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lunes, 15 de octubre de 2012

Lo mejor y lo peor en REMAKES


Ya alguna vez hice algo parecido con covers. Ahora es la versión fílmica, remakes. Elaboré una lista que responde tanto a factores objetivos como a mi nostalgia. Hay otras que pudieron estar, pero han pesado en mí más las referencias personales, quizá. También me he visto amarrado por mi escaso bagaje cinematográfico, pues no he visto muchas de los binomios original-remake que deberían estar, quizá en esta lista. Comentaré solo de las que he podido ver ambas versiones, lo que deja de lado algunas conocidas como “Por un puñado de dólares” (1964), de Sergio Leone (remake no oficial del clásico de Kurosawa “Yojimbo”), la "Gran Estafa" que reunió a Pitt, Clooney y compañía (no he visto la original), Nosferatu de Herzog (no he tenido el placer de verla), “Los infiltrados” de Scorsese, o la siempre mencionada “La invasión de los UltraCuerpos”, por citar solo algunos  ejemplos distintos y de distintos géneros. Hay unos que no pondré porque no son grandes remakes ni tampoco malos, simplemente son cumplidores, como por ejemplo “Charlie y la Fábrica de Chocolates”, que a pesar de ser una buena película, ni Tim Burton ni Johnny Depp lograron superar al Wonka original interpretado por Gene Wilder (ni tampoco la gracia especial que tenían los umpa-lumpas). Y así podría seguir. Mejor pasemos a la lista que, para mí, quedó al final:

1. La cosa (John Carpenter, 1982)
Kurt Rusell en el remake que se transformó en clásico.
Es sin duda uno de esos pocos remakes que ha superado a la versión original. Ya la hemos mencionado en este blog como una de las mejores películas de terror, y es que la obra de Carpenter es completa: suspenso en extremo, efectos visuales loquísimos (y asombrosos para su época), drama psicológico, buenas actuaciones, ambientación. Es una película que captura de principio a fin. Es una verdadera joya. La original, “La cosa de otro mundo”, de 1951, era un thriller intenso, claustrofóbico, y considerado uno de los grandes clásicos del género pero es difícil decir que la versión de Carpenter es inferior y esa es su gran virtud: lo que vemos en pantalla le gana a la nostalgia por el original.

2. La mosca (David Cronenberg, 1986)
La original, serie B. El remake, obra maestra de Cronenberg.
Quien ha visto siquiera un pedazo de la cinta original de 1958 de George Langelaan se da cuenta de inmediato de que es una película de serie B, no muy ambiciosa e incluso cursilona, cuya valía ha ido desapareciendo con el pasar de los años: es de esas películas que envejecen pésimo. En cambio, Cronenberg supo darle corazón, esa extraña mezcla que ya le conocemos entre el horror y el amor. Toda una metáfora de lo que es el amor cotidiano. Sin duda, otra de esas películas que superan a la versión original.

3. Scarface (Brian de Palma, 1983)
Sea mejor o no que la original, es un icono del cine.
Díficil decir qué película es mejor: el original de Howard Hanks de 1932  o esta de Brian de Palma de 1983. Ambas son clásicos del cine. Pero este es uno de esos tributos que salen estupendamente bien, tanto como para ser recordados al nivel de sus homenajeados. El Tony Montana de Al Pacino es ya un icono del cine mundial. El violento guion de Oliver Stone para de Palma, una obra maestra. La escena final de “Say hello to my Little friend”, una instantánea para siempre. Pero no podemos olvidar el modelo en el que se basaron Pacino-Stone-De Palma para hacer este remake memorable: el Tony Camonte de Paul Muni, la inmensa cinta producida por el mítico Howard Hughes.

4. El amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004)
Una relectura actual y dinámica del maestro Romero. Nada mal.
El reto no era pequeño: revivir “Zombie: dawn of the dead”, de 1978, uno de los títulos de culto del género zombi, nada menos que de George Romero, segunda parte de “La noche de los muertos vivientes”. Snyder, que luego haría “300”, le imprime velocidad a los muertos vivientes de Romero (a lo Danny Boyle en “28 días”), dándole una visión propia al escenario: personajes refugiados en un centro comercial rodeado de zombis, un refugio que termina siendo su prisión, con no pocas reflexiones en el transcurso de la trama. Como ha escrito Robert Kirkman, creador de The Walking Dead, son este tipo de enfoques, esos que permiten hablar del ser humano y de sus reacciones frente a situaciones límite, los que hacen a una película de zombis buena. Nada mal este remake de 2004, salvando las distancias con el maestro Romero, claro está.    

5. Déjame entrar (Matt Reeves, 2010)
La original sueca es superior, pero el remake es
una adaptación perfecta para un nuevo mercado.
El original, “Let the right one in”, de 2008, es una película sueca de Tomas Alfredson. Un niño que sufre bullying traba amistad con una niña vampira que vive cerca de su casa, en Estocolmo. En parte policial (el adulto que se hace cargo de la niña vampiro asesina para poder conseguir sangre para ella), y en mucho psicológica (la relación entre la pequeña vampira y el niño transita entre la rareza, el miedo, la frustración y el amor). La versión estadounidense, incluso, iba a ser dirigida por el propio Alfredson, pero finalmente este lo rechazó. El ambiente es similar, así como la trama y el desarrollo. Sin embargo no es un calco que no aporte. Sin ostentar la belleza de la original, es una remake con mucha fuerza, que sigue la trama original, pero que intenta dirigirse a un público más amplio, no acostumbrado necesariamente al ritmo de las películas europeas. Con todo, es una muy buena adaptación de una original a un contexto de idiosincrasia diferente. A diferencia de otros intentos de adaptar una obra europea a una película en inglés, como Vanilla Sky/Abre los ojos, no se cae en el calco absurdo pero tampoco en la corrupción del espíritu del original. Recomiendo ambas versiones (aunque me quedo con la sueca) (También me quedó con la versión sueca de la serie Millenium, frente a La Chica del Dragón Tatuado, de Fincher, dicho sea de paso).

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¿Y las peores?
Aquí hay un sinfín, y ha sido difícil destacar solo cinco. Igual me daré el placer de mencionar algunas recientes como el terrible remake de “La cena de los idiotas (Le Dîner de Cons) de Francis Veber (1999) en versión gringa (The dinner of smucks), a pesar de buenos actores como Steve Carrell y Paul Rudd. Otro caso es el remake gringo de la exquisita comedia inglesa de humor negro, Death at a Funeral, de Frank Oz. En la original tenemos, incluso, al genial Peter Dinklage como el enano (Tyrion Lannister en Game of Thrones), mientras que en la versión afroamericanizada de Neil LaBute con Chris Rock y Martin Lawrence es una lágrima y sin la sutileza de la original. En fin, esas no son las peores, las peores son:

1.  Psicosis (Gus Van Sant, 1998)
El remake más absurdo de todos los tiempos.
Y con peores resultados.
Sin duda se lleva el número 1. Para empezar, fue todo un despropósito siquiera plantearse la idea de hacer un remake de la joya de Hitchcock. Ni siquiera el homenaje (bueno o malo) basta para justificarlo. Ni siquiera si es de la mano de Gus Van Sant. Toma por toma, la cinta es un calco del original, lo que resulta absurdo con un clásico del cine. Además, con actuaciones que no son ni la sombra de las originales.

2. El Planeta de los Simios (Tim Burton, 2001)
La original versus el remake de Burton. 
Debo confesar que cuando me enteré, allá por el año 2000, que Tim Burton haría un remake de una de mis películas favoritas, El planeta de los simios, me entusiasmé. Sin embargo, el resultado fue terrible. Aunque Burton intentó darle un cierto de punto de vista sombrío a la película a nivel sobre todo visual, esta terminó siendo aburrida, predecible e incluso poco verosímil. Una decepción. Este Planeta de los Simios de Burton no aporta nada: ni una nueva visión, ni una reinterpretación, ni una crítica actualizada a la sociedad (tan presente en la versión original), ni una atmósfera de caos apocalíptico, nada. Y ciertamente con un final que parecía abierto (e inexplicable), pero que fue la gota que rebalsó el vaso del fanático de la cinta de 1968 interpretada por Charlton Heston (que por cierto hace un papel pequeño pero importante en esta versión). Lo peor de Burton, de lejos. La única razón para siquiera intentar volver a ver esta película es la belleza de Estella Warren y quizá un poco de la fuerza de la interpretación de Tim Roth como el general de los simios.

3. El día que la tierra se detuvo (Scott Derrikson, 2008)
Bodrio protagonizado por Reeves.
Me remito a lo dicho por Bruce Paterson, de la Asociación de Críticos de Cine de Australia: “La cinta es un triste destino para un sincero homenaje al clásico de Robert Wise de 1951”. Igual, creo que Paterson es demasiado generoso. La original de Wise es considerada una joya de la ciencia ficción y la versión interpretada por Keanu Reeves, una de las peores películas de 2008. El personaje de Reeves, Klaatu, es aburrido y distraído, recordando incluso al Neo de “The Matrix”. Pero más allá de la actuación del protagonista, el mensaje de la cinta original se pierde y se pierde en un argumento poco original y tal como indica el título de la película: lento, estático, que parece haberse detenido, como más de un crítico ironizó. Hay que recordar que la cinta original ganó un Globo de Oro y es preservada en el Registro Nacional de Filmes de la Biblioteca del Congreso estadounidense por ser considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa”. Nada de eso se puede decir de la película de Derrikson, que es más un alarde de efectos especiales que una obra que intenta decir algo sobre el calentamiento global y el fin de la tierra.

4. Arthur (Jason Wyner, 2011)
Bobalicón Russell Brand no le llega ni
a los talones al inigualable Dudley Moore.
Esta me molesta especialmente, como El planeta de los simios, porque “Arthur”, la versión original de 1981 con Dudley Moore y Liza Minelli, es una de mis comedias favoritas de niñez. El millonario borrachín que interpretaba Moore quedó, en manos de Russell Brand y de los guionistas de la nueva cinta, en un bobalicón superficial y aniñado. ¿Un guiño a la irresponsabilidad del Arthur de Dudley? Puede ser, pero lejos de estar a la altura, en esa historia donde Arthur solo puede seguir siendo millonario si se casa con una mujer que no ama, cuando en realidad está muerto por una chica que no tiene donde caerse muerta (Liza Minelli). El humor auténtico de la original es reemplazado por uno simplón, con toques de cursilería, en la nueva versión. Una lástima.


5. King Kong (Peter Jackson, 2005)
Película rescatable, mal remake. Le falta
el corazón de su antecesora.
A pesar de no ser una mala película, es un pésimo remake. El gorila puede ser mucho más real (especialmente si quien le da vida es el genial Andy Serkis, Gollum en “El Señor de los Anillos”) y los actores haber hecho buenas interpretaciones, especialmente Jack Black. La estética puede ser incluso interesante. Pero el corazón de la película, ese sentimiento que te transmite la gran bestia al enamorarse de la chica linda, no se llega a transmitir, quizá por las largas persecuciones y peleas tanto del héroe de la cinta (Adrien Brody) como del mismo animal, en la isla Skull. Y, por supuesto, porque simplemente Kong y la rubia no hacen clic. Como sí hicieron clic, y en gran parte por la genial actuación de Jessica Lange, en la versión setentera. Esto prueba que un presupuesto millonario, alta tecnología e incluso un buen reparto y un gran director no aseguran que un clásico vuelva a cobrar vida, ni siquiera a manera de homenaje. Insisto, no es una mala película, simplemente la original tiene alma y esta no. Eso sí, los primeros 30 minutos de la película son notables.

martes, 29 de mayo de 2012

Villanos de película

Freddy Krueger acechaba
cuando te quedabas dormido.
¿Qué más terrorífico y villanesco que eso?
En el post pasado hablamos de las villanas de película. Ahora veamos esos caballeros que, con sus personajes, nos llenaron de miedo, de desprecio o de impotencia. Tenemos desde el mafioso como Michael Corleone (Al Pacino), o los monstruos de película, como Vincent Price, Christopher Lee, Bela Lugosi o Gary Oldman, interpretando cada uno a su manera a Drácula. O, por qué no, más absurdos, como el Beetlejuice interpretado por Michael Keaton. Está el vengativo ex preso Max Cady que interpreto De Niro en “Cabo de miedo”. O villanos más sutiles y refinados, como el personaje de Patricia Highsmith, Tom Ripley, interpretado por Matt Damon y especialmente el que dio vida John Malkovich en “El amigo americano”. También están los macabramente dementes, como “John Doe” (Kevin Spacey), que nos aterró con los siete pecado en “Seven”, o Anton Chigurh, que le valió un Oscar a Javier Bardem en “No Country for Old Men”. O los que queremos matar a como dé lugar, como Bill, de “Kill Bill”. No pasan desapercibidos Tobin Bell, como el calculador Jigsaw, de la sangrienta saga “Saw”, o el histórico Stephen Boyd, como el traidor Messala que envió a su mejor amigo y a su familia a un infierno viviente, en “Ben Hur”. O abiertamente “de terror”, como Freddy Krueger (“Pesadilla en Elm Street”), Jason (“Viernes 13”) o Michael Myers (“Halloween”). Incluso los robóticos sin rostro, como Hal-9000 en “2001: Odisea en el espacio”. O el replicante Roy Batty, implacable pero siempre cuestionándose acerca de su propia mortalidad (las escenas finales de “Blade Runner” son excepcionalmente mágicas, digamos). O brutales como “The Butcher”, del genial Daniel Day-Lewis, en “Gangs of New York”. En fin, hay de todo, y seguro se me escapan muchos, muchísimos, así que espero sus aportes. Aquí la lista:


1. Darth Vader (David Prowse - Star Wars)

"Yo soy tu padre". No hay más que añadir.
Aunque David Prowse fue quien diera “movimiento” al antiguo caballero Jedi conocido como Anakin Skywalker, fue la estentórea voz de James Earl Jones quien le imprimió al personaje de Darth Vader un sello propio. Propio del lado oscuro de la Fuerza, está de más decirlo. Un villano con una respiración espeluznante, más máquina que humano, que domina la fuerza que une a la galaxia y puede dejarte sin respiración con solo su mente, parar disparos de rayos laser con su mano y que blande una espada de luz roja como la furia: ese es un villano. Además, con un perfil psicológico a destacar: transformación de una joven promesa de la bondad a estandarte del lado oscuro, Vader también es villano porque intenta corromper a su propio hijo. Y cómo olvidar la revelación que remeció a miles en El imperio contraataca: “Yo soy tu padre”. Y también villano porque es humano ante todo, a pesar de su apariencia mecánica. Al final, la redención llega en sus últimos minutos de vida, salvando a su hijo. Personaje redondo, digan lo que digan los detractores de Star Wars.

2. El Guasón (Heath Ledger - El Caballero de la Noche)

El Joker del fallecido Heath Ledger ya
está en la historia del cine. Brillante.
Aunque Jack Nicholson ya había hecho una buena interpretación del personaje del comic de la DC,  dándole una personalidad absurda y macabra en la versión de Tim Burton de Batman, Heath Ledger nos llevó a una dimensión más oscura, más “a lo Frank Miller”, me atrevería decir, del eterno némesis del hombre murciélago. No solo con una caracterización convincente y más realista, sino con juegos de voz y de locura que estremecieron por su autenticidad. Ese “Why so serious?”, esas risas desenfrenadas, pero reales, de un loco, superaron al maestro Nicholson en el sentido de humanizar aún más al personaje, sacándolo de la caricatura payasesca, y elevándolo a un genio del crimen, maligno, calculador, loco y outsider, complementándose –a la vez que oponiéndose- a la perfección con el antihéroe al que se enfrenta. Se llevaría el Oscar póstumo a Mejor Actor de Reparto.

3. Hannibal Lecter (Antonhy Hopkins - El silencio de los inocentes)

Tan terrorífico como seductor, el personaje
de Hannibal el Canibal se merece un puesto en la lista.
Hannibal “El Canibal” Lecter es un personaje tan aterrador como seductor salido de la cabeza del autor Thomas Harris. Hopkins lo llevó a un nivel terrorífio en la gran adaptación de Jonatan Demme al cine, a tal punto que un personaje que, en teoría, era, a pesar de su importancia, secundario, se convirtió en absolutamente protagónico. La voz de Lecter, la cadencia con la que esgrime sus juegos mentales, la mirada penetrante que hiela los huesos, el temor que solo su presencia infringe… Es una obra maestra de la actuación. El sonido estremecedor que hace Lecter contra la luna de su prisión, simulando estar saboreando carne humana es una escena clásica del cine. El ritual de matanza de Lecter cuando escapa de sus captores, golpeando al guardia como si estuviera santificándolo. La máscara para evitar sus dentelladas. Sus gustos “culinarios” (“With some fava beans and a nice Chianti”). La vocalización hasta el extremo de “FBI” (EF-BI-AI). Hasta el más mínimo detalle genera angustia y temor. Ya en las secuelas el efecto se disipa, aunque siempre se mantiene ese toque de Lecter que seduce dentro del desprecio que genera. Sus rivales cinematográficos, sea Clarice o el personaje de Edward Norton en Dragón Rojo, lo admiran. También lo hacen sus co-villanos, Wild Bill o The Tooth Fairy. Y eso es quizá lo que lo hace tan buen villano: la atracción que genera a la vez que inspira terror.

4. Lex Luthor (Gene Hackman - Superman)

"La mente criminal más grande de la historia", dice
Lex Luthor repetidamente en la impecable,
divertida y refinada versión de Gene Hackman.
Este es un villano divertido y genial. “La mente criminal más grande el mundo”, suele decir Luthor. Y quizá no se equivoque. Lo seguro es que dentro de su locura, la inteligencia sobresale para cada plan trazado. Y el buen humor, incluso para maltratar a su “sirviente”, el tonto Otis. Y también el refinamiento. Un criminal que busca dinero pero que, como se muestra en la primera película interpretada por Gene Hackman como el villano que pone en jaque a Superman, vive en una lujosa guarida, en donde dispone de una piscina y una gran biblioteca, acondicionadas en el metro de Metrópolis. Y eso cautiva. Incluso en Superman 2, Hackman destaca por su dinámica con los tres villanos kryptonianos, con juegos de palabras y megalomanías que sin duda hacen que el público no solo le tenga cuidado por su potencial traicionero, sino que también, de alguna manera, lo quiera. Superman termina venciendo a sus tres poderosos enemigos porque confía en que Luthor lo traicionará. Finalmente, Hackman, con esa gran manera de naturalizar hasta lo más forzado, logra que nos creamos que de verdad Luthor intenta hacerle pensar a Superman que hizo lo que hizo –traicionarlo- porque entendió su plan. Aquí me pregunto si es el personaje en sí lo que más atrae más que la caracterización de Hackman y solito me respondo: son ambas. Por cierto, esto se demuetra al comparar a Hackman con el buen Kevin Spacey en "Superman Returns", una buena actuación pero no al nivel de la de Gene.

5. Norman Bates (Anthony Perkins - Psicosis)

Perturbado. Psicópata.
Aparentemente inofensivo. Asesino.
Norman Bates-Antonhy Perkins en Psicosis. Genial.
¿Qué puede ser más perturbador que un asesino psicópata que se disfraza de su madre muerta para acabar con una chica linda y ladrona que cae en su motel familiar mientras se ducha? Y que, para colmo, guarda el cadáver de esa madre muerta en su habitación y juega al ventrílocuo durante la película… La personalidad enferma de Norman Bates, que se refleja a la perfección en las expresiones del gran Anthony Perkins, y la dirección del mítico Alfred Hitchcock, hacen de Psicosis una película terrorífica y de culto, de principio a fin. El escenario, ese motel casi abandonado al lado de una carretera perdida, contribuye a crear esto, por supuesto. Pero es lo “creepy” del personaje de Norman lo que más asquea y atemoriza: ese tímido bonachón que toma leche y prepara sandwichs, que sin embargo tiene el estómago para disecar animales (así diseca a su madre, además), y que, claro, pierde la cabeza por una belleza como la de Janet Leigh. Me parece, sin embargo, un error haber alargado tanto la saga, perdiéndose en el camino la magia del personaje. Pero eso es solo mi opinión, claro.

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BONUS TRACK: BELA LUGOSI

Lugosi, uno de los Dráculas históricos
junto a Christopher Lee y Vincent Price,
quedó estigmatizado por el personaje.
Ya lo mencionamos en la introducción como uno de los que interpretó al temible Drácula. Este fue el papel que lo llevó a la fama y que lo persiguió hasta su muerte, como se puede apreciar en esa joya que es Ed Wood, de Tim Burton. El papel de Lugosi estuvo a cargo de Martin Landau, quien se llevó un Oscar por su actuación. Algunas películas de Lugosi en los años 30 fueron "La legión de los hombres sin alma" (White Zombie), "La isla de las almas perdidas", "El cuervo", "El murciélago diabólico" o "Satanás". Cabe recordar  que el gran “rival” de Lugosi de la época en cuanto a villanos fue el también grande Boris Karloff, quien se hizo famoso por Franskentein. Ambos actuaron juntos en "El hijo de Franskentein", en 1939.

miércoles, 11 de abril de 2012

Villanas de película



La bruja mala del oeste. El mago de Oz.
 Primero pensé hacer esta lista sobre villanos en general, pero luego vi que al ser tan rica la categoría era mejor dividirla en villanos hombres y mujeres.  Empecemos con las damas. Para hacer esta lista pensé sobre todo en el cine, aunque también hay una que otra salida de la pantalla chica o de adaptaciones al cine de comics o dibujos animados o libros. Estoy poniendo referentes de películas que he visto, así que hay muchas del cine clásico que no he podido poner por no haber visto la película (o toda), como por ejemplo Mrs. Danvers, de "Rebecca", en la adaptación de Hicthcock de 1940, interpretada por la nominada al Oscar Dame Judith Anderson. También hay otras villanas que merecieron estar en el top, como la niñera Payton Flanders de "La mano que mece la cuna" (Rebecca De Mornay), o la roba-bancos Bonnie, en "Bonnie & Clyde" (Fay Dunaway). También un puesto pudo estar para Mystique, de la saga X-Men (Rebecca Romjin) o la aterradora y desquiciada Bellatrix Lestrange de la saga Harry Potter (Helena Bonham Carter). Hasta la niña-demonio de "Caso 39", con Renee Zellweger. Y cómo dejar de lado a la reina mala de Blanca Nieves de Disney, así sea un dibujo animado, o la Bruja Mala del Oeste de "El Mago de Oz", muy bien interpretada por Margaret Hamilton (quien también hace de la vecina mala de Dorothy). Más allá de estos grandes ejemplos, las mejores villanas de la pantalla son las siguientes (por favor contribuyan con las propias!):

1. La enfermera Ratched - Atrapado sin salida - Louis Fletcher 
Maldad psicológica.
En la película de 1975 de Milos Forman, "One Flew over the Cocoo's Nest", conocida en español como "Atrapado sin salida", esta enfermera se lleva el premio a la peor maldita del cine. En la trama, McMurphy, interpretado por Jack Nicholson en uno de sus papeles más recordados, se hace pasar por enfermo mental para evitar ir a prisión. Así acaba en un centro psiquiátrico donde la enfermera en jefe, Mildred Ratched, es un personaje frío, cruel y autoritario. Es una mujer que no se altera ante nada, así sean muestras de locura extrema de los problemáticos internos del hospital. Llama la atención la inexpresividad del rostro de la enfermera, interpretada por Louis Fletcher, quien se llevó el Oscar a Mejor Actriz por este papel.  Su uniforme, de un blanco inmisericorde, e incluso su ropa de calle, de un riguroso negro. Todo en ella expresa severidad y nada compasión. La película se centra en el la lucha de "poderes" entre McMurphy, como interno que intenta despertar a los demás ante las injusticias que sufren, y la enfermera Ratched, quien no tiene piedad con medicamentos, estrictos cuestionarios, en fin, una conducta que, psicológicamente, es más dura para los enfermos -y para el espectador- que un golpe o un insulto. La atmósfera impuesta por Ratchet puede ser resumida en una palabra: represión. Una represión que se traduce en amenazas y que lleva a uno de los internos a suicidarse por temor a que su madre sepa que tuvo algo con una chica. Esto finalmente llevará a McMurphy a intentar ahorcar a la enfermera, a quien culpa de todo. El final: una linda lobotomía. El final, con el indio escapando del hospital luego de una proeza de fuerza, es un punto aparte. Por cierto, esta es una de las únicas tres películas de la historia del cine que se llevó el Oscar en las 5 categorías principales: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actriz y Mejor Guión Adaptado (las otras dos son "Sucedió una noche" en 1934 y "El silencio de los inocentes" en 1991).


2. Annie Wilkes - Misery - Kathy Bates
Obsesiva fanática.
Otra ganadora del Oscar por un rol de villana. En la película de 1989, basada en el libro de Stephen King, Kathy Bates interpreta a Annie Wilkes, una trastornada ex enfermera -¡otra vez una enfermera!-, fanática de los best sellers del escritor Paul Sheldon (James Caan), quien es famoso por haber escrito una telenovelesca saga cuyo principal personaje es Misery. Pero Paul Sheldon tiene la desgracia de sufrir un accidente en una localidad apartada entre la nieve y, más aún, de ser rescatado por Annie, quien lo mantiene prisionero en su casa, sobre todo al enterarse que en el manuscrito que acaba de terminar Sheldon Misery muere. Así, lo obliga a volver a escribir el libro, resucitar a Misery, mientras lo hace sufrir una extraña estadía donde la violenta locura y obsesión de Annie se entremezcla con gestos de amor de una fan ante su ídolo. La escena más perturbadora, además de la violenta resolución, es cuando Annie le rompe los pies a Sheldon con un mazo de construcción. Un toque especial es la mascota de Wilkes: una cerda enorme llamada Misery.

3. Diana - V: Invasión extraterrestre - Jane Badler
Líder extraterrestre.
Esta villana nos perturbó con su maldad durante buen tiempo en la serie ochentera "V: Invasión Extraterrestre", donde unos aliens con figura humana llegaban en son de paz y terminan siendo repitles disfrazados con la intención de colonizarnos y experimentar con nosotros. La resistencia, liderada por el personaje de Mark Singer, los combate como puede pero siempre la maquiavélica Diana, especie de General de los "Visitantes" en la Tierra, tiene una carta bajo la manga. Una líder que no solo come ratones como si fueran una Burger, sino que no tiene reparos en secuestrar humanos, experimentar con ellos, cruzar las razas y matar a quien se le ponga en el camino. Una villana de niñez para mí, para recordar por siempre. Siempre fue alucinante en esa época ver a una bonita actriz arrancarse el pellejo de la cara para que quede a la vista una lagartija de ojos verdes realmente espantosa. Además, hay que destacar el trabajo de la actriz Jane Badler. En el remake de 2010 pusieron en el papel de "Diana" a una hermosa mujer con buena pasta de villana, pero nunca como la original de Badler. Un añadido: la voz "electrónica" que tenían los visitantes hacía a Diana aún más aterradora y despreciable.

4. Catherine Tramell - Bajos instintos - Sharon Stone
Sharon y el picahielo.
Una película que se ha vuelto de culto, y no solo por las escenas de sexo y sensualidad que son tan conocidas. La trama psicológica es bastante buena y en ella destaca la protagonista femenina interpretada por Sharon Stone: sensual, enigmática, sórdida. El protagonista, interpretado por Michael Douglas, apodador "Tirador", cae perdidamente ante la lujuria que le despierta esta sospechosa que supuestamente asesina a sus amantes en pleno acto sexual con un pica hielo. La truculencia de Catherine tiene a ambos -espectador y protagonista- seducidos y alterados durante la mayor parte de la película, sin saber si es culpable e incluso convenciendo de que si lo es, poco importa. El final y quién es el asesino es lo de menos al culminar el film: lo importante es que Catherine deja a "Tirador" luego de haberlo usado para inspirarse en su último libro. Villana por donde se la mire. (Hay que decir también  que en la secuela el mito se cae: nunca debieron hacerla).

5. Pris - Daryl Hannah - Blade Runner
Psicótica y  bella replicante.
Esta "replicante" es una de mis villanas favoritas. En la obra maestra Blade Runner (1982) de Ridley Scott, basada en la buena novela de Philip K. Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" (1968), un joven y bella Daryl Hannah hace sus pinitos en el cine con el papel de uno de los peligrosos replicantes (seres artificiales que imitan al ser humano llegando a ser virtualmente indistinguibes) que el "Blade Runner" Deckard (Harrison Ford) debe cazar en un mundo futurista que, después de 30 años, no parece tan futurista después de todo. Se nos muestra una cultura y publicidad oriental dominando el mundo en 2019, con una óptica donde la imagen llama la atención todo el tiempo sobre la realidad y la capacidad de percibirla. En ese contexto un tanto asfixiante y oscuro, la belleza de Pris sirve como el canto de sirena que engaña para servir a los fines de los replicantes y, finalmente, en un encuentro con Deckard, y en una especie de defensa de su "amor" por Roy, el líder replicante, termina recibiendo un tiro. Igual, su belleza (su modelo de replicante era "de placer"), sus patadas acrobáticas, su carácter de ser artificial que produce y tiene emociones, son y serán inolvidables. Luego, Daryl Hannah, ya mayorcita haría otra villana para el recuerdo, como "la enfermera" (¡otra!) del parche Ellie Driver, en la saga Kill Bill  de Tarantino.

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BONUS TRACKCruella De Vil - 101 Dalmatas - Glenn Glose
"Odiante" de animales.
¿Qué puede ser más malvado que odiar a los perritos? Esa es Cruella De Vil, del clásico de Disney "101 Dálmatas", e interpretada en carne y hueso por la genial Glenn Close. Realmente despreciable y terrorífica malvada que creo que se valía un Bonus Track. Además, Glenn Glose es una gran villana: hay que recordar su papel como Alex, en "Atracción fatal": ¿qué puede ser más aterrador que una amante que se obsesiona mortalmente de un hombre casado que ha sido infiel con ella?

martes, 6 de septiembre de 2011

El Ojo y la Cámara (Fotos x 5)

En el último post, que fue bastante bien recibido por los amantes del arte, que al parecer son mucho más de lo que uno imagina, hice una lista de mis pinturas favoritas. Así que para esta vez me dije por qué no de mis fotos favoritas. Cierto que el “universo” se reduce mucho más, y mis conocimientos de fotografía, al menos de las fotos que existen, son bastante más reducidos –todavía más- que las de arte. Pero todos tenemos nuestros favoritos, sepamos mucho o poco, y de eso se trata este blog: poder seleccionar un pedazo de realidad (como lo haría un fotógrafo con su lente), y destacarlo. Para recordarlo, por supuesto. Para compartirlo. En estos tiempos donde nos vemos bombardeados por información de todos los frentes, donde estamos sobrealimentados de datos, videos, imágenes y textos, hacer una lista es reconfortante pues permite separar la paja del trigo y luego el trigo bueno del trigo premium, por así decirlo, y quedarnos con ese trozo de universo con el que nos quedaríamos para siempre. Y ese universo es el nuestro, por supuesto, construido con los años, con nuestro aprendizaje emocional, sentimental, cultural, y mediático, por qué no. Nosotros somos dueños de ese universo. Y nosotros somos los amos de las listas que hagamos del mismo: los highlights de nuestra existencia.

En esta lista de fotos, he puesto mis favoritas, que no siempre son por razones sublimes, como se puede apreciar en las fotos de guerra (algo así como la fascinación que genera Guernica, digamos). He dejado bastantes de lado, también icónicas, también que me gustan mucho, desde la famosa foto de la niña de National Geographic, que luego fue fotografiada de adulta, con la misma penetrante mirada de ojos verdes. O la foto del hongo atómico o aquella del Che Guevara que ahora adorna, para bien y para mal, miles de camisetas alrededor del mundo. El horror no siempre ha sido transmitido en guerras, al menos no tradicionales: cómo olvidar las fotos de la gente cayendo desde lo alto de las torres gemelas para escapar de las llamas y de la asfixia.  Incluso aquella foto de Iwo Jima, donde los soldados estadounidenses supuestamente coronan la cima con la bandera de su país, cuando luego se descubrió que todo fue un montaje.  Y qué decir de Neil Armonstrong en la Luna, o la foto en la que se ve el planeta Tierra desde el espacio. Y el deporte también está presente, con aquella famosa foto que reveló la mano de Dios de Maradona en 1986 o el mega oom a la oreja de Evander Hollyfield, momentos después de que Mike Tyson se la arrancara de un mordisco. Y siguiendo con el box, esa foto del primer round de la segunda pelea Ali vs. Liston donde se ve al mítico boxeador gritándole a Liston caído en la lona . En fin, hay demasiadas, ahora que lo pienso. Aquí mi lista de favoritas más un bonus track polémico. Los aliento a que compartan las suyas.


1. Behind the Gare St. Lazare, París - Henry Cartier-Bresson

Tomada entre las rendijas de la cerca
con su legendaria Leica.
Me encanta el trabajo de Henry Cartier-Bresson, considerado el padre del fotoperiodismo y cofundador de la mítica agencia Magnum junto a Robert Capa y David Seymour. También fue fundamental en el desarrollo de la llamada “fotografía de la calle”, pues esperaba, con su Leica en mano, en plena ciudad a que “el momento decisivo” ocurriera. La fotografía que aquí reproduzco es una de sus más famosas y en ella se expresa a la perfección este concepto, que desarrolló en su libro homónimo de 1952, cuya portada ilustró Matisse. Sobre esta foto el fotógrafo dijo: “Sucede que yo estaba con mi cámara viendo a través de una rendija de la cerca que rodeaba este lugar en el momento exacto en el que el hombre saltó”. En una entrevista de 1957, Cartier-Bresson expresó sobre “momento decisivo”: “Existe una fracción de segundo creativa cuando tomas una fotografía. Tu ojo debe ver una composición o una expresión que la vida misma te ofrece, y tú debes saber, con intuición, cuando disparar la cámara. Ese es el momento en que el fotógrafo es creativo. ¡Oh! ¡El momento! Una vez que lo pierdes, se va para siempre”. Otras de las imágenes que quedan en mi memoria son todas las que tomó al cubrir el apoteósico funeral de Ghandi en 1948. Un verdadero maestro.

2. El Beso del Hotel de Ville - Robert Doisneau

El amor en París. Fue posado, pero no importa.
Fue un encargo de la revista American’s Life sobre los enamorados en París, en 1950. Obviamente lo que consiguió fue una serie que tituló Besos, pero el más famoso, el que trascendió hasta hoy, es este de una desconocida pareja besándose frente al ayuntamiento de la Ciudad Luz. A diferencia del maestro Cartier-Bresson y su “momento decisivo”, esta foto, que en un inicio todos pensaron que retrataba a una pareja cualquiera captada en el preciso instante de su apasionado beso en París, Doisneau le propuso a los protagonistas, estudiantes de arte dramático, darse ese gran beso en ese determinado lugar. Los había conocido en un café parisino. Pero la obra de arte no solo está en captar el momento exacto de un acto irrepetible, sino también orquestar una situación que represente algo más que lo que se ve en la imagen, y eso hizo Doisneau: su serie y especialmente este Beso del Hotel de Ville es un símbolo del amor, de la propia ciudad de París como capital mundial del romanticismo, y acaso toda una época. Por supuesto que es una imagen que ha reportado millones a través del tiempo. Debo confesar que tengo un rompecabezas en casa a medio armar de esta poderosa y significativa imagen. El blanco y negro complica bastante que lo culminé. Algún día lo haré.


3- El hombre del tanque en Tian’anmen (o el rebelde desconocido), 1989 - Jeff Widener

Toda tragedia tiene héroes.
Resulta curioso que Tian’anmen signifique “Puerta de Paz Celestial”. Y acaso fue eso lo que ese anónimo chino quiso reivindicar al pararse temerariamente frente a aquellos tanques en 1989, en una de las instantáneas más famosas de la historia. Valentía, idealismo, desigualdad de fuerzas, fragilidad, coraje, este acto, y sobre todo su documentación a través de la cámara, en un área donde son más los tanques que las personas (4 contra 1), quizá refleje a la perfección una etapa, ese convulso 1989, la China comunista más recalcitrante que hoy, 20 años y trances ideológicos después, es la primera potencia mundial. Cabe señalar que las manifestaciones de los estudiantes chinos tuvieron lugar entre abril y junio de 1989, y que dicha movilización fue violentamente suprimida por el Ejército Popular de Liberación. Se estima que murieron más de 2.000 personas y que entre 8 y 10 mil resultaron heridas. Esta foto fue tomada el 5 de junio y fue galardonada con el World Press Photo de aquel año, aunque fueron 3 los fotógrafos que llegaron a inmortalizar el momento: los estadounidenses Jeff Widener (AP), Charlie Cole (Newsweek) y el británico Stuart Franklin (Magnum, para Time). La historia detrás de la foto que vemos, obra de Widener, es increíble, pues el fotógrafo había sido asaltado por la policía china la noche anterior, llevándose todos los rollos que había tomado de las agresiones. Por eso, al tomar la foto de este hombre frente a los tanques, Widener escondió de inmediato el carrete en la cisterna de un inodoro, con lo que la policía, al registrar la habitación, no pudo encontrarla.

4. Cong Huynh, Vietnam - Nick Ut

La pequeña Kim Phuc en pleno ataque con
Napalm en Vietnam.
Phan Thi Kim Phuc, de 9 años, en el centro de la foto, corre de la escena donde los aviones de las tropas sudvietnamitas han lanzado Napalm, en Trangbang, Vietnam del Sur. Esta foto, tomada por Nick Ut para la Associated Press y ganadora del Premio Pulitzer de Fotografía, es realmente fuerte, trágica, traduce el horror de la guerra y no puedo decir que sea una favorita al estilo de El Beso del Hotel de Ville, pero sí una obra maestra del fotoperiodismo, por lo que transmite, por lo que significa y significó, por lo que aún proyecta: el absurdo de la guerra, lo cruel del ser humano, y, por supuesto, la gran capacidad de empatía y solidaridad que también tenemos los hombres y mujeres del mundo, unidos en nuestro rechazo a imágenes como esta. Cabe decir que Kim Phuc se propuso estudiar medicina en Cuba, aunque fue impedida de hacerlo para hacer propaganda pro-Vietnam durante su juventud. Luego, pudo continuar su carrera y se convirtió en una abanderada del perdón y la lucha contra toda clase de guerras, dando charlas por todo el mundo, como su ensayo “El largo camino al perdón”. Tiene una fundación que se encarga de esta causa, en pro de las víctimas infantiles de guerra, incluso hasta los afectados en la invasión de Iraq de 2003, luchando hasta el presente. Una de sus más famosas frases es esta: “Aún tengo muchas cicatrices en mi cuerpo y sufro mucho dolor casi todos los días, pero mi corazón se ha sanado. Napalm es muy poderoso, pero la fe, el perdón y el amor son mucho más poderosos aún”.

5. Albert Einstein, por Arthur Sasse

Einstein en gesto inmortal.
En realidad estaba molesto
cuando se la tomaron.
Esta foto es un icono de nuestro tiempo. El genio rebelde y loco, el científico que se sale del cuadro y saca la lengua. Y eso fue lo que siempre me llamó la atención de la imagen. ¿Cómo podía sacar la lengua, así como así, este genio? Einstein ha mostrado muchas facetas, pero ¿esta imagen no era ya algo demasiado gráfico? Así que hace ya tiempo me decidí investigar al respecto. Con Internet no es difícil encontrar la realidad del asunto. No es que Einstein estuviera haciendo el payaso, sino que estaba, por el contrario, molesto, verdaderamente molesto. La foto fue tomada en 1951, a la salida de un homenaje a Einstein por su 72 cumpleaños en la Universidad de Princeton. Al parecer, el científico fue acosado por la prensa, y tras pedir reiteradamente que lo dejaran en paz –se dice que repetía “¡Basta ya, basta ya!”- pues no se le ocurrió mejor cosa que sacar la lengua para estropear cualquier fotografía que le pudieran sacar. ¡Así de vengativo era don Albert! Si uno busca la foto original, la cara de Einstein no está “enmarcada”, sino que el protagonista está entre otras dos personas. Luego de publicarse la imagen, el propio Einstein pidió al autor nueve copias para su uso personal. Una de ellas, subastada por supuesto, contiene la dedicatoria del gran científico al periodista de la ABC Howard K. Smith: “Este gesto te gustará, porque va dirigido a toda la humanidad. Un civil puede permitirse hacer lo que ningún diplomático se atrevería. Tu leal y agradecido oyente, A. Einstein ‘53”. Parece que don Albert, una vez publicada la foto, se dio real cuenta de lo que significaba la instantánea: un legado. Y que así se le recordaría, al menos gráficamente, en los años por venir.


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BONUS TRACK
Loyalist Militiaman at the Moment of Death, Cerro Muriano, 1936 – Robert Capa

Polémica foto de Capa.
Tomada en su cobertura de la Guerra Civil Española, también es conocida como la foto del “Soldado caído”. Si bien esta foto ha sido cuestionada por especialistas e historiadores, desde el lugar donde fue tomada hasta sobre la veracidad de la espontaneidad de la toma –se dice que fue escenificada-, sin lugar a dudas ha quedado como una de las fotos más emblemáticas de la historia, y cuyo misterio, por decir algo, no podrá ser del todo resuelto. Se supone que es el momento exacto en el que el combatiente es abatido, y el efecto es realmente devastador y único. Incluso si fue escenificada, el impacto de lo que vemos es tremendo. Me pareció que, controversias aparte, tenía que estar presente en esta lista. También son famosas sus espectaculares fotos del desembarco del Día D en la Segunda Guerra Mundial: impresionantes.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pequeño tour por mis libros de 2010

Estas fechas se prestan para hacer rankings y listas de lo mejor que pasó durante el año. Aquí ya hemos hecho una entrega sobre los hechos que marcaron 2010, pero en este post no quiero hacer listas sobre “los mejor del año”, porque de eso ya se encargan los medios y otras páginas web, y de sobra. Quiero más bien profundizar en el cariz personal de estas listas y comentarles mis lecturas predilectas de este año, sin ser necesariamente libros aparecidos en 2010. Son libros que simplemente leí durante los últimos 12 meses y que quisiera compartir con ustedes, incluso –me encantaría pensarlo así- como una recomendación, para aquellos que no los hayan leído aún o estén buscando algo como lo que voy a reseñar a continuación. Ha sido difícil escoger 5 libros para destacar y recomendar. Podría mencionar ese gran descubrimiento que fue para mí leer Alta fidelidad, de Hornby, que me animó incluso a hacer este blog. O El sueño del Celta, del Nobel Vargas Llosa, un libro fantástico. O los maravillosos cuentos de Asimov en Visiones de Robot, que incluyen El hombre bicentenario. También Diez negritos, de Agatha Christie, que en cuatro horas de lectura febril me hizo ver por fin por qué tanta gente me habla de esa historia. Retomé un clásico como El mono desnudo, de Morris, disfruté de Ubik, del genial P. K. Dick, y en estos días estoy reencontrándome con un viejo amor, con Los desnudos y los muertos de mi querido Mailer. Pero si he de elegir mis 5 lecturas favoritas de 2010, estas son (si han leído algo que los ha emocionado o llenado de una manera particular, no duden: ¡compártanlo!).


1. Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond (1998)

Divulgación científica de primera.
Puede decirse que este libro ganador del premio Pulitzer es una especie de Biblia científica. En su solapa lo venden como “una breve historia de la humanidad de los últimos 13.000 años”, pero yo creo que es más que eso. Su autor, fisiólogo evolucionista y biogeógrafo, busca responder a lo largo de 500 páginas una pregunta que le hizo una vez un político de Nueva Guinea: “¿Por qué ustedes, los blancos, desarrollaron tanto y lo trajeron todo a Nueva Guinea, pero nosotros, los negros, teníamos tan poco ‘cargamento’ propio?”. Esta pregunta se puede extender aún más: ¿por qué fueron los españoles quienes conquistaron el Imperio incaico y no fue Atahualpa quien encerró en un cuarto al rey de España? Diamond, desde múltiples enfoques científicos, que van desde la lingüística, la arqueología, la geografía hasta la virología, alejándose de cualquier tipo de teoría racista o de diferencias biológicas entre los pobladores de los 5 continentes, examina uno por uno, desde la aparición del ser humano como lo conocemos hasta nuestros días, para intentar explicar por qué algunas zonas se desarrollaron más que otras, por qué la cultura se propagó con mayor rapidez en algunos lugares mientras que en otros no llegó jamás o, incluso, retrocedió. Los factores clave de su respuesta son, como dice el título, las armas, los gérmenes y el acero, sustentados en la geografía inicial que encontraron los humanos, la capacidad de domesticar animales y plantas, y, por ende, de establecerse, crecer, tener especialistas en tecnología y lenguas, lo que llevó al comercio, a un orden político-económico y a la propagación cultural. Evidentemente, no puedo transmitir las teorías (y casi comprobaciones) de Diamond en un párrafo, por lo que recomiendo con entusiasmo este maravilloso libro de divulgación científica.

2. Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas (2000)

La literatura del No.
Siempre he sido admirador de Vila-Matas, leyendo sus artículos, quedando fascinado con los temas de sus novelas, pero he de reconocer que, a pesar de haber incluso obsequiado libros suyos, recién durante 2009 pude leer los cuentos de Suicidios ejemplares y la genial El mal de Montano. Así que este año decidí pagar una vieja deuda y sumergirme en el mundo de Bartleby y compañía, que precede en esa línea metaliteraria al propio Montano, en la historia de un escritor que se obsesiona con la no-escritura, que tiene en el personaje de Melville, Bartleby, a su mejor representante. Y así uno va viajando por una serie de notas a pie de página de un libro invisible, aunque no por eso inexistente. Notas a pie llenas de “preferiría no hacerlo”, que versan sobre diversos “autores del No”, desde Walser hasta Salinger, pasando por Rulfo, y también de aquellos que muestran, ya sea en su literatura o en su ideología, esa pulsión creadora que a veces pasa por la mudez o el silencio, como el propio Melville, quien, en carta a Hawthorne, escribe: “Es maravilloso el no porque es un centro vacío, pero siempre fructífero. A un espíritu que dice no con truenos y relámpagos, el mismo diablo no puede forzarle a que diga . Porque todos los hombres que dicen sí, mienten”. Hermoso libro, lleno de guiños literarios y teorías, en donde solo del No puede surgir la verdadera literatura. Una delicia para leer.

3. Lo que vio el perro, de Malcolm Gladwell (2010)

Antología de Gladwell y sus teorías.
Ya el año pasado había leído un libro de este periodista que se ha hecho más que famoso con sus artículos y reportajes en The New Yorker: Blink, o de cómo, según nuestra experiencia, sabemos las cosas en tan solo dos segundos. Historias recopiladas por Gladwell donde desarrolla la teoría de que pensar espontáneamente, basados en el instinto y en la experiencia, es más provechoso que tomar decisiones meditadas, muchas veces distorsionadas por prejuicios o demasiada información. El también autor de The tipping point y de Outliers: historia del éxito (o de por qué unos tienen éxito y otros no), sacó este año lo mejorcito de sus reportajes del New Yorker en una antología de lujo, donde Gladwell señala: “El truco para encontrar ideas consiste en convencerse de que cualquier persona o cosa tiene una historia que contar. Ese es el desafío, más bien, porque resulta muy difícil”. Y Gladwell lo consigue pues sabe “mirar con ojos ajenos”. Sus historias, reales todas, llenas de datos y estudios, van desde el secreto del "Encantador de Perros" hasta por qué existe solo un tipo de ketchup y muchas decenas de mostaza; desde por qué asociamos genialidad con precocidad hasta a quién elegimos cuando no sabemos a quién elegir. Gladwell es de esos bestsellers que vale la pena leer.


4. El Planeta de Mr. Sammler, de Saul Bellow (1969)

Bellow, de mis favoritos.
Ya lo he dicho aquí: Saul Bellow es de mis escritores favoritos, ganador del Nobel, además. Me quedé maravillado con Herzog, al punto que me dio una pena enorme terminar ese libro de infinitas páginas. Luego siguió El legado de Humboldt, con similar resultado. Este año le hinqué el diente a otra de sus obras maestras y salí igual de feliz. Ganadora del National Book Award de 1970, El planeta de Mr. Sammler es, como otras obras de Bellow, una meditación sobre la civilización occidental, especialmente la norteamericana, y los cambios que van aconteciendo en ella, reflexionando en especial sobre su futuro. Hay nostalgia por el pasado, sorpresa por el desenfreno del presente e interrogantes sobre lo que vendrá, en una historia que bien puede tocar las mismas fibras en 1969 que en 2009. Ya lo han dicho algunos críticos: “la obra de Bellow es a la vez eterna y despiadadamente contemporánea”. Despiadado y contemporáneo, sí. Baste un botón: “El individualismo no tiene interés si no sirve para extender la verdad (…) que la mayor parte de las formas de existencia personal parecen estar desacreditadas y que existe un peculiar anhelo de no ser”.

5. La soledad de los números primos, de Paolo Giordano (2008)

Ópera prima sobre la soledad.
Su autor no llega a los 30 años (tenía 26 cuando publicó este libro). Es licenciado en Física Teórica y esta, su primera novela, ha cautivado con premios y ventas astronómicas. Un libro construido casi matemáticamente, pero invadido por una sola protagonista: la soledad. Giordano lleva el ánimo de los números primos gemelos, esos que están separados apenas por un número par, como queriendo tocarse a través del infinito sin poder hacerlo jamás, a dos vidas, las de Alice y Mattia, que arrastran desde la niñez el dolor y la soledad, que pudiendo complementarse, pues son de alguna manera iguales, sufren un distanciamiento infranqueable, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43, digamos. No exageran los reseñistas al decir que este es un libro perfecto, digno de un narrador experto. Los rasgos psicológicos son protagonistas en la narración, sólida como una roca, como la soledad que lo envuelve todo. Un libro triste, aunque sutil, pero que, al menos en mi caso, me reveló unas ganas de poder hacer que el número 18 desaparezca del mapa y que el 17 y el 19 puedan, por fin, ser correlativos, por decirlo de alguna manera. Más allá de determinismos casi matemáticos, la felicidad está en nuestras manos, aunque la protagonista reflexione: “luchar contra ciertas partes de nuestro ser es imposible”. Para eso está la lectura, creo, para cambiar, o para tener ganas de hacerlo.

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Bonus Track
Auster, siempre Auster

Génesis austeriana.
Todos los años intento leer al menos un libro de Paul Auster, no solo porque me encanta, sino porque tiene miles. El año pasado fueron Experimentos con la verdad y Mr. Vértigo. Este año le tocó a uno de sus primeros libros: La invención de la soledad (1982). Aquí empieza a construirse eso que conocemos como “obra austeriana”, luego de que muriera el padre de Auster y este empezara a escribir su “Retrato de un hombre invisible” y luego el “Libro de la memoria”, en una búsqueda que engarza memoria y escritura, teniendo como telón de fondo la paternidad y la muerte. Un libro doliente, donde el autor se pregunta “¿En qué momento una casa deja de ser una casa? ¿Cuando se cae el techo?, ¿cuando le quitan las ventanas?, ¿cuando las paredes se desmoronan?, ¿cuando se convierte en un montón de escombros?” para luego, como respondiendo de alguna manera, señalar: “Incluso cuando consigo avanzar un poco, no estoy muy seguro de hacerlo en el rumbo correcto. El hecho de que uno vague por el desierto no quiere decir que necesariamente haya una tierra prometida”. Un libro de autodescubrimiento, pilar de mucho de lo que después escribiría Auster, que nos permite descubrirnos un poco a nosotros mismos en el trayecto, juntos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Cinco canciones para mi muerte

Primera lista y para hacer un link entre el homenaje a Alta fidelidad y este blog comencemos por una lista que se propone en el libro: las canciones que pondrías en tu funeral. Las que menciona el protagonista son One love, de Bob Marley, y Angel, de Aretha Franklin. A riesgo de que se rían de mí, aquí mis 5 elecciones en orden de preferencia (hagan click para ver-oír la versión en youtube):

1. In my life, The Beatles.
Una canción que me trae muchos recuerdos y que me pone la carne de gallina. Me gustaría que me recordaran así.(With lovers and friends I still can recall/ Some are dead and some are living/ In my life I've loved them all).





2. Algún lugar encontraré, Los Rodríguez.
De cuando Calamaro empezaba a dejar su huella personal en España. No puedo evitar querer que cuando muera me gustaría escuchar (simbólicamente, porque en la práctica seguro pondrían algo del cancionero de misa oficial de cada domingo) algo que realmente me produjera nostalgia y me apachurrara el corazón, si yo pudiera estar ahí para escucharlo, claro está. (Será que las cosas no vuelven al mismo lugar/ pero igual algún lugar encontraré/ pero igual igual no tengo a dónde ir).


3. Pictures of me, Elliot Smith.
Start, stop and start. Muerto en 2003 por dos puñaladas aparentemente autoinflingidas, Elliot Smith siempre luchó contra la drogadicción, el alcoholismo y sobre todo la depresión. You’ll the victim of your own dirty tricks.Todas sus canciones evocan ese sentimiento de melancolía que me gustaría escuchar en mi funeral. (So sick and tired of all these pictures of me / Completely wrong/ Totally wrong).

4. Perfect day, Lou Reed.
Drink sangria in the park, and then later, when it gets dark, we go home. No hay nada más que decir, más allá de que puede ser la más obvia de la lista, quizá junto con la de Beatles. (Just a perfect day/ You made me forget myself/ I thought I was someone else/ Someone good). NOTA:especial atención a la versión en vivo con Elvis Costello, no dejen de hacer click).

5. No soy de aquí, Facundo Cabral.
Casi un himno de un coplista de los de antes. ¿Algo cursi? Quizá, pero tenía que poner un aire de esperanza al final. Qué difícil resulta escoger cinco canciones melancólicas para alguien melancólico. ¿Por qué canciones tristes y no más alegres? Obvio: porque el muerto soy yo. (No soy de aquí ni soy de allá/no tengo edad ni porvenir/y ser feliz es mi color de identidad).

BONUS TRACK
Amanecerá y los últimos que quedaban se irán/y esta vez soy yo el que se queda en silencio y en soledad/no importa pues la noche no tiene principio ni tiene final, en rigor de verdad la fiesta ya terminó...
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Encore (si me obligaran a elegir 10)
Pictures of you, The Cure.
Cuando un amigo se va, Alberto Cortez.
Algo contigo, la versión que sea.
Los dinosaurios, Charly García.
The times they a-changin', Bob Dylan.