en otros lares). Hay quienes lo aman, hay quienes lo odian, lo cierto es que lo que más ha destacado de Jaime Bayly este año no han sido precisamente sus novelas.

5. Mundiales en HD: Sudáfrica y Japón

España y Perú: fútbol y voley.
 Uno es de fútbol masculino, el otro de voley femenino. En uno estuvimos una vez más ausentes, en el otro si bien no retomamos la antigua senda de triunfos, levantamos un poco al menos la cabeza. Este año fue el de las transmisiones HD en nuestro país de dos eventos que nos congregaron como hinchada: el mundial de Sudáfrica, primer torneo planetario de fútbol realizado en África, con el campeonato de estreno de la selección española, primera selección europea, además, que gana el trofeo fuera de Europa; y el mundial de Japón, donde la selección peruana de voley llegó a la segunda fase, a diferencia de 2006, donde ni siquiera a eso aspiramos. Sudáfrica fue un buen mundial, con un buen campeón, a pesar de que las estadísticas lo sindican como el triunfador con peor promedio de goles de la historia. Japón vio a Rusia coronarse sobre Brasil en la final, y a Perú jugar realmente mal algunos partidos, y en otros demostrar que con mayor roce internacional se puede jugar de igual a igual con las mejores selecciones del mundo. Por otro lado, "otro mundial" se lo llevó Serbia: la Copa Davis, en tenis.

6. Chile y el diario de un mal año

Presidente Piñera y los mineros a salvo.
Nuestros vecinos de Chile vivieron un año terrible que, al menos, terminó con una buena noticia. En un año telúrico, un mes y medio después del terrible terremoto que destruyó Puerto Príncipe, Haití, dejando más de 200.000 muertos, el país del sur fue sacudido por un apocalíptico terremoto de 8,8 grados, en la región del Maule, al noreste de Concepción, considerado el quinto más fuerte de la historia (se recuerda que el primero también sucedió en Chile, en Valdivia, en 1960), con más de 500 víctimas mortales y 2 millones de damnificados y cuantiosos daños materiales. El presidente Piñera, que recibió el cargo de manos de M. Bachelet, empezó una gestión difícil desde el arranque, solo para verse meses después con otra tragedia entre manos: el derrumbe en agosto de una mina cerca de la ciudad de Copiapó, en Atacama, donde quedaron atrapados 33 mineros a 700 metros de profundidad. Los mineros resistieron durante 69 días, siendo asistidos desde la superficie, para finalmente ser rescatados sanos y salvos, bajo la atenta mirada de todo el mundo el 13 de octubre, lo que significó al menos un final feliz para Chile en un año que fue devastador, pero que pudo ser aún peor.


7. Crisis: Europa y EE.UU.

Fragilidad europea.
Luego de meses, incluso ya años, de crisis económica, especialmente en Estados Unidos, este 2010 sacó a relucir las debilidades estructurales de la economía europea en particular. Desde Grecia hasta Irlanda, con rescates cuestionados, el sistema económico del viejo continente vivió una crisis de deuda que puso en duda la supuesta solidez de la Unión Europea y su euro. Algo que está siendo patente en mucho de sus países, baste el ejemplo de España, que vive una fuerte crisis y falta de trabajo, o los muchos actos xenófobos en Francia contra los emigrantes de países de Europa del Este que ya forman parte de la UE. Al otro lado del océano, en medio de una débil superación de la crisis, Estados Unidos y Barack Obama consiguieron la reforma para universalizar el acceso a la sanidad, aunque esto no tuvo eco en las urnas en las elecciones de mitad de mandato, donde los republicanos se llevaron la victoria, debido a eventos más simbólicos como el apoyo a la construcción de una mezquita cerca de la zona cero en Nueva York de un presidente que, por cierto, también cumplió con retirar sus tropas de Irak.


8. Tarde de perros limeña

Secuestro en Gamarra.
Ruiz Wilfredo Ninasqui Barrios, de 29 años, mantuvo a 38 rehenes en una oficina del Banco Continental BBVA de Gamarra con una bomba en su mochila, y mantuvo en vilo a los televidentes y cibernautas peruanos como no se recordaba desde la toma de rehenes por el MRTA a fines de los 90 o la sangrienta toma de El Sexto en 1984. Por fortuna, esta vez la tragedia duró solo unas horas, terribles sin duda para quienes las vivieron, sobre todo cuando el sujeto le disparó cobardemente a una de las víctimas pero con un final más que satisfactorio, con un operativo policial a mi entender impecable, a pesar de que la familia del secuestrador, desertor del Ejército y hombre-bomba esté pensando llevar el caso a organismos defensores de DD.HH. Ninasqui se mostró, según la policía, reacio a colaborar, a negociar, siquiera a contestar llamadas telefónicas o dejar ir a una mujer embarazada y a varios niños, así como intransigente sobre sus peticiones de 2 millones de dólares y un helicóptero en pleno Gamarra. La policía actuó con eficiencia, rapidez y se vio obligada a acabar con la vida del delincuente para proteger a los rehenes. Fue quizá el mejor de los finales imaginables, teniendo en cuenta las intenciones del atracador.

9. La NASA y nuestra noción de “vida”

Bacteria que sintetiza arsénico.
Un nuevo concepto de vida.
Se especuló que era una cortina de humo, una tapadera para bajarle el tono al Cablegate originado por los destapes de WikiLeaks. Sin embargo, era una conferencia programada con meses de anticipación sobre un descubrimiento realizado en varios años de estudio. El aviso previo de la NASA sobre “búsqueda de vida en otros planetas” llevó a la prensa a especular y generar gran expectativa sobre una supuesta prueba de vida extraterrestre en manos de esta organización. Muchos quedaron desilusionados, pero a mi parecer sin razón. El anuncio del descubrimiento de una forma de vida en la Tierra que “funciona” en base al arsénico, sustituyendo el fósforo, en un lago de Estados Unidos, es más relevante de lo que pudiera pensarse, pues cambia la concepción de vida que habíamos tenido hasta el momento y amplía el horizonte para la búsqueda de vida en otros planetas (por no decir que vuelve a cero todos los intentos previos). Que una bacteria pueda reemplazar con éxito el fósforo por arsénico, un elemento que además es considerado opuesto a la vida, da pie no solo a nuevas formas de vida como las que hoy conocemos, sino también a la hipótesis para el reemplazo de los otros 5 elementos necesarios para la vida, como el afamado carbono, por otros antes impensados. ¿Un futuro Premio Nobel en ciernes? Quizá, como lo fue hace más de 50 años el modelo de la doble hélice del ADN propuesto por Crick y Watson, merecedor del Nobel en 1962.


10. La Teta y el Oscar

Quizá la importancia de La teta asustada, de Claudia Llosa, está más en el Oso de Berlín ganado en 2009 que en su nominación al Oscar realizado a principios de 2010. Pero para el cine peruano es imposible no tener como acontecimiento del año tener por primera vez una película entre las 5 nominadas. Si bien no ganó, pues perdió ante El secreto de tus ojos, de Campanella (y en la lista también estaba La cinta blanca, de Haneke), el solo hecho de estar ahí, el revuelo que generó la presencia de Llosa y Solier en la alfombra roja, hacen de este 2010 un año para el recuerdo para nuestro cine.

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Los que se fueron

J.D. Salinger nos dejó este 2010.
Para terminar, y a riesgo de quitarle el sitio a algún evento que se me esté escapando (probablemente se me estén escapando varios imperdonables, y para eso está este blog, para que quienes noten el lapsus o ignorancia lo hagan notar), no puedo evitar caer en la típica remembranza de aquellos personajes que fallecieron este año, sobre todo aquellos que algún significado tienen para mí. Se fueron el genial cómico Leslie Nielsen, el extravagante creador Harvey Pekar (que muchos conocerán por la película American Splendor), actores que marcaron historia como Tony Curtis y Dennis Hopper, el productor de cine Dino de Laurentiis, a quien le debemos obras como La Strada, Barbarella, Serpico, King Kong, Blue Velvet (aquí su memoria se junta con la de Hopper), Hannibal, etc. También fallecieron el genial director Eric Rohmer, el músico Solomon Burke, el recordado dirigente deportivo Juan Antonio Samaranch, el presidente en activo de Polonia Lech Kaczynski en un trágico accidente, y el ex presidente argentino, Néstor Kirchner, en una reminiscencia peronista que produce sentimientos ambiguos, entre quienes lo aman y quienes lo odian (esto último, no sin razón). Varios recuerdos de niñez se fueron con Gary Coleman y su “¿De qué estás hablando, Willis?”, pero sobre todo se fueron dos admirados escritores, de mis favoritos, obviamente: José Saramago y J.D. Salinger, dos genios a los que les decimos aquí nuevamente adiós y gracias.

lunes, 11 de octubre de 2010

Noble Nobel (Mis 5 favoritos de literatura)

No podía dejar pasar la noticia del año, el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa y se me ocurrió hacer una lista de los 5 escritores galardonados por la Academia Sueca que más me gustan, encabezados ahora, por supuesto, por MVLL. Sirva esta lista como homenaje y agradecimiento por todo lo que nos ha dado. Fuera de la lista, puedo mencionar Premios Nobel que me han gustado mucho, desde Pirandello y su “Seis personajes en busca de un autor” hasta Kertész y su maravillosa “Sin destino”, pasando por Grass y “El tambor de hojalata”, Jelinek y “La pianista”, Golding y “El señor de las moscas” o clásicos indiscutibles como Hemingway o Camus. Aquí van mis 5 favoritos del parnaso Nobel. Es una ocasión especial, disculpen si el post me ha salido un poco largo esta vez.


1. Mario Vargas Llosa, Nobel 2010


Qué decir: ¡por fin se puede poner a Mario en una lista del Nobel! Un escritor monumental, la gran deuda pendiente del Nobel de Literatura que por momentos parecía que jamás se saldaría. Aunque mi gran pecado es no haber leído hasta ahora “La guerra del fin del mundo”, he disfrutado con “Conversación en La Catedral”, “La casa verde” y “La fiesta del Chivo”, mis tres favoritas de MVLL. También, por supuesto, con “La ciudad y los perros”, “La tía Julia…”, “Pantaleón…”, “Travesuras…”. Quisiera destacar “El paraíso en la otra esquina”, una novela maravillosa que me parece no ha tenido aún la acogida que se merece y que espero que ahora, con la publicidad del Nobel, mucha gente se anime a leer y a releer. Admiro a VLL, no solo por su obra literaria, sino por su compromiso con la literatura y la difusión de las ideas. Libros de cabecera han sido para mí las antologías de sus artículos (“Contra viento y marea”, “Desafíos a la libertad”, etc., etc.), y, claro, sus ensayos literarios (“La verdad de la mentiras”, que es pura magia, o sus estudios sobre “Los miserables” o Flaubert). En fin, aún tengo por leer mucho Vargas Llosa que no he leído, y pronto se viene su nueva novela, El sueño del celta, que espero con ansias.

2. Saul Bellow, Nobel 1976

Herzog y más.
Ha dicho Philip Roth que la columna vertebral de la literatura norteamericana del siglo XX fue proporcionada por Faulkner y Saul Bellow, juntos “los Melville, Hawthorne y Twain”, que hicieron lo propio en el siglo XIX. Baste eso para calibrar la importancia de Bellow, escritor de origen judío, ganador dos veces del National Book Award, además del prestigioso Pulitzer. He leído tres de sus novelas y he quedado hambriento de más. Me maravillé con su manera de escribir con “Herzog”, a pesar de la pésima traducción hispánica, que hablaba de un “tío majareta y chalado”, pero cuya historia y su manera de exprimir la realidad y el amor es cautivante, además de que me siento identificado con aquello de escribir cartas mentales o físicas que jamás enviaré. Luego vinieron para mí “El legado de Humboldt” y “El planeta de Mr. Sammler”. Estas tres novelas con sus distintos personajes –Herzog, Citrine, Humboldt, Sammler-, piensan el mundo, reflexionan sobre el pasado, intentan escarbar en el futuro, rodeados de decepción, de cambios sociales e históricos, de problemas morales, sexuales, sentimentales, y de una visión de las cosas aún vigente 40 años después, una visión que me ha hecho subrayar tantas y tantas páginas. Bellow es, pues, altamente recomendable para quien no lo haya leído. Yo seguiré leyéndolo: me tocan “Henderson, el rey de la lluvia” y “Carpe diem”.

3. J.M. Coetzee, Nobel 2003

Abismos y realidades.
El sudafricano es, en mi humilde opinión, el más importante escritor vivo, junto con Vargas Llosa. Y quizá los emparente, además de sus magníficas obras, su compromiso con los sucesos de su tiempo, así como con la literatura como una pasión que se lee, que se analiza, que se comparte. No solo sus novelas me han embrujado, como la bella pero durísima “Desgracia”, esa joya que es “Foe”, o la sublime metáfora de “Esperando a los bárbaros”. También Coetzee es un espléndido articulista y ensayista (baste darle una leída a la erudita “Costas extrañas. Ensayos 1986-1999). Esta es una lista sobre mis preferencias, así se basen en una corta mirada a la obra de un autor. Me falta mucho por leer de Coetzee (quiero seguir con “Diario de un mal año”, por más oscura que me la hayan pintado), pero lo poco leído basta para hacerlo uno de mis favoritos y más admirados autores. Este es uno de los casos recientes en los que la curiosidad del Nobel me abrió a un autor hasta el momento desconocido. Y vaya que le acertaron.

4. José Saramago, Nobel 1998

Entrañable Saramago.
La casualidad finalmente decidió que este 2010 sea el mismo año en el que le concedan el Nobel a Vargas Llosa y fallezca uno de los más fervientes admiradores de su obra, ideologías aparte, el Nobel portugués José Saramago. Infatigable escritor, hasta el último de sus días en constante actividad y producción, el autor de una de mis novelas favoritas, “Ensayo sobre la ceguera”, era, además de gran escritor, portador de un gran carisma. He leído todo lo que he podido de él, “Ensayo sobre la lucidez”, “El hombre duplicado”, “El evangelio según Jesucristo”, “La balsa de piedra”, “La caverna”, “Las intermitencias de la muerte”, sus diarios de Lanzarote, pero me molesta no haber podido leer hasta ahora –no la he encontrado en nuestras alicaídas librerías- la que se dice es su obra maestra, “El año de la muerte de Ricardo Reis”. Este año me ha tocado celebrar el ansiado Nobel a MVLL, pero también lamentar la partida de uno de mis escritores favoritos, al menos entre los Premios Nobel que he leído. Todo un señor, comprometido con sus ideas, que normalmente comulgaban con las de los más necesitados.

5. V.S. Naipaul, Nobel 2001.

Inglaterra, Trinidad, India...
Otro autor, el británico de origen triniteño-indio Naipaul, que se me abrió gracias al Nobel. Dicen que el premio en gran parte se debió al interés de la Academia Sueca en mostrar y reconocer la difusión de la visión de oriente en occidente, de la misma manera en que el galardón otorgado a Pamuk posteriormente fue con el ánimo contrario, de occidente en oriente. Son opiniones. He leído a ambos autores y aunque Pamuk me parece un gran escritor, quizá no sea, para mí, repito, del calibre de un Nobel. Naipaul me sorprendió con su primera obra, “El sanador místico”, y me fascinó con su novela de tintes históricos “Un camino en el mundo”. A su vez, su libro “Entre los creyentes” de 1981, donde recorre el mundo islámico luego de la revolución iraní, así como “India”, su maravillosa crónica de viaje sobre su vuelta al país de sus antepasados, me han hecho seguirlo con devoción, por su constante viaje a la semilla y sus intentos –casi siempre exitosos- de entender un mundo ajeno y propio a la vez, de ida y vuelta, si del lector se trata. El propio Vargas Llosa, con quien tuvo alguna vez alguna anécdota, ha dicho de él que es “su autor favorito en inglés” y que “es uno de los pocos escritores ingleses contemporáneos que tiene una visión universal”. Quiero leer “Beyond belief”, donde revisita los países islámicos de “Entre los creyentes” casi 20 años después.
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Deudas pendientes o mejor dicho pecados

Más allá de querer leer más del Nobel de 1949, William Faulkner (solo he leído “El oso” y “Mientras agonizo”), y de Thomas Mann, premiado en 1929 (solo he leído “Muerte en Venecia”), de mis deudas pendientes las que más me provoca saldar son:

¡A leer!
 1. Aleksandr Solzhenitsyn, Nobel de 1970. Tengo “Archipiélago Gulag” y “Agosto 1914” y aún no me he animado a leerlas a pesar de morirme de ganas por la fama que las precede así como su temática.
2. Heinrich Böll, Nobel de 1972. Todos los que han leído al autor alemán me recomiendan con vehemencia “Opiniones de un payaso”. No la tengo. La compraré apenas la vea.
3. Yasunari Kawabata, Nobel de 1968. Me genera mucha curiosidad, por su historia personal, por su supuesto suicidio, por su discípulo Mishima y lo que este hizo, así como lo mucho que me ha gustado la poca literatura japonesa que he podido disfrutar (sobre todo la extraordinaria “El grito silencioso”, del Nobel de 1994, Kenzanburo Oe). 
4. T.S. Eliot, Nobel 1948. Siempre he sentido curiosidad por leerlo y sobre todo un poco de vergüenza de saber quién es Eliot y no haber leído siquiera “La tierra baldía” (salvo algunos versos, como el famoso “April is the cruellest month”). En general esta deuda pendiente se extiende al género poético. Hay demasiados poetas, con o sin premio Nobel, que quisiera leer.
5. Boris Pasternak, Nobel 1958. Siempre he sentido curiosidad por leer Doctor Zhivago, aunque a Pasternak, según dice el llamado de la Academia Sueca, principalmente se le fue concecido el premio por su obra poética. El autor ruso, que fue obligado a rechazar el Nobel por presiones de la URSS, solo cuenta con Dr. Zhivago como su única novela, además de una autobiográfica, El salvoconducto, publicada más de 20 años antes.
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¿Los Nobel que aún no son?

El boom Murakami.
Es conocido el caso de Borges, un Nobel que nunca fue, pero ¿qué otros escritores, aún vivos, están pidiendo Nobel hace tiempo? En mi humilde opinión, creo que hay pocos casos clamorosos como lo era MVLL, de ahí el revuelo mundial por su premio, pero me parece que casos que destacan son los de Philip Roth (incontables libros de magnífico calibre); Salman Rushdie (me encantó “Los versos satánicos”); Cees Nooteboom (magnífica “La historia siguiente”, por citar solo una); Cormac McCarthy (sublime “La carretera”, fortísima “Meridiano de sangre”, impactante “No country for old men”); Antonio Tabucchi (está demás ennumerar sus obras); el propio Paul Auster (tan prolífico, tan interesante), y, quién sabe, en algún momento, el propio Haruki Murakami y el boom de su particularísimo estilo. En fin, es una pequeña selección de lo poco que he podido leer pues ¿cuántos Sándor Márai habrá escondidos por ahí que morirán, quizá por propia mano, como el húngaro, sin que su obra sea siquiera conocida o autores geniales cuyo conocimiento son privilegio de unos pocos? Así que a leer y a compartir lecturas se ha dicho.