miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pequeño tour por mis libros de 2013

Este año este blog ha estado medio inactivo pero no podía dejar de publicar nuestro tradicional post de libros y compartir lo que para mí fueron los mejores títulos que leí este 2013. Ojo, son los mejores libros, nuevos o antiguos, que pude leer este 2013, como las versiones de 2010, 2011 y 2012. Seguramente hay mejores libros este año que no he leído y por lo tanto no salen en la lista y otros que son de otros años que recién he podido leer. Sirva siempre este post como una sincera recomendación libresca. Lamentablemente no me di el tiempo para leer “Limónov”, del gran Emmanuel Carrère, sobre un político y escritor ruso real, y de paso sobre la historia “no oficial” de la Unión Soviética. Sin duda es la novela que más me han recomendado durante este año pero empezaré con ella apena empiece 2014, por lo que es probable que la veamos en este ranking el próximo diciembre. Otra que no he podido leer hasta ahora es “Contarlo todo”, del peruano Jeremías Gamboa, y estoy seguro de que las expectativas serán satisfechas. La leeré en estas fiestas.

Uno de los mejores libros que
leí este 2013. La película me gustó
también.
De los libros que sí puedo hablar, que no entran en la lista oficial, pero que recomiendo también con fervor, son los dos tomos de la antología de cuentos de zombies de J.J. Adams, con lo mejorcito de la literatura de este apasionante género, desde Max Brooks hasta Robert Kirkman, pasando por otros genios y premiados escritores de muertos vivientes. Otro libro que no puedo dejar de mencionar es Cloud Atlas (El atlas de las nubes), de David Mitchell, una obra que entrelaza seis historias en diferentes momentos históricos y la trama invisible que hay entre ellas. “Mitchell escribe como si fuera una máquina de sueños”, se ha escrito sobre esta novela. Altamente recomendable, lástima que la película de los hermanos Wachoswski haya tenido tan malas críticas: a mí me gustó la cinta a pesar de todo. Finalmente otra que no entró en el ranking pero que aconsejo mucho es “El amor de mi vida”, de Rosa Montero. La periodista y escritora española reúne sus artículos alrededor de los libros, la literatura, los escritores… el amor de su vida. Narraciones con datos interesantísimos, buenos análisis y recomendaciones sacadas de la manga por Montero.

Vamos, entonces, con la lista. Y no se olviden: ustedes, ¿qué libros leyeron este año y los recomendarían sin dudar?

1. El teatro de Sabbath – Philip Roth
Una de las mejores novelas de Roth.
Quizá la mejor novela que he leído de Philip Roth hasta el momento, ganadora del National Book Award de 1995. Y eso que otras que he podido leer son realmente geniales como "Pastoral americana" o "La conjura contra América". "El teatro de Sabbath" cuenta la historia del sátiro titiritero Mickey Sabbath, setentón que se resiste a abandonar los placeres que le ha proporcionado durante toda una vida el sexo y la lascivia. Histriónico y delirante, desenfadado y vulgar, Sabbath es tan creativo como libidinoso y en la historia de su vida no solo presenciamos su desmesura, sino también los miedos humanos más profundos, la vejez, la muerte, el ocaso de la sexualidad, la realidad judía, los dilemas del amor, del matrimonio, de la fidelidad y de las convenciones sociales. Un mapa de lo políticamente incorrecto. “Si uno va a leer un solo libro de Roth en toda su vida propongo El teatro de Sabbath como puerta de entrada. Novela bestial en todo sentido, celebrada por Harold Bloom y James Wood”, ha escrito Rodrigo Fresán. Para qué decir más.


2 HHhH – Laurent Binet
Atentado a Heydrich, los que lo
llevaron a cabo y la obsesión del autor.
“Ficción de una historia, historia de una ficción”, se titula la reseña de esta gran novela que a continuación les dejo, publicada por Jerónimo Pimentel en la revista Buensalvaje. Creo que es inútil intentar reseñar yo el libro de Binet sobre el atentado contra Heydrich en Praga -si es que es hay que resumirlo tan injustamente a eso- cuando alguien ya lo ha hecho de manera intachable. Sí quiero decir que es un libro que te absorbe, que te deslumbra, que te inquieta, que te hace compartir las dudas del propio autor, que va y viene en su intento por no ficcionar, que afirma y luego se retracta y luego se vuelve a rectificar. Y se disfruta mucho y se admira a un autor que duda pero que en la duda, acierta. Un ser vivo que va construyéndose paso a paso en la escritura y, lo más rico, luego en la lectura. Como dice Pimentel, “la doble empresa de Binet tiene resultados opuestos: su historia triunfa, lo que significa que su lucha contra la ficción fracasa. Para el lector, esto es una doble recompensa”. Aquí la reseña en buensalvaje. 


3. Cuna de gato – Kurt Vonnegut
El desenfadado estilo de
Kurt Vonnegut.
Este libro era una deuda pendiente con el genial autor de “Matadero 5”, “El desayuno de los campeones”, “La pianola” y “Un hombre sin patria”. (Otra deuda pendiente que aún no saldo con Vonnegut es “Galápagos”). Por fin este año pude hacerme con la nueva edición, ilustrada por Liniers, y salí feliz. Es una parodia ambientada en la República de San Lorenzo, un típico “país bananero”, una isla en la que el protagonista -periodista y narrador- llega con la misión de terminar un relato que empezó al investigar qué hacían norteamericanos prominentes el día que explotó la bomba en Hiroshima. Su pesquisa lo lleva a la familia de uno de los padres de la bomba atómica y las intrigas de los Hoenikker lo llevan San Lorenzo, donde se encuentran todas las respuestas, incluyendo una religión profética, el bokononismo, y un estado gobernado por un dictador con los tornillos sueltos, pero sobre todo una creación aun peor que la propia bomba de Hiroshima: el hielo nueve. El absurdo es un poderoso hilo conductor en una historia que nos revela, con crudeza, la estupidez humana y los cuentos que estamos dispuestos a tragarnos para seguir vivos en una sociedad que no se sabe hasta cuándo podrá continuar. En la contraportada de esta última edición podemos leer lo que escribió el New York Times al respecto: “El momento de leer a Vonnegut es justo cuando se empieza a sospechar que nada es lo que parece. No solo divierte: electrocuta. Y se lo lee con un placer enorme porque te pone los pelos de punta”. Y los ojos bien abiertos.


4.  El pequeño salvaje – T.C. Boyle
Ficción sobre el caso del "salvaje
de Aveyron",
Joya del norteamericano T.C. Boyle basada en la historia real del “salvaje de Aveyron”, un pequeño niño encontrado en los bosques franceses a fines del siglo XVIII, caso en el que se basó también Francois Truffaut para su película homónima de 1970. Boyle, con recursos narrativos sólidos, nos muestra, a través de acciones y cambios, la dura lucha del doctor Itard por civilizar a Víctor, el salvaje. Y en esa difícil empresa el lector se ve enfrentado a preguntas sobre la condición humana: ¿Nace el hombre como una tábula rasa listo para que la sociedad escriba en él sus normas, susceptible de ser educado? ¿O es la sociedad una influencia corruptora? La noción del “buen salvaje”, tratada antes en ficciones como “Tarzán” o “El libro de la selva”, puesta a prueba al máximo. Prometo un update de este breve acercamiento a la novela pronto. Si lo ven en las librerías –lo ha publicado Impedimenta- no duden en comprarlo y leerlo.


5.   Guerra Mundial Z – Max Brooks
Los zombis como pretexto
para abordar nuestra
humanidad.
Este lo leí a principios de año, bastante antes del estreno de la fallida película protagonizada por Brad Pitt, que poco tiene que ver con la gran novela escrita por Max Brooks, un especialista en el tema zombie, que ya antes nos cautivó con su “Guía de SupervivenciaZombi”, de la que hablamos en  nuestroranking del año pasado. Escribí una reseña de este libro para la revista buensalvaje hace unos meses y es mejor dejarles con ese texto. Si no la han leído, lean la novela. Les gustará. Los zombies son solo un pretexto para hablar de cosas que nos tocan a todos:

“Novela. Max Brooks es un experto en el tema. Su Zombi. Guía de supervivencia (2003), un minucioso manual instructivo en caso sobrevenga una hecatombe de muertos vivientes, fue un éxito de ventas. En 2006 publicó Guerra Mundial Z: Una historia oral de la Guerra Zombi, otro bestseller instantáneo, hoy por fin en español y próximo al estreno del film, con Brad Pitt a la cabeza.
Brooks le da a su retrato de la Guerra Mundial Z (GMZ) una verosimilitud hipnótica vía testimonios y documentos de los «Años oscuros». A través de diversas voces reconstruimos el antes, durante y después de un conflicto que casi acaba con la raza humana: desde los primeros brotes y los intentos por encubrirlos, hasta el «Gran Pánico», la «Guerra Total» y la recuperación de un mundo distinto al que conocíamos. El protagonismo recae no en los zombis, sino en quienes vivieron para contarlo: nos hablan de tú a tú, cada uno desde su perspectiva: científicos, médicos, políticos, militares, empresarios y hasta astronautas que atestiguaron todo desde una estación espacial.
Esta no es solo una «historia de zombis». Es un relato extrapolable a nuestra realidad. Con las reacciones de las grandes naciones y de los ciudadanos ante una situación tan extrema, Brooks nos muestra las grietas más insospechadas de nuestra sociedad, de nuestro way of life y de nuestra propia humanidad. Destacan las puyas a los dirigentes mundiales, a las agencias de seguridad, a los intereses económicos que priman sobre las personas; críticas que no esperamos en una novela de muertos vivientes. «Un insólito relato tan difícil de creer como difícil de rebatir», se ha dicho de GMZ. Los zombis son una excusa, el paisaje de fondo de problemáticas más profundas: ¿Cómo enfrentaríamos una situación límite? ¿Quiénes sobrevivirían? ¿Cómo respondería nuestro instinto ante el miedo? ¿Con valentía o cobardía? ¿Soportaríamos la desesperanza de la posguerra? GMZ versa sobre el alma y lo que estamos dispuestos a enfrentar para protegerla. O no tan dispuestos. Quizá los zombis ya están entre nosotros y no nos hemos dado cuenta”.


* EN PROCESO 
La hija del sepulturero – Joyce Carol Oates
La gran J.C. Oates.
Estoy terminando La hija del sepulturero, de Joyce Carol Oates –una escritora que hace rato debería ser Premio Nobel-, y no podía dejar de escribir algo de este libro, a pesar de no haberlo terminado aún (probablemente lo haga antes de que termine este 2013). Trata la historia de la familia Schwart, alemanes que huyen de los nazis en 1936 para recalar en Estados Unidos, donde el padre de familia, ex profesor de colegio, termina encargándose del cementerio de un pequeño pueblo, ya convertido poco a poco en un ser amargado y paranoico. La protagonista, su hija Rebecca, llega muy pequeña a América y se enfrenta con los prejuicios locales contra los judíos y, a la vez, contra los alemanes, en plena época de pre-durante-post guerra. La niña, despojada de manera trágica de toda su familia, y quizá para su bien, emprende “una peregrinación por la América profunda”, que la lleva a replantearse su vida y su forma de ver el mundo, a dominar sus emociones, que están cargadas de odio, insatisfacción, resentimiento, a través del erotismo, el amor y el trabajo duro, en una interminable búsqueda de su real identidad. Es un libro fuerte, desgarrador y por sobre todo muy humano. La fuerza narrativa de Oates es adictiva, te taladra el cerebro a la vez que te llena de emoción. Su capacidad de profundizar en lo que pasa en el corazón y en la mente de sus personajes, así como de retratar su entorno, es realmente admirable: te deja sin aliento. Es una novela larga pero ya estoy en el tramo final. Cierro con una cita de The Herald: “Novelistas como Updike, Roth, Wolfe y Mailer compiten por el título de Gran Novelista Americano. Pero quizá ellos se equivocan. Tal vez el Gran Novelista Americano es una mujer”.

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BONUS POÉTICO
Al norte de los ríos del futuro

Poesía y ciencia ficción
para volar.
El año pasado puse en mi top 5 “La ciudad más triste”, de mi gran amigo Jerónimo Pimentel.  Una novela que impacta por su cuidado y exquisito uso del lenguaje para introducirnos, a través de la ficción, en el paso de Herman Melville por Lima, retratándonos, en el camino, una ciudad que amamos y odiamos y que, a pesar del paso de los siglos, podemos aún reconocer tanto tiempo después de la visita del autor de Moby Dick. En aquella oportunidad, colgué una crítica externa de la novela, porque me es imposible ser imparcial, dada la amistad que hay detrás. Un año después de “La ciudad más triste”, Pimentel regresa a la poesía y publica “Al norte de los ríos del futuro”, un libro que es unánimemente elogiado por los entendidos que se han manifestado sobre él. Por lo mismo, por no poder ser imparcial y también por no ser la poesía mi fuerte, los dejo con el link del blog Poema Inútil, de otro gran poeta, José Carlos Yrigoyen, donde analiza a detalle esta nueva entrega de Pimentel. Altamente recomendable la lectura del libro de Jerónimo y, por supuesto, de la crítica sobre él en el blog de Yrigoyen. De los pocos libros que se han salvado de su telúrica crítica, dicho sea de paso. Aquí la reseña en Poema Inútil, “Enalabanza del Yo Totalitario” 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Los mejores 10 del fútbol

Inspirado en una pregunta del Facebook de mi amiga Mónica Kuljich, y ya viviéndose el calor del mundial, propongo brevemente una lista de los mejores jugadores que han vestido la camiseta número 10 (o jugado en esa posición). En este ranking no entran cracks de top 10 como Ronaldo, Romario, Muller, Beckenbauer... Nos ceñimos a los 10 del fútbol mundial. ¿Nos olvidamos de alguno?

El rey Pelé.
1- Pelé
No solo el mejor 10, sino el mejor jugador de todos los tiempos en mi humilde opinión, así el fútbol en su época haya sido distinto, más pausado, con otra "configuración". Tres mundiales y más de 1.000 goles hablan por sí mismos. El rey es Pelé.


"D10S".
2. Diego A. Maradona
El otro grande que se disputa la corona como mejor jugador de todos los tiempos. Su talento solo sacó a equipos que sin él no hubieran llegado ni a la mitad de lo que llegaron, como el Nápoles y la selección argentina de 1986 campeona del mundo y la de 1990, subcampeona. El Pelusa fue, en efecto, el D10S, en una época en la que el fúbtol empezaba a cambiar, a dinamizarse, a volverse más trabado. La mejor zurda de la historia.


Zizou
3. Zinedine Zidane
'Zizou' se hizo realmente famoso con sus goles en la final de Francia 98, pero su juego, desde juvenil si uno ve los videos, hasta su etapa de gloria con el Real Madrid, fue deslumbrante, fino, grácil, efectivo, goleador. Un 10 de definición de diccionario, con liderazgo, garra y fútbol a la vez. De su mano, Francia casi vuelve a campeonar, en una final dramática por penales contra un equipo inferior como el italiano. Revolucionó el fútbol francés. Lástima que en 2002 una lesión nos privara de su juego en esa nefasta primera fase (ese último esfuerzo en el tercer partido no fue suficiente). Un genio del fútbol.


3 Balones de Oro consecutivos 83-86.
4- Michel Platini
El actual presidente de la UEFA era el astro del fúbtol francés por excelencia antes de la aparición de Zidane (y los viejos recuerdos del goleador Just Fontaine y su récord tanto tiempo imbatido). Un 10 con pase gol, pero con poder anotador también. Elegante, cuando jugaba de local parecía que el Parque de los Príncipes había sido nombrado así en su nombre. Campeón de Europa con Francia a principios de los 80, también fue protagonista de partidos históricos de los mundiales, como aquella definición en semifinales de España 82 con Alemania en penales con cambios de marcador de infarto. O la eliminación a Brasil en cuartos de final de México 86, partido que Pelé llamaría luego "el partido del siglo", y nuevamente un partidazo con Alemania, siempre con Platini como protagonista y presente en el marcador (incluso fallando un penal, como todos los grandes). Tres balones de oro consecutivos (83, 84, 85). Para qué más. (Si hubiera ganado un mundial, quizá estaría por encima de Zidane?)


5. Lothar Matthaus
El jugador con más partidos mundialistas de la historia.
Motor de esa máquina alemana que campeonó en Italia 90. El jugador que más partidos mundialistas ha jugado en la historia, uno más que Maradona. El capitán más importante de la historia del fútbol alemán después de El Kaiser Beckenbauer. Uno de los primeros miembros del club de los 100 partidos. Don de mando, tiro de larga distancia, pases milimétricos, al final de su carrera elegante líbero (pases desde atrás que terminaron en gol, como contra Bolivia en 1994), Mathaus se ha ganado este puesto a pulso.


6- Lionel Messi
La pulga y sus récords goleadores.
Su carrera aún no termina, y ya está en los tops de todos. Se debate incluso si es mejor que Maradona y Pelé. Para mí, es temprano para decir eso, más aún si no ha logrado a nivel selección lo que ha logrado a nivel personal con sus récords goleadores. Es un delantero que funge como 10 y un 10 que funge como delantero, así de versátil es. Ojalá brille en Brasil 2014. Su puesto definitivo en la historia depende de los años por venir.


7- Zico
Zico, con Brasil y el "Fla".
Otro de los 10 mágicos del fútbol mundial, en una época que tenía otros astros como Platini. Fue el 10 de esa selección maravillosa de Brasil en los 80's, que sin embargo no llegó a ganar nada en los mundiales que disputó. Jugador con una técnica exquisita, de tiros libres mortales o goles de malabarista (uno de sus goles de taco-escorpión en Japón es recordadísimo), Zico es un 10 clásico, que marcó más de 800 goles, cifra astronómica, y fue elegido mejor jugador del mundo en 1983. Leyenda.


8- Roberto Baggio
Comandó a Italia en EEUU 94
"El Divino" es recordado como es jugador diferente que marcó con la camiseta número 15 en Italia 90. En EEUU 94 ya era una estrella indiscutible del fúbtol mundial e Italia le debe a él solo haber llegado a dónde llegó, luego de su gol salvador de último minuto contra Nigeria. En 1993 obtuvo el Balón de Oro a mejor jugador europeo, el best Fifa World Player y el RSS a mejor futbolista del año. Otro genio como Platini y Zico que no ganó un mundial (y que tambíén falló un penal decisivo). Para los amantes del fútbol, los goles, la personalidad y la finura de Baggio en el campo compensan cualquier título no ganado. 27 goles con la selección de su país, 314 en total en toda su carrera.


9- Dennis Bergkamp
Lo principal de Bergkamp es que era un sueño verlo jugar. Un disfrute absoluto. El ratón Ayala todavía debe estar con dolor de cintura en ese gol de ensueño que Dennis hizo para eliminar a Argentina en Francia 98, con un control del balón con el pecho impresionante y una cachetada hacia las redes. Otro gol impresionante de Bergkamp fue con la camiseta de su Arsenal querido, el famoso autopase en el area, propio de un contorsionista. Con su selección no logró lo que Cruyff o Robben -llegar a la final del mundial- o lo de Gullit y Van Basten -ser campeón de Europa-, pero su clase, su estampa de 10 lo mete en el ranking (Gullit podría estar perfectamente).


10- Teófilo Cubillas
Aunque parezca que lo pongo por ser peruano, no lo es. 10 goles en 2 mundiales (en España 82 no marcó) hablan por sí mismos, solo superado por jugadores de la talla de Klinsmann, Ronaldo, Klose o Muller. Los goles de Cubillas fueron famosos en todo el mundo, el mejor diez de la selección peruana y de los que más brillaron en los mundialesde los años 70, 78 y 82. Dueño del récord de máximo goleador de la liga portuguesa por 30 años hasta que el brasilero Jardel se lo arrebatara en a fines de los 90's. Un jugador que demostró en las grandes lides mundialistas su clase.





Bonus Track:
Michael Laudrup y Enzo Francescoli

Dos 10 que no pueden estar ajenos a un ranking de este tipo. El 10 danés, que pasó por Barcelona y Real Madrid, así como por mundiales, derrochando clase, es uno de los más importantes. Precisamente en 1986 se enfrentó, en un partido donde ambos anotaron, al Príncipe Francescoli, héroe de niñez de Zinedine Zidane, de lo mejor de sudamérica con Maradona, Messi, Cubillas, Rivaldo, Rivelino (si es que fue 10 del todo), Zico y otros. Jugador que hacía goles de todas las facturas, desde vaselinas hasta tijeras, chalacas y tiros libres. Laudrup y Enzo, dos cracks.



jueves, 25 de julio de 2013

Libertadores y Champions: solo 7

Dinho hace historia al final de su carrera.
Solo le falta ser campeón del Mundial de
Clubes para haberlo ganado todo.
Ronaldinho Gaucho acaba de ser el estandarte del Atlético Mineiro en su campeonato de la reciente Copa Libertadores 2013, frente al Olimpia paraguayo. Este título hace que "Dinho" esté cerca a haber ganado todo: Supercopas, Ligas, Mundial, Libertadores, Champions... Solo le falta el Mundial de Clubes, que tentará a fin de año frente al Bayern Munich de Guardiola (y Pizarro, quien lo supera en la tabla de goleadores sudamericanos en copas europeas por largo -solo le ganan al Bombardero Messi y Di Stefano).

Este título además lo convierte en el séptimo jugador en ganar la Libertadores y la Champions en su carrera (y el único Balón de Oro en conseguirlo). Repasemos quiénes son los otros seis.

1) Cafú.
El mítico lateral de la selección brasilera, campeón del mundo en Estados Unidos 94' y Japón-Corea 2002, fue bicampeón de la Libertadores en 1992-1993 con ese Sao Paulo mágico dirigido por Telé Santana y con jugadores como Palinha, Rai y Zeti. Luego, recaló en el A.C. Milan, con el que fue campeón de la Champions en 2007. Por si fuera poco, es el único jugador del mundo que ha jugado tres finales consecutivas de un mundial.

2) Dida
El arquero brasilero, símbolo de la selección brasilera durante varios años, consiguió el campeonato de la Libertadores frente a un equipo peruano: en aquella recordada final entre Sporting Cristal y Cruzeiro de 1997. Luego, con su selección, fue campeón del mundial de 2002 con Cafú y Ronaldinho, y en su equipo, el A.C. Milan levantó la orejona de la Champions en 2003 y luego en 2007 también con Cafú.

3) Roque Junior
También campeón del mundo del 2002 con "Dinho", Cafú y Dida, Roque Junior fue campeón de la Copa Libertadores tres años antes, en 1999, con el Palmeiras, luego de ganarlo todo en su país: la Copa Paulista en 1996 y la Copa de Brasil en 1998. Roque Junior un año después del mundial, en 2003, levantó la Champions junto con Dida con el A.C. Milan.

4) Carlos Tévez
El "Apache", que últimamente ha jugado en el Manchester City con alguna resistencia y acaba de ser contratado por la Juve, salió de Argentina en 2004 luego de haberlo ganado todo con Boca Juniors en menos de dos años: la Copa Sudamericana 2003, la Copa Intercontinental, el campeonato de su país en 2003 (le faltó la Supercopa de ese año, que perdió frente a Cienciano), y por supuesto la Copa Libertadores. Pasó al Corinthians de Brasil, donde ganó el Brasileirao de 2005, partió a Europa para salvar al West Ham del descenso y llegó a los Red Devils del Manchester United, donde levantó muchas copas: la Premier League 2008 y 2009, la Community Shield 2008, la Football League Cup 2009 y la Champions 2008. Finalmente, ganó el mundial de clubes ese año, curiosamente el título que le falta a Ronaldinho (aunque a Tévez le falta el Mundial, una presea aún más deseada).

5) Walter Samuel
El rudo defendor argentino salido de New Old Boys de Rosario ganó la Copa Libertadores en 2000, en un campeonato recordado por ser la primera final de Libertadores que jugaba Boca luego de 22 años de ausencia (esa década la marcaron los triunfos de Carlos Bianchi). El jugador que luego partió a Europa y pasó por importantes equipos recaló en el Inter de Mourinho, donde completó este doblete de oro Libertadores-Champions cuando el equipo de "Mou" le ganó la final al Bayern Munich en el Santiago Bernabéu en 2010, diez años después de aquella Libertadores para los xeneizes.

6) Juan Pablo Sorín
Luego de un excelente campeonato mundial juvenil Sub-20 de 1995 con Argentina, donde fue campeón, fue  contratado inmediatamente por la Juve de Turín, alternando en el equipo que campeonó la Champions 1995-1996. Luego, regresa a Sudamérica para ser titular en ese River Plate soñado de Francescoli, el Burrito Ortega y Hernán Crespo, dirigido por el Pelao Díaz, donde fue campeón de la Libertadores.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pequeño tour por mis libros de 2012


Me recuerdo a mí mismo que este blog no ha dejado de existir y que merecería quizá un poco más de mi atención para su actualización permanente cuando llega diciembre y el momento de escribir el post que más me gusta: Pequeño tour por mis libros del año. Ya lo hice en 2010 y 2011, y ahora para no romper la tradición lo hago con este año señalado por los supersticiosos como el último de nuestra existencia. Solo quiero recordar para quienes no leyeron las listas de los años anteriores, que este tour de libros se refieren a los mejores libros que he leído yo, el autor del blog, este año, sean de hace 50 años como del año en curso. Son los mejores que he leído durante los últimos 12 meses y quiero compartirlos con ustedes, como una suerte de recomendación (humilde, por supuesto).

Mi selección es más obvia este año que los anteriores, desde que incluye dos libros fresquitos y reconocidos. La completan un libro inclasificable de un autor bastante mencionado en este blog y un libro peruano de este año que, más allá de que el autor sea mi amigo, es brillante y todo un placer para el lector. Además, está un libro interesantísimo y a la vez atemorizante, que devoré en pocos días.

Antes de pasar a la lista, quiero destacar otras lecturas que no entraron, pero que serían libros súper recomendados por cualquiera, supongo. Este año, impulsado por la lectura del número 3 de la lista y la historia de Melville, emprendí la deliciosa aventura de releer “Moby Dick” y, para intentar captar toda su esencia, la locura de hacerlo en paralelo en español y en su idioma original, el inglés. Locura, porque es una novela escrita con arcaísmos del inglés y términos marinos que incluso traducidos son difíciles de entender. Pero la aventura sigue. Ya estoy por terminar ambas versiones, que fui intercalando por capítulos. Maravillosa experiencia con Ismael, Ahab y la ballena. Otra lectura que quisiera destacar es esa joya que es “Nuestro amor es como Bizancio”, antología de poemas del noruego Henrik Norbrandt. También me encantó "Formas de volver a casa", de Zambra y leí el clásifo del periodista alemán, GunterWalraff, "El periodista indeseable" (su caracterización de diferentes personajes para develar la verdad periodística es increíble). Otro libro que recomiendo es "Un día en la vida de Iván Desisovich", del Nobel Alexander Solzhenitsyn. Finalmente, compartir mi fracaso en leer “Bajo el volcán”, de Malcolm Lowry, que he dejado a la mitad, pero que pienso retomar apenas pueda. ¡Vaya libro para seductor y a la vez duro de leer! Mi error: leerlo durante un viaje. Lo guardaré para cuando tenga tiempo para leerlo de tirón en tirón. Finalmente, decir que he empezado a leer por fin “Los ángeles del infierno”, de Hunter Thompson, y está siendo una gran experiencia conocer y hasta convivir junto a Thompson y su periodismo gonzo la realidad de los temidos motociclistas californianos. Sin más, a la lista.

Del autor de "Las correcciones",
"Libertad" fue considerada una de las mejores
novelas de 2011.
1. Libertad (2011) – Jonathan Franzen
Como escribió en su reseña Juan Carlos Méndez en la revista Buensalvaje (1), destaca que Franzen haya elegido este título para una historia donde los protagonistas están encarcelados. Aquí el mérito es volver lo local y puntual en universal: una familia del medio oeste norteamericano atrapada en su disfuncionalidad nos hace sentir, sin embargo, identificados. Como dice el clisé, es una “radiografía de nuestro tiempo”, personal y social, pero quizá sea la mejor forma de resumirlo. Walter, un padre emocional y económicamente pobre. Patty, una madre y esposa freak, que se casa a pesar de estar enamorada del mejor amigo y eterno competidor de Walter, Richard, el rockero maloso. Es una historia de represión, de jaulas psicológicas, de falta de comunicación, y finalmente de traiciones hasta cierto punto comprensibles. Un iceberg que oculta mucho debajo, revelado por la pluma de Franzen con maestría a través de un narrador, como recuerdo que escribió Méndez, “despiadado con sus personajes”. Y es que no se cuenta y evidencia, se muestra. A través de varios cientos de páginas, se muestra una suma de elementos puntuales que finalmente conmueven y perturban en un todo que se arma en la cabeza del lector. “Libertad” no es la típica novela que dice A+B=C. Cuenta una historia que a primera vista puede parecer simple –padres disfuncionales, triángulos amorosos, familias que fingen- por la complejidad de su especificidad –el rockero, el aburrido, la rara-. Pero esa mezcla de simpleza y complejidad hace que “Libertad” nos sacuda. Que el sueño americano parezca un chiste. Que sintamos profundamente el fracaso, la cadenas y, finalmente, por qué no, la libertad.

La editorial Impedimenta,
traída por Los Heraldos Negros a Perú,
nos permite disfrutar de las joyas de Lem.
2. Vacío perfecto (1971) – Stanislaw Lem
Ya el año pasado incluimos en lalista “Fiasco”, de Lem. Una obra de ciencia ficción donde el hombre intenta comunicarse con una civilización extraterreste y, a la par, nos muestra las limitaciones de nuestra humanidad. Lem es conocido mundialmente por sus obras de ciencia ficción, especialmente por “Solaris”, llevada dos veces al cine. Pero también era, un poco como Asimov, un hombre de ciencia. Algunos de sus libros son en realidad manifiestos científicos –esos, por desgracia, no están traducidos al español-. Pero sobre todo es un hombre increíblemente imaginativo. Este “Vacío perfecto” es un libro que reúne reseñas de libros que no existen. Que son imaginados por la mente de Lem desde la pluma de un reseñista que pondera, juzga y cuenta. Literatura pura, pero literatura específicamente de la creación: de nuevas ciencias, mundos,  lenguajes, literaturas, versiones de la Historia, sistemas filosóficos, cosmogonías. Usted nómbrelo. Uno de los libros reseñados habla de una nueva versión de Robinson Crusoe en la que el protagonista compensa su soledad con personajes salidos de su imaginación. Otro habla de una sociedad en la que ya no existe el sexo. Hay una historia maravillosa de cómo un grupo de nazis recrea en Argentina la Francia del siglo XVII. Otra, “Do yourself a book”, es un bestseller que propone a los compradores alterar a su gusto las tramas de las novelas famosas. O “Being. Inc.”, donde una empresa configura toda la vida de sus clientes, despojándola de espontaneidad. Y ahí está el puente entre esta obra de Lem y su ciencia ficción: en su capacidad imaginativa. Todos los libros reseñados en “Vacío perfecto” tratan, de una u otra manera, de la creación de nuevos escenarios, formas de pensar o de existir. La primera reseña es sobre la propia “Vacío perfecto”, de Lem, en donde el reseñista-narrador cuestiona si Lem escribió solo prólogos por falta de capacidad e imaginación para terminar los libros. Nos queda claro que no es así.

Melville y Lima en la primera
novela del poeta peruano,
Jerónimo Pimentel. 
3. La ciudad más triste (2012)  - Jerónimo Pimentel
Sé que no puedo ser objetivo sobre este libro. El autor es un gran amigo. El resultado, en mi poco objetivo parecer, es el mejor libro peruano que he leído este año. Y de lejos. Un libro que no solo recrea literariamente el paso de Herman Melville por Lima, la ciudad más triste, con un cielo blanco, como si se tratara del paladar del leviatán que inmortalizaría Melville y obsesionaría a Ahab. Es un libro cuyo lenguaje es tan importante –o más- que la historia misma. Un lenguaje que no solo recrea un intercambio epistolar, una época, una ciudad y unos habitantes: es un lenguaje que vive. Pocas veces he leído una novela que me genere tanto placer leer por el simple y llano lenguaje. Y que me haya dejado tantas imágenes memorables (dignas del poeta que es Pimentel). Qué puedo decir. Me parece un libro brillante. Pero como no puedo ser objetivo, como ya dije, les dejo la reseña de Philip Winter, publicada en la revista Buensalvaje:

“Blanco, el color de la pureza. Al menos para la mayoría. Pero para Herman Melville, el blanco invocaba el horror. También propiciaba una ambivalencia cetácea: en Moby Dick, el espasmo o el asombro van de la mano –cinco dedos siempre sujetos a un arpón–, sensaciones propiciadas por una feroz ballena blanca, un leviatán dispuesto a devorar el mundo. Esa visión inmaculada que debería redimirnos, ahora nos enfrenta a nuestro sentido de la existencia. La muerte blanca desciende, tarde o temprano, sobre nosotros.
Para Jerónimo Pimentel, un profundo y minucioso lector de la obra de Herman Melville, la ballena siempre estuvo ahí. El saldo de cuentas de esa obsesión se llama La ciudad más triste, su primera novela luego de tres poemarios y un libro de prosas. El arpón se convierte en una pluma que perfila una ciudad tragada, colindante con el mar. Lima, la ciudad-ballena.
Aquí Melville dialoga con su colega Nathaniel Hawthorne mediante cartas. Pimentel se vale de la licencia epistolar para ponerse en la mente de Melville. El objetivo: adentrarse, una vez más, en las entrañas del cetáceo, desentrañar el misterio del paso de Melville por Lima en diciembre de 1843, escala sobre la que se sabe casi nada. Melville incursiona en la ciudad como quien supera las barras de unos anillos concéntricos. Las capas se develan y un Melville alucinado expone su radiografía de la condición humana con frases como esta: «Qué poca cosa es un hombre en el Perú; es tan evidente su fragilidad ante la magnitud despótica de la geografía que lo contiene». Hay también peripecias, una fuga de la cárcel y un terremoto, contados a través de reflexiones, diálogos y una variedad de recursos literarios. En fin, es una novela. Pero al lector le quedarán, sobre todo, sus imágenes. Sus devastadoras y resplandecientes imágenes, labradas con oficio por un poeta que, en el fondo, es también un narrador a secas. Porque el tono y la atmósfera densa de este libro son una virtud. Su lenguaje es una realidad en sí misma. Una ambición simbólica sobre una ciudad real y a la vez fantasmal. Un guiño a la forma de la ballena que vendrá por nosotros”.

Marías volvió con fuerza, con este libro,
considerado por muchos el mejor
del año pasado.
4. Los enamoramientos (2010) – Javier Marías
Javier Marías es uno de mis autores favoritos. Novelas como “Mañana en la batalla piensa en mí”, “El hombre sentimental” o libros como “Salvajes y sentimentales” (sobre fútbol) y “Vidas escritas” (biografías-cuento de escritores), han sido acompañantes fieles en provechosas horas de lectura. Luego Marías se propuso la titánica hazaña de la trilogía “Tu rostro, mañana”: una novela de 1.592 páginas, tres volúmenes y siete partes; una obra infumable para algunos, y absolutamente genial para otros. No la leí, confieso. Cuando vi que Marías volvía, con “Los enamoramientos”, no pude más que alegrarme. Encima, ganó muchos premios, entre ellos el mejor libro del año para El País de España, por sobre “Némesis” de Philip Roth y la aquí mencionada “Libertad”, de Franzen. Fui corriendo a comprar el libro. La narradora-protagonista es una mujer y vaya que Marías sabe hacer que sus narradores sean absolutamente verosímiles. El hecho de que María, la editora que se enamora del protagonista de una trama detectivesca, sea tan real. Que sus pensamientos sobre el amor, sus dudas, sus cuestionamientos desde su feminidad, sean tan reales, ya es suficiente para decir que este libro es genial. Además está la trama, que atrapa. Y por supuesto ese toque clásico de Marías, que me recordó mucho a “Mañana en la batalla…”, de reflexionar, incluso de filosofar. ¿El amor puede ser ciego hasta en lo más evidente? ¿Estamos dispuestos a todo por amor, incluso matar o morir? ¿Hasta dónde llega la dignidad o precisamente la dignidad se trata de ser fiel a lo que se siente? Son preguntas que uno va sacando de esta lectura rica, entretenida y a la vez profunda.

Si quieres estar preparado
para el apocalipsis zombi, este es tu libro.
5. Zombi. Guía de supervivencia (2003) – Max Brooks
Max Brooks, hijo de Mel, es considerado ya una autoridad en el tema zombi. Este es su primer libro al respecto. Puede parecer un tema iluso o incluso entretenido, pero lo que genera este libro es, literalmente, miedo. Preocupación. Empiezas leyéndolo con despreocupadas ganas de saber sobre los zombis y divertirte un rato y a las pocas páginas te preguntas si estás preparado para sobrevivir si la crisis sobreviene. Es una guía minuciosa, no se imaginan cuánto, para que el lector pueda salir vivo a diferentes tipos y grados de amenazas y brotes zombis. Cómo debes prepararte, qué debes hacer, qué armas tienes que tener a mano, cómo huir, cómo atacar, cómo esconderte, cómo reaccionar ante diferentes escenarios. Por supuesto, cuenta primero de dónde vienen los zombis, el virus “Solanum” que los genera; explica su biología, sus movimientos, sus reacciones: todo lo que se necesita para estar preparado. Finalmente, el libro cierra con una documentada serie de eventos históricos de apariciones zombis, desde Mesopotamia hasta nuestros días. Luego de esta guía, escribió la novela Guerra Mundial Z, próxima a ser estrenada en los cines (aunque con un argumento cambiado). Está de más decir que estoy deseoso de leerla.

Y USTEDES, ¿QUÉ LIBRO QUE LEYERON ESTE AÑO LES PROVOCA RECOMENDAR?

lunes, 15 de octubre de 2012

Lo mejor y lo peor en REMAKES


Ya alguna vez hice algo parecido con covers. Ahora es la versión fílmica, remakes. Elaboré una lista que responde tanto a factores objetivos como a mi nostalgia. Hay otras que pudieron estar, pero han pesado en mí más las referencias personales, quizá. También me he visto amarrado por mi escaso bagaje cinematográfico, pues no he visto muchas de los binomios original-remake que deberían estar, quizá en esta lista. Comentaré solo de las que he podido ver ambas versiones, lo que deja de lado algunas conocidas como “Por un puñado de dólares” (1964), de Sergio Leone (remake no oficial del clásico de Kurosawa “Yojimbo”), la "Gran Estafa" que reunió a Pitt, Clooney y compañía (no he visto la original), Nosferatu de Herzog (no he tenido el placer de verla), “Los infiltrados” de Scorsese, o la siempre mencionada “La invasión de los UltraCuerpos”, por citar solo algunos  ejemplos distintos y de distintos géneros. Hay unos que no pondré porque no son grandes remakes ni tampoco malos, simplemente son cumplidores, como por ejemplo “Charlie y la Fábrica de Chocolates”, que a pesar de ser una buena película, ni Tim Burton ni Johnny Depp lograron superar al Wonka original interpretado por Gene Wilder (ni tampoco la gracia especial que tenían los umpa-lumpas). Y así podría seguir. Mejor pasemos a la lista que, para mí, quedó al final:

1. La cosa (John Carpenter, 1982)
Kurt Rusell en el remake que se transformó en clásico.
Es sin duda uno de esos pocos remakes que ha superado a la versión original. Ya la hemos mencionado en este blog como una de las mejores películas de terror, y es que la obra de Carpenter es completa: suspenso en extremo, efectos visuales loquísimos (y asombrosos para su época), drama psicológico, buenas actuaciones, ambientación. Es una película que captura de principio a fin. Es una verdadera joya. La original, “La cosa de otro mundo”, de 1951, era un thriller intenso, claustrofóbico, y considerado uno de los grandes clásicos del género pero es difícil decir que la versión de Carpenter es inferior y esa es su gran virtud: lo que vemos en pantalla le gana a la nostalgia por el original.

2. La mosca (David Cronenberg, 1986)
La original, serie B. El remake, obra maestra de Cronenberg.
Quien ha visto siquiera un pedazo de la cinta original de 1958 de George Langelaan se da cuenta de inmediato de que es una película de serie B, no muy ambiciosa e incluso cursilona, cuya valía ha ido desapareciendo con el pasar de los años: es de esas películas que envejecen pésimo. En cambio, Cronenberg supo darle corazón, esa extraña mezcla que ya le conocemos entre el horror y el amor. Toda una metáfora de lo que es el amor cotidiano. Sin duda, otra de esas películas que superan a la versión original.

3. Scarface (Brian de Palma, 1983)
Sea mejor o no que la original, es un icono del cine.
Díficil decir qué película es mejor: el original de Howard Hanks de 1932  o esta de Brian de Palma de 1983. Ambas son clásicos del cine. Pero este es uno de esos tributos que salen estupendamente bien, tanto como para ser recordados al nivel de sus homenajeados. El Tony Montana de Al Pacino es ya un icono del cine mundial. El violento guion de Oliver Stone para de Palma, una obra maestra. La escena final de “Say hello to my Little friend”, una instantánea para siempre. Pero no podemos olvidar el modelo en el que se basaron Pacino-Stone-De Palma para hacer este remake memorable: el Tony Camonte de Paul Muni, la inmensa cinta producida por el mítico Howard Hughes.

4. El amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004)
Una relectura actual y dinámica del maestro Romero. Nada mal.
El reto no era pequeño: revivir “Zombie: dawn of the dead”, de 1978, uno de los títulos de culto del género zombi, nada menos que de George Romero, segunda parte de “La noche de los muertos vivientes”. Snyder, que luego haría “300”, le imprime velocidad a los muertos vivientes de Romero (a lo Danny Boyle en “28 días”), dándole una visión propia al escenario: personajes refugiados en un centro comercial rodeado de zombis, un refugio que termina siendo su prisión, con no pocas reflexiones en el transcurso de la trama. Como ha escrito Robert Kirkman, creador de The Walking Dead, son este tipo de enfoques, esos que permiten hablar del ser humano y de sus reacciones frente a situaciones límite, los que hacen a una película de zombis buena. Nada mal este remake de 2004, salvando las distancias con el maestro Romero, claro está.    

5. Déjame entrar (Matt Reeves, 2010)
La original sueca es superior, pero el remake es
una adaptación perfecta para un nuevo mercado.
El original, “Let the right one in”, de 2008, es una película sueca de Tomas Alfredson. Un niño que sufre bullying traba amistad con una niña vampira que vive cerca de su casa, en Estocolmo. En parte policial (el adulto que se hace cargo de la niña vampiro asesina para poder conseguir sangre para ella), y en mucho psicológica (la relación entre la pequeña vampira y el niño transita entre la rareza, el miedo, la frustración y el amor). La versión estadounidense, incluso, iba a ser dirigida por el propio Alfredson, pero finalmente este lo rechazó. El ambiente es similar, así como la trama y el desarrollo. Sin embargo no es un calco que no aporte. Sin ostentar la belleza de la original, es una remake con mucha fuerza, que sigue la trama original, pero que intenta dirigirse a un público más amplio, no acostumbrado necesariamente al ritmo de las películas europeas. Con todo, es una muy buena adaptación de una original a un contexto de idiosincrasia diferente. A diferencia de otros intentos de adaptar una obra europea a una película en inglés, como Vanilla Sky/Abre los ojos, no se cae en el calco absurdo pero tampoco en la corrupción del espíritu del original. Recomiendo ambas versiones (aunque me quedo con la sueca) (También me quedó con la versión sueca de la serie Millenium, frente a La Chica del Dragón Tatuado, de Fincher, dicho sea de paso).

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¿Y las peores?
Aquí hay un sinfín, y ha sido difícil destacar solo cinco. Igual me daré el placer de mencionar algunas recientes como el terrible remake de “La cena de los idiotas (Le Dîner de Cons) de Francis Veber (1999) en versión gringa (The dinner of smucks), a pesar de buenos actores como Steve Carrell y Paul Rudd. Otro caso es el remake gringo de la exquisita comedia inglesa de humor negro, Death at a Funeral, de Frank Oz. En la original tenemos, incluso, al genial Peter Dinklage como el enano (Tyrion Lannister en Game of Thrones), mientras que en la versión afroamericanizada de Neil LaBute con Chris Rock y Martin Lawrence es una lágrima y sin la sutileza de la original. En fin, esas no son las peores, las peores son:

1.  Psicosis (Gus Van Sant, 1998)
El remake más absurdo de todos los tiempos.
Y con peores resultados.
Sin duda se lleva el número 1. Para empezar, fue todo un despropósito siquiera plantearse la idea de hacer un remake de la joya de Hitchcock. Ni siquiera el homenaje (bueno o malo) basta para justificarlo. Ni siquiera si es de la mano de Gus Van Sant. Toma por toma, la cinta es un calco del original, lo que resulta absurdo con un clásico del cine. Además, con actuaciones que no son ni la sombra de las originales.

2. El Planeta de los Simios (Tim Burton, 2001)
La original versus el remake de Burton. 
Debo confesar que cuando me enteré, allá por el año 2000, que Tim Burton haría un remake de una de mis películas favoritas, El planeta de los simios, me entusiasmé. Sin embargo, el resultado fue terrible. Aunque Burton intentó darle un cierto de punto de vista sombrío a la película a nivel sobre todo visual, esta terminó siendo aburrida, predecible e incluso poco verosímil. Una decepción. Este Planeta de los Simios de Burton no aporta nada: ni una nueva visión, ni una reinterpretación, ni una crítica actualizada a la sociedad (tan presente en la versión original), ni una atmósfera de caos apocalíptico, nada. Y ciertamente con un final que parecía abierto (e inexplicable), pero que fue la gota que rebalsó el vaso del fanático de la cinta de 1968 interpretada por Charlton Heston (que por cierto hace un papel pequeño pero importante en esta versión). Lo peor de Burton, de lejos. La única razón para siquiera intentar volver a ver esta película es la belleza de Estella Warren y quizá un poco de la fuerza de la interpretación de Tim Roth como el general de los simios.

3. El día que la tierra se detuvo (Scott Derrikson, 2008)
Bodrio protagonizado por Reeves.
Me remito a lo dicho por Bruce Paterson, de la Asociación de Críticos de Cine de Australia: “La cinta es un triste destino para un sincero homenaje al clásico de Robert Wise de 1951”. Igual, creo que Paterson es demasiado generoso. La original de Wise es considerada una joya de la ciencia ficción y la versión interpretada por Keanu Reeves, una de las peores películas de 2008. El personaje de Reeves, Klaatu, es aburrido y distraído, recordando incluso al Neo de “The Matrix”. Pero más allá de la actuación del protagonista, el mensaje de la cinta original se pierde y se pierde en un argumento poco original y tal como indica el título de la película: lento, estático, que parece haberse detenido, como más de un crítico ironizó. Hay que recordar que la cinta original ganó un Globo de Oro y es preservada en el Registro Nacional de Filmes de la Biblioteca del Congreso estadounidense por ser considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa”. Nada de eso se puede decir de la película de Derrikson, que es más un alarde de efectos especiales que una obra que intenta decir algo sobre el calentamiento global y el fin de la tierra.

4. Arthur (Jason Wyner, 2011)
Bobalicón Russell Brand no le llega ni
a los talones al inigualable Dudley Moore.
Esta me molesta especialmente, como El planeta de los simios, porque “Arthur”, la versión original de 1981 con Dudley Moore y Liza Minelli, es una de mis comedias favoritas de niñez. El millonario borrachín que interpretaba Moore quedó, en manos de Russell Brand y de los guionistas de la nueva cinta, en un bobalicón superficial y aniñado. ¿Un guiño a la irresponsabilidad del Arthur de Dudley? Puede ser, pero lejos de estar a la altura, en esa historia donde Arthur solo puede seguir siendo millonario si se casa con una mujer que no ama, cuando en realidad está muerto por una chica que no tiene donde caerse muerta (Liza Minelli). El humor auténtico de la original es reemplazado por uno simplón, con toques de cursilería, en la nueva versión. Una lástima.


5. King Kong (Peter Jackson, 2005)
Película rescatable, mal remake. Le falta
el corazón de su antecesora.
A pesar de no ser una mala película, es un pésimo remake. El gorila puede ser mucho más real (especialmente si quien le da vida es el genial Andy Serkis, Gollum en “El Señor de los Anillos”) y los actores haber hecho buenas interpretaciones, especialmente Jack Black. La estética puede ser incluso interesante. Pero el corazón de la película, ese sentimiento que te transmite la gran bestia al enamorarse de la chica linda, no se llega a transmitir, quizá por las largas persecuciones y peleas tanto del héroe de la cinta (Adrien Brody) como del mismo animal, en la isla Skull. Y, por supuesto, porque simplemente Kong y la rubia no hacen clic. Como sí hicieron clic, y en gran parte por la genial actuación de Jessica Lange, en la versión setentera. Esto prueba que un presupuesto millonario, alta tecnología e incluso un buen reparto y un gran director no aseguran que un clásico vuelva a cobrar vida, ni siquiera a manera de homenaje. Insisto, no es una mala película, simplemente la original tiene alma y esta no. Eso sí, los primeros 30 minutos de la película son notables.

lunes, 20 de agosto de 2012

Momentos Inolvidables de los Juegos Olímpicos

Pebetero de Barcelona 92'. Fue encendido
espectacularmente con una
flecha (aunque esta, en realidad, no dio en el blanco)

Aún con los Juegos Olímpicos de Londres frescos en la memoria, y con el blog un poco paralizado en los últimos meses, decidí hurgar un poco en mis recuerdos, algunos vistos en vivo y otros en grabación, para resaltar algunos hitos históricos de la historia de los Juegos Olímpicos. Entre la lista bien pudo estar también el símbólico gesto de los atletas afroamericanos que en México 1968 hicieron el saludo del “Black Power” desde el podio, por lo cual el Comité Olímpico los expulsó, el recuerdo del gran Sergei Bubka que si bien no mostró lo mejor de su carrera en las Olimpiadas, es considerado el mejor saltador con garrocha de la historia. O también atletas para el recuerdo, como Javier Sotomayor en Salto Alto. O el equipo de fútbol de España en Barcelona 92. O, claro, el fenómeno Bolt, que ha logrado llevarse las dos medallas de oro en 100 y 200 metros planos, siendo el primer atleta de la historia en ganar en ambas pruebas en dos juegos consecutivos (además de tener las tres mejores marcas de la historia en 100 metros). O, por supuesto, la inauguración de Barcelona 92 con la flecha encendiendo el pebetero. Mi lista final sería la siguiente.

1 Jesse Owens y Hitler – Berlín 1936
Jesse Owens, en el podio como ganador, en Berlín 1936.
La imagen del saludo nazi del atleta de al lado es elocuente.
Es uno de los pocos –quizá el único- que puede decir que hizo lo que quiso frente a Adolf Hitler. En las Olimpiadas de Berlín, diseñadas por Hitler para consolidar la propaganda del régimen nazi, Jesse Owens, americano de ascendencia africana, desafió la creencia del Füher sobre la superioridad física de la raza aria. Owens ganó el oro en 100 metros, 200 metros (récord olímpico), salto largo (récord olímpico) y los relevos 4x100, llevándose 4 medallas de oro en atletismo en un solo juego, algo nunca antes hecho y que no se repetiría hasta 1984, con  Carl Lewis. Owens, entre banderas con la esvástica, hizo desatar la furia de quien comenzaría, poco tiempo después, la Segunda Guerra Mundial. Sus hazañas formaron parte de “Olympia”, la película de la cineasta Leni Reifensthal, conocida por haber ofrecido su talento a la propaganda nazi. Esta demás decir que Hitler, en su ira, no asistió a ninguna de las premiaciones de Jesse Owens.

La perfección hecha atleta: 14 años, 1.50 de altura y 10.0
de puntuación. El marcador no estaba diseñado para marcar
10.0 y marcó en su lugar en 1.00.
2 Nadia Comaneci y la calificación perfecta – Montreal 1976
Su nombre es una leyenda. La gimnasta rumana pasó a la historia de los Juegos Olímpicos a los 14 años, cuando obtuvo 3 medallas de oro, otra de plata y una más de bronce, pero sobre todo por aquella actuación en las barras paralelas asimétricas que fue evaluada por los jueces con un 10.0, la calificación más alta. Aquel fue el primer 10 para una gimnasta en la historia de los Juegos. La anécdota se extiende, además: era tan inesperado una puntuación tal, que el marcador reflejó un “1.00” como puntaje porque, en esos años, no se podía registrar aún dos dígitos para números enteros. Luego de esta rutina perfecta, acumuló otras seis que le valieron un 10 perfecto.

3 Michael Phelps y sus récords de medallas – Beijing 2008 / Londres 2012
22 medallas tiene Phelps. Recientemente
se han puesto en duda las 6 que ganó en
Londres por un tema publicitario.
La historia reciente de los últimos Juegos Olímpicos nos dice que el nadador Michael Phelps es el atleta con más medallas de la historia: 22 (18 oros), tres más que la histórica Larissa Latynina, quien consiguió en toda su carrera olímpica nada menos que 18 en gimnasia artística, 9 ellas de oro, en Melbourne 1956, Roma 1960 y Tokio 1964. Es decir, batió un récord que llevaba casi 50 años. Pero eso no es todo. Phelps, quien ha batido récords mundiales de natación 32 veces, ya había roto otro récord histórico de los Juegos cuatro años antes, en Beijing: en aquella olimpiada ganó 8 preseas doradas en un solo Juego, superando las 7 que ostentaba el legendario Mark Spitz desde 1972.

4 Michael Jordan y el Dream Team – Barcelona 1992
Equipo de leyenda, el Dream Team original.
Lo que ahora se conoce como “Dream Team” en baloncesto, en referencia al seleccionado estadounidense, nació en los Juegos de Barcelona, cuando las reglas olímpicas permitieron la participación de basquetbolistas profesionales. Así, aquella vez fue la primera en que los astros de la NBA pisaron canchas olímpicas. Los logros de los equipos de USA en Londres y en Beijing es destacable, pero nunca tanto como lo conseguido por aquel dream team original, que apabulló a todos sus rivales, ganándoles por 44 puntos en promedio. La final se la ganaron a Croacia por 32 puntos (en Londres, USA ganó por un corto margen a España), y el técnico Chuck Daly nunca pidió un tiempo muerto. Él llegó a decir de este equipo “Era como juntar a los Beatles con Elvis y salir de gira”. Cierto es que el nivel del baloncesto hoy en día es más físico y atlético y que las distancias se han acortado entre la NBA y el resto de equipos del mundo. Pero tener en un solo equipo a 10 de los mejores 50 jugadores de la historia de la NBA es algo irrepetible: Michael Jordan, Scottie Pippen, Karl Malone, John Stockton, Patrick Ewing, David Robinson, Drexler y Mullin. Incluso Larry Bird, que andaba con serios dolores de espalda y se retiró ese mismo año, y Magic Johnson, que llevaba 8 meses en el retiro, destacaron a su modo y por su presencia.  Jordan ya había ganado el oro olímpico antes de su debut en la NBA en Los Ángeles 84’ y este triunfo aumentó aún más la leyenda del más grande de todos los tiempos, al que todavía le quedaban finales de la NBA por ganar. Y forjó la del equipo más soñado que se haya visto, por qué no.

5 Carl Lewis – Los Ángeles 1984 / Seúl 1988 / Atlanta 96
El Hijo del Viento. Ganó 10 medallas olímpicas, 9 de oro. 
Se le conoció como El Hijo del Viento. Y con razón. Ganó en Los Ángeles cuatro medallas de oro, igualando el récord de 1936 de su compatriota Jesse Owens: 100 metros, 200 metros, salto largo y posta 4x100. En toda su carrera ganó 10 medallas olímpicas, 9 de ellas de oro. Su especialidad, además de las pruebas de velocidad, fue el salto largo: en Seúl 1988 fue el primer atleta de la historia en ganar la prueba de salto largo en dos juegos consecutivos. Esta prueba la ganaría también en Barcelona 1992 y en Atlanta 96. Con este cuarto oro en salto largo en Atlanta, se unió al lanzador de disco Al Oerter y al regatista Paul Elvstrom como los únicos atletas de la historia en ganar 4 oros en la misma prueba en Juegos Olímpicos consecutivos, hazaña que aún está imbatida. Queda una pregunta pendiente. Carl Lewis llegó en plena forma a Los Ángeles 1984, pero integraba el equipo para Moscú 1980. El boicotde Estados Unidos a la justa olímpica en Rusia en plena Guerra Fría le impidió participar. ¿Cuántas medallas hubiera podido conseguir El Hijo del Viento si hubiera podido competir en Moscú?

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BONUS TRACK
Abebe Bikila, el maratonista descalzo – Roma 1960
El atleta etíope corrió descalzo la maratón.
La historia de este corredor etíope es sencillamente increíble. Minutos antes de correr en la prueba reina de los Juegos Olímpicos, la Maratón, no pudo conseguir unas zapatillas que lo hicieran sentir cómodo, así que decidió correr los 42 kilómetros de la prueba tal y como había entrenado en su país: descalzo. Mientras corría, Bikila buscaba entre sus competidores al que usara la camiseta 26, pues su entrenador le había dicho que ese número era el que usaría el favorito para la prueba, el marroquí Ben Abdessellam. En el último tramo de la carrera, Bikila vio ante sí a un corredor con el número 185 y pensando que el marroquí de la 26 estaría aún más adelante corrió aún con más energía, hasta sobrepasar al 185 y cruzar la meta sin saber que Ben Abdessellam al final había cambiado de número a 185. Bikila no solo había ganado el oro, sino que batió el récord mundial de entonces. Así, se convirtió en el primer atleta negro en ganar un oro olímpico representando a un país africano. Encima, repitió el plato cuatro años después, en Tokio 1964, convirtiéndose también en  el primer atleta en ganar esta prueba en dos ediciones consecutivas.  Lo trágico de la historia es que pocos años después, cuando el atleta tenía 37 años, quedó parapléjico luego de un accidente automovilístico, condenado para siempre a usar una silla de ruedas. En 2009, se estrenó una película basada en su historia: “El atleta”.