lunes, 24 de enero de 2011

Favoritas de Karaoke

Me encanta ir a los Karaokes. Me encanta cantar, así no lo haga bien (tampoco es que lo haga FATAL, pero no soy Sinatra, obviamente). Últimamente he dejado un poco de ir, pero estoy intentando volver a los tiempos en los que celebraba mi cumpleaños en el sótano del Karaoke Stragos (antes Karaoke Box), o incluso en el que había en el chifa Lung Fung. Y que no cante bien creo que es uno de los pilares del “arte del karaoke”, es el punto: un lugar donde todos aquellos que no cantamos como estrellas podemos soltarnos y agarrar un micro. Si cantáramos como estrellas, seríamos estrellas, supongo. Claro, siempre están los que cantan increíble, pero en general todos cantamos normalito nomás. Este post trata sobre mis canciones preferidas, las infaltables, cuando piso un karaoke, es una elección absolutamente personal, y los que me conocen seguramente habrán podido escucharme (o taparse los oídos) mientras interpretaba alguno de estos temas. Ninguno de ellos es uno “clásico”, de esos que se escuchan cinco veces en una noche, al estilo “Santa Lucía”, “My way”, “Palabras, palabras” o “Pedro Navaja”. Porque hay clásicos de karaoke, esas canciones que todo el mundo siempre pide. Las mías, que seguro muchos piden porque son mostras (ja,ja), al menos siempre las pido yo. No son clásico de karaoke, y espero no se conviertan en eso, porque si no aburriría cantarlas. Aquí van.

1. "En algún lugar", Duncan Dhu



Mi canción top, la más cantada, junto quizá con el Bonus Track. Me encanta Duncan Dhu, y me encanta esta canción, pero sobre todo me encanta como me sale cantarla en el karaoke (aunque para muchos quizá me pueda salir mal), y me encanta la energía que siento al cantarla, incluso el “nanananannaná” final. Es la que pido siempre, la que pido primero, la que me da la confianza, ja.

2. "Strangers in the night", Frank Sinatra



Esta la descubrí hace relativamente poco, hará unos 5 años. Me refiero a que descubrí que resultaba paja cantarla en el karaoke. Siempre me gustó Sinatra, y especialmente esta canción. “My way” no me gustaría cantarla, por ejemplo, pero esta, con esa elegancia y ese romanticismo, y ese “exchanging glances, lovers at first sight”, me atrapa y me ordena cantarla. Además descubrí que no me sale tan mal, quizá porque es un tono grave, no tan difícil. Una vez la cante a dúo con un gran amigo y se convirtió en un clásico instantáneo, al menos para nosotros. Obvio, el “dubi dubi duuuu dadadadaddá” del final también es lo máximo.

3. "Y nos dieron las diez", Joaquín Sabina



Lo que me llevó a cantar esta canción, además de que me encanta, es en primer lugar que no había –ni hay- casi nada de Sabina en los karaokes. Está esta y "La del pirata cojo" y creo que ahí muere el payaso. Y obviamente la del pirata es difícil y no es para cantarla por más divertida que sea. Así que empecé a elegirla, y su estilo rancheril y su historia de amor y desamor y de piedras tiradas contra la sucursal del banco Hispanoamericano terminaron por volverla en recurrente cada vez que agarro un micro. “Fue en un pueblo con mar, una noche, después de un concierto”, es una frase básica para mí en un Karaoke. Además, es una de las favoritas de mi padre, y he tenido la suerte de cantarla un par de veces en karaokes junto a él, en un recuerdo maravilloso que nunca me abandonará, sobre todo porque es raro ver a mi padre en un Karaoke, a pesar de que le encanta cantar (y tocar guitarra). La versión que pongo en este video es apropo: qué mejor ejemplo del espíritu del karaoke que escuchar a Sabina cantarla con Maradona, que canta pésimo, como muchos de nosotros en algún karaoke escondido.


4. "Un velero llamado libertad", José Luis Perales



Otro de mis cantantes favoritos, sobre todo de mi adolescencia pura, sin metal ni rock. Yo era pura balada, lo admito, y las canciones del gran Perales me acompañaron en mis fracasos de adolescente, en mis sueños de pubertad. Puedo pavonearme de decir que me sé prácticamente todas, al menos las que han caído en mis manos, y son más de 150, sobre todo las clásicas (sus últimos dos discos no he podido escucharlos). Hay algunas que me gustan más que esta del velero, pero para cantarla en un karaoke es precisa. Sobre todo porque al cantarla, y sentir mientras escuchas las notas y repites la letra, de verdad te llenas de una gran paz. Yo suelo tener ganas de sonreír cuando la canto, de lanzar una sonrisa y decir ojalá todo fuera así siempre.

5. "Friday I’m in love", The Cure



Una de mis favoritas de The Cure, claro, no tan difícil de cantar, me salga bien o no, no lo sé, pero que provoca entonar, decir es viernes y estoy enamorado, y rajar del resto de la semana, sobre todo porque a los karaoke suelo ir los viernes, perdonen el pobre argumento. Nada, a veces no hay una razón para tener una favorita. Y quizá este sea el caso.

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Bonus Track

Amante Bandido, Miguel Bosé



Como decía, junto con mi número 1, "En algún lugar", esta sea quizá la canción que más canto en los Karaokes. Es más, mis amigos y amigas me la suelen pedir, porque, qué roche, suelo cantarla, cuando estoy en box al menos, con mímicas y toda la vaina. Admiro a Bosé y su interpretación me parece de una elegancia única, y qué puedo decir, el “yo, y tú, tú, y yoooo, sin misterios”, me ganan, me hacen pararme, bailar, “corazón corazón malheridoo”. Obviamente mis amigos me vacilan con la parte de “yo seré un hombre por ti, renunciaré a ser lo que fui”, pero no deja de ser gracioso. También ayuda que mi voz sea grave, y que me salga la canción relativamente bien. Todo sea por el chongo. Así que: “Huracán, huracán abatidooo” y siguiente canción por favor.

lunes, 17 de enero de 2011

¿Buena censura o mala censura? Comerciales de TV

Ya hemos visto un poco de comerciales peruanos de los buenos tiempos hace unos cuantos posts. Ahora se me ocurrió hacer una lista de algunos que han sido censurados (o baneados, como se le dice en inglés), de algunas marcas conocidas y otras no tanto. Son los que más recuerdo, ya sea porque salió la noticia o porque los vi alguna vez en Internet, o salieron en el camino haciendo este post. Fuera de la lista de 5, hay algunos que impresionan, estén bien o mal baneados, si es que de verdad fueron baneados en algunos casos, o solo lo fueron en algunos países, como ese de 7Up, donde se ve a una chica darle un cabezazo a su chico para quedarse con la botella de gaseosa, o este de un vendedor de colchones, de esos típicos comerciales gringos locales, donde sale un pata en la tele hablando y hablando, solo que este tipo ridiculiza y estereotipa a todos sus posibles “compradores”. También un comercial que a mí me parece súper bacan es uno de Nike, donde futbolistas conocidos supuestamente entran a robar una pelota y son interceptados por decenas de samuráis, que fue censurado en USA porque la escena final muestra la muerte del jefe samurái robótico. Finalmente, hace un tiempo en Francia salió una campaña de prevención del Sida, en donde se veía tanto al hombre como a la mujer teniendo relaciones con un escorpión y una araña gigantes, respectivamente, con el lema "Sin preservativo es con el Sida con quien haces el amor". Una buena campaña, me parece, aunque para muchos resultó chocante. Para mí, no, ¡porque es verdad! Bien o mal censurados, buenos o malos comerciales, divertidos o demasiado atrevidos y chocantes, aquí les van algunos. Si saben de alguno bacán, o alguno malazo y bien baneado, pasen el dato, que para eso estamos.

1. Condones y el arrepentimiento



Si bien me parece divertidísimo, y comparto por momentos el sentimiento del creativo así como del protagonista del comercial -¡Ven Herodes!-, es obvia la razón por la que este real pero poco correcto comercial fue baneado. Las razones para usar condones no pueden ser retroactivas. Y no se puede alentar al “arrepentimiento” por tener un hijo en TV, por más insoportable que este se ponga. Creo que en este todos estaremos de acuerdo, a pesar de que algo de malicia podamos tener al verlo. Este otro comercial sobre condones, de Durex, fue censurado también, aunque me parece de manera exagerada. Me parece que dentro de todo está tratado con cierta clase, de una manera divertida. Aquí sí no concuerdo con los “censores” Les dejo el link.

2. Umbro y la pasión por el deporte



Para mí este comercial es un clásico. Es de hace algunos años, y en verdad retrata el tipo de sentimiento que embarga a los fanáticos del fútbol (baste ver la cara de enfermito que tiene el protagonista al final), pero lamentablemente está basado en algo que es para nada correcto: el maltrato animal, así este sea vía computadora. Igual, la primera vez que lo vi no pude evitar reírme y sentirme contagiado por las ganas de conectar esa volea al ángulo. Pero sí, pues, pobre perrito. De ningún modo es un comercial que pueda ser aprobado. ¡Sentimientos encontrados! (es broma, ¡me encantan los perros!).

3. XBox y la “apología” a la violencia



Este del XBox, de Microsoft, me parece bacán. Y me parece que no debió ser baneado, si es que lo fue, pues no estoy del todo seguro. Es verdad que apela “un poco” a la violencia, y que desde la perspectiva de los censores internacionales puede ser visto como “apología”, digamos, pero resulta obvio que apela a lo lúdico, que todo es un juego, incluso la parte donde un señor está hablando por celular hace una seña como diciendo “espera un momento”, y luego, cuando cuelga, recién “hace” que le ha caído el disparo. Es decir, más claro que es un juego, imposible. Aquí pongo el link de otro de XBox que, por el contrario, sí me parece “bien” censurado. Se ve a una mujer dando a luz de manera dolorosísima y su bebé sale disparado por los aires, y a medida que va surcando el cielo va creciendo, envejeciendo, hasta que cae al otro lado del mundo directamente a la tumba, hecho un viejo. El lema: “La vida es corta. Juega más”. Quizá es una exageración, pero al menos puedo entender que se censure por ser “un poquito” fuerte. Les dejo entonces ambos comerciales y uds. sean los jueces.


4. El Bocón, que “no se calla nada” (o la estupidez)



Este comercial es una reverenda estupidez. Porque ni siquiera su supuesta “originalidad” y “desparpajo” es válida, como en otros de los comerciales que aquí pongo. Se supone que el comercial busca destacar la capacidad de los periodistas de El Bocón, que “no se callan nada”. Pero las críticas del papá a su hijo son extremas, estúpidas, sin razón, y lo peor de todo es que el periodismo deportivo, por lo menos el de El Bocón, tiende a ser así: criticar por criticar, hasta cuando los jugadores o equipos lo hacen bien. El lema del comercial y del periódico es “No tiene lectores, tiene hinchas”. Me parece que por el “nivel” de críticas y análisis deportivos, más cercano a la verdad sería decir “El Bocón no tiene periodistas, tiene hinchas”. Qué bien que no durara ni dos días creo al aire.


5. Sprite: la cosas como son


Este me parece que solo fue censurado en su parte final, pero aquí les pongo la versión “sin censura”, como dice el YouTube. Como dice Sprite, “las cosas como son”, y en ese sentido está bien, aunque no deja de resultar un poco fuerte la última escena y la última frase. Recuerdo un panel publicitario en la carretera al sur del año pasado, estoy casi seguro que de Sprite también, donde el modelo sale desnudo y con solo la botella de Sprite tapándole sus “partes pudendas”, con la gaseosa saliendo como geiser a toda máquina. Recuerdo haber pensado “qué faltoso”. Y eso que no soy conservador, ¿eh?

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Bonus Track
Pepsi, Madonna y la iglesia



En 1989, Pepsi sacó al aire y luego retiró un comercial con Madonna, cantando Like a prayer, con la reina del pop viendo un video de su infancia, haciendo alusión a que los sueños pueden ser realidad (Go ahead, make a wish), pues Pepsi “va una generación adelante”. En el video incluso se le ve bailando en un colegio con niñas alrededor y luego con un coro Gospel acompañándola. Al parecer, el Vaticano y la Iglesia pegaron literalmente el grito en el cielo, pues consideraban a Madonna una blasfema, haciendo un uso equivocado de la religión. Además, venía precedido por el antecedente del video de la canción, donde Madonna aparece en una iglesia real, besando a un santo (moreno, además, por lo que sería San Martincito), con estigmas y cruces ardiendo. Un gran error de Pepsi retirar este comercial, que tenía un gran mensaje y un gran personaje impulsándolo. Ahora, 20 años después, vemos algunos resultados, con Pepsi muy por debajo de su eterna rival, Coca Cola.

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Como sugerencia de mi amigo el Negro Cruz –tu regalo de cumpleaños, me dijo él-, me propongo hacer aquí la lista de los 5 libros que me hubiera gustado escribir. Difícil tarea la que me ha puesto el Negrito, hasta ya empiezo a dudar si es un regalo o un castigo tener que elegir 5, solo 5 más su Bonus Track, de entre los libros que hubiera dado cualquier cosa por poder ser su autor. Ojo, no tienen que ser nuestros libros favoritos, sino aquellos que, por temática o feeling, nos hubiera gustado escribir, o que los escribieron otros por puesta de mano y talento y décadas de separación e infinitas diferencias entre los genios que los escribieron y nosotros, viles mortales aficionados a la escritura y a la lectura. He tratado de tomar este criterio para mi elección, y bien han podido entrar en la lista Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking; Robinson Crusoe, de Defoe; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago; Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter Thompson; Las horas, de Michael Cunningham; Habitación en Roma, de Eielson; la obvia Alta fidelidad, de Hornby; Foe, de Coetzee; La carretera, de McCarthy; Soy leyenda, de Matheson, Bartleby y compañía, de Vila-Matas, Muerte en Venecia, de Mann; la saga de Asimov o las crónicas de David Foster Wallace, incluso Las benévolas, de Jonatan Littell, cuyo autor ha dicho que luego de ese libro no volverá ni podrá volver a escribir jamás. Son tantos otros libros que no solo me gustan, sino que me hubiera gustado escribir, que esta podría ser una lista mucho más larga, sin contar aquellos libros que nos fascinan pero que lo último que quisiéramos es pasar por el trance de escribirlos, en mi caso, por poner un ejemplo, cito dos: A sangre fría, de Capote, y La pianista, de Jelinek. Pero puestos a elegir, mis seis preferidos, más bonus tracks (¡no pude escoger solo 5!) serían los siguientes:



1. La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce

Martín Romaña y sus
crisis y su sillón Voltaire.
Tan solo el título me hubiera gustado escribirlo. Resume todo lo que me hubiera gustado poner en una novela. Y vaya qué novela. Divertida, romántica, emotiva, neurótica, entrañable. Ya lo ha dicho hasta Joaquín Sabina, años antes de conocer a Bryce, “si hubiera escrito una novela sería La vida exagerada…”. Una novela que he leído dos o tres veces, ya no recuerdo bien, que me introdujo en el mundo de la lectura más que ningún otro libro de esa época iniciática, acaso salvo por los libros de Julio Verne. Martín Romaña fue y será mi héroe, un anhelado alter ego, que no es mío, pero es, pues, porque somos los lectores los que nos apropiamos de lo que leemos.


2. Herzog, de Saúl Bellow

Escribir cartas mentales,
como Herzog.
Más de una vez he mostrado en este blog mi absoluta admiración por Bellow. Pero es Herzog su novela con la que más me he sentido identificado, aquella que me hubiera encantado escribir, esa que mientras leía pensaba esto lo siento yo, esto lo pienso yo, esto lo hubiera escrito yo. Para empezar, Herzog era un maniático que se pasa la vida escribiendo cartas mentales que nunca enviará, y eso es algo que yo siempre hice desde adolescente, antes de saber siquiera la existencia del personaje de Bellow. ¡Cuántas veces he redactado en mi cabeza cartas de amor que jamás envíe! ¡Reclamos contra compañeros de clase, maestros o empresas telefónicas, o alabanzas o consejos u opiniones a gente de la tele o amigos o mis propios padres, sabiendo que nunca leerían mis más sinceras percepciones, muy correcta y educadamente “escritas”, además! Pues Herzog me hizo ver que no era el único, o que Bellow me había robado 15 años antes de que naciera una magnífico rasgo para un personaje, en una historia que además es una mezcla de neurosis con romanticismo, de desamor y pérdida con razón y apertura. Gran novela y, sobre todo, una que me hubiera encantado escribir.


3. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa

Técnica admirada.
Creo que de Mario Varga Llosa hay más, mucho más de una novela que me hubiera gustado escribir. Pero puestos a elegir, y haciendo la salvedad de que no he leído La guerra del fin del mundo, Conversación en La Catedral, con su riqueza técnica, sus múltiples voces y tiempos, con su Zavalita y el Perú jodido y el periodismo y la cochinada y demás, no solo me dejó perplejo, asombrado, lleno de admiración y de sueños por cumplir y querer vivir, sino que se convirtió en aquella novela que solo un Dios puede escribir. Aunque luego leí La casa verde, que es igual o más técnica que la propia “Conversación…”, esta se mantiene como mi favorita, al menos en el rubro de “Yo quiero ser el que escribió eso”. Leer en una librería: “Conversación en La Catedral, por Armando Bustamante”. Jaja. ¡Todos tenemos derecho a soñar!


4. Moby Dick, de Herman Melville

El mar, el barco, la ballena
y las pulsiones humanas.
A pesar de que no fue valorada cuando fue publicada, la obra maestra de Melville es de aquellos libros que creo que cualquiera hubiera querido escribir. Empezando por la aventura. Al menos en mi caso, siempre me han encantado las historias de barcos, piratas, islas misteriosas, marinos o marineros, y en este caso, balleneros, buscando a la gran ballena blanca, comandados por un loco capitán cojo. Fuera de la historia aparente, los códigos, capas, significados que uno encuentra en la novela, todo ellos hace de Moby Dick una novela fascinante, con uno de los principios más hermosamente escritos que yo recuerde, especialmente la primera página, no solo por el famoso “Pueden ustedes llamarme Ismael”, sino por lo que viene después, como el “con poco o ningún dinero en mi billetera y nada en particular que me interesara en tierra, pensé darme al mar y ver la parte líquida del mundo”, o “cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme al mar lo antes posible. Esos viajes son, para mí, el sucedáneo de la pistola y la bala”.


5. Historia del mundo en diez capítulos y medio, Julian Barnes

Original en su estructura,
placentero para leer.
Uno de los libros más hermosos que he leído nunca. Lo recomendaría, como dicen los gringos, “todos los días de la semana y dos veces el domingo”. El medio capítulo, dedicado al amor, es un texto que cualquiera que esté o haya estado enamorado quisiera haber escrito. Un libro que comienza con el arca de Noé, contado desde la perspectiva de lo que vendría a ser una termita, hasta el propio Paraíso, pasando por naufragios (me encantan las historias de naufragios), incluyendo la historia de La Medusa, que inspira el cuadro de Géricault, uno de mis favoritos y que tuve la fortuna de poder ver en vivo. Como digo, quizá los libros de esta lista no son los mejores, no son de Premios Nobel, pero son aquellos que hubiera dado algo más que un milloncito por haber sido su genial autor. Dentro de la obra de Barnes, también me hubiera encantado escribir El loro de Flaubert, sencillamente genial.


6. Crónicas marcianas, Ray Bradbury

Descripciones poéticas,
ciencia ficción que explora
nuestra humanidad.
Me encanta la ciencia ficción, sobre todo lo que tenga que ver con el espacio. Sin embargo, la razón por la que este libro es una joya que me gustaría haber escrito es por la poesía detrás de su prosa, por el mensaje detrás de las historias que están detrás de Marte, de la Tierra, de las visitas humanas al planeta rojo, de los marcianos y su particular visión, de las expediciones misteriosas. Es como ver una pintura y no dejar de verla nunca. Mirar al cielo y detenerse ahí, entre matices infinitos de colores. En este caso, coincide uno de mis libros favoritos de siempre con uno que quisiera haber escrito. Ahora último, estoy leyendo otro de los clásicos de Bradbury, El hombre ilustrado, un libro con una serie de relatos que conmueven por los sentidos y por el contenido. Si uno escucha a Bradbury, que a sus 90 años sigue teniendo la misma pasión que cuando empezó, no puede evitar enamorarse de la literatura y de escribir. Como dice en el prólogo moderno de El hombre ilustrado, “escribo, escribo y escribo, a las 2am, para no estar muerto”.

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Bonus Tracks

Fallaci y Ribeyro
El trabajo de una vida,
al entrevistar formó parte de la historia

Más allá de las obras maestras o quizá no tan maestras que acabo de mencionar, hay dos libros que hubiera dado cualquier cosa por escribir. Uno, Entrevista con la historia, de la periodista y escritora Oriana Fallaci, cuya vida siempre estuvo marcada por la polémica, pero que se dio maña, en tiempos previos al Internet y a la hiperglobalización, para entrevistar, agudamente además, a prácticamente todos los líderes y personajes importantes del mundo, en épocas particularmente álgidas, entre ellos el Emperador de Etiopía, Kissinger, Willy Brandt, Yasser Arafat, etc., etc. El otro libro es Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro, uno de los libros más sabios y sinceros que he leído jamás. Tan cercano, pero a la vez tan admirable por la profundidad que logra. Te hace creer que tú podrías haber escrito eso, pero es obvio que está hecho con un vuelo por encima de cualquiera de nosotros.

martes, 4 de enero de 2011

Aquellos juegos de mesa...

Hace tiempo que quería hacer este post, pues desde que tengo uso de razón los juegos de mesa, mucho antes que los de video, han estado presentes en mis horas de diversión, infantiles, primero, y adolescentes y adultas, después. No contaré aquí los juegos de cartas, que siempre me gustaron (como la canasta, el ocho loco, el telefunken, el póker), aunque ya no los juegue mucho, o al ajedrez, que no creo que califique como “juego de mesa”, y me limitaré a esos juegos que tienen una bonita caja que, de niño, te llena de ilusión abrir para descubrir –una y otra vez- sus contenidos: tarjetas, tableros, fichas, misteriosos relojes de arena, dados, reglas, libretas para apuntar puntajes, etc. De seguro uds. han jugado juegos de mesa que yo no, o que no he puesto aquí, así que sería genial recordarlos también a través de sus comentarios. Desde ya pongo el parche por algunas ausencias, que de por sí me gustan mucho: se quedaron por poco Scrabble, Clue, Monopolio (aunque nunca me gustó taaanto), Pictionary (que ya está de cierta forma incluido en el número 2 de la lista), Boggle, Escrúpulos y Batalla Naval. Aquí vamos.


1. Quesitos al ataque: Trivial Pursuit

Es mi juego favorito de lejos. Me encanta responder preguntas, elegir categorías, probar mis conocimientos o simplemente aprender, si es que no sé la respuesta. Llámenme nerd, pero sí, quizá por eso también sea fanático de los crucigramas, especialmente los geniogramas difíciles, lo mejor que tiene El Comercio de lejos. Recuerdo que mi primer Trivial lo tuve de muy chico, a los 9 o 10 años, y fue un regalo de mi madrina, que vive en EE.UU., y que siempre traía cosas desconocidas para mí en esas épocas, desde mis muñecos de los Thundercats o un aparetejo llamado GameBoy, hasta estos extraños juegos de mesa que, además, estaban en inglés. El primero que trajo fue un Trivial, y era una “Family Edition”, por lo que unas tarjetas tenían preguntas para adultos y otras para niños, aunque las de niños eran más difíciles por las gringadas imposibles de resolver aquí. Ese trivial lo perdí hace mucho y desde entonces he buscado sin cesar en las tiendas peruanas por un Trivial que no sea pirata, en español. Algunos amigos tienen una versión argentina antigua, que ya no se encuentra, y lo que más se acerca es el Trivial que venden en los mercados, pero que no es lo mismo. He visto por Internet, en inglés, unas ediciones que sería increíble jugar, como un trivial solo de Star Wars, o de Los Simpson, o de los Beatles. En fin, por mientras, si alguien sabe de un dato para conseguir un Trivial original en español, ¡avise!


2. El reto del cerebro: Cranium
El juego para todo el cerebro.

Lo jugué por primera vez cuando una amiga lo trajo de Estados Unidos. Luego, sacaron su versión Latinoamérica, que pude conseguir en Lima. Es un juego genial pues en un solo tablero reúne lo mejor de aquellos juegos que nos encantan: respondes preguntas como Trivial, dibujas como Pictionary, actúas como en las charadas, y hasta resuelves retos ortográficos y anagramas, para poner difícil la cuestión. De ahí el nombre: usas todas las partes de tu cerebro, desde las más lógicas, hasta las más artísticas. Divertido, variado, original dentro de su carácter de “juego que lo reúne todo”, pues no solo dibujas, sino también puede tocarte dibujar con los ojos cerrados o moldear plastilina, no solo actúas, sino también quizá debas interpretar o imitar, o tararear una canción que los otros deben adivinar. De mis favoritos, definitivamente.


3. El arte del engaño y el bluff: Malarky
Inventar las respuestas
puede ser muy divertido.

Este es otro juego que me trajo mi madrina de gringolandia. No he sabido de nadie que lo tenga, pero sí que cada vez que lo he jugado con alguien todo el mundo se divierte. Deberían sacar alguna versión en español o algo. El juego parte de una pregunta, que normalmente son cosas de la vida cotidiana que damos por sentadas pero que nunca nos preguntamos de dónde vienen o por qué. ¿Por qué los lápices son amarillos? ¿Por qué las galletas de soda tienen huequitos? ¿Por qué el cabello sigue creciendo después de la muerte? ¿Por qué se escogió el nombre 7Up para esa bebida? ¿Por qué los perros sacan su cabeza por las ventanas de los autos en movimiento? ¿Por qué no hierve la miel? ¿Por qué el mar es salado? Todos los jugadores reciben una tarjeta que supuestamente contiene la respuesta a la pregunta, pero solo uno la tiene, los demás tienen una tarjeta en blanco que les dice: es tu turno de mentir, de bluffear, de hacer que el resto te crea. Así que el objetivo del juego es ese: cada uno debe dar respuesta a por qué la miel no hierve y hacerlo de manera tan convincente que el resto de jugadores crea que es la verdadera. Al final, gana quien tiene más puntos por adivinar más respuestas correctas (detectando las falsas) y también por engañar mejor a los demás haciéndoles creer que su invención es realidad. Parecido a un juego casero que jugaban mis papás hace mucho llamado “Diccionario”, pues había que hacer lo mismo pero con palabras de significado desconocido.


4. A conquistar el mundo: Risk

El juego de la dominación global.
Uno de los primeros juegos de mesa que jugué fue Risk, una edición de lujo que me regaló una tía. Creo que recién ahí, de chiquito, aprendí los números romanos: I, V, X, que indicaban el número de tropas que uno tenía. El objetivo era lo más seductor que puede haber para el ser humano: conquistar el mundo. Poder. Gloria. Ser Napoleón o Julio César. Una especie de Civilization pero en dos dimensiones sobre una mesa y reducido al campo de batalla. Es claro que la suerte tiene que ver, pues al final los dados determinan los resultados, pero es un juego básicamente de estrategia. Debes saber cómo moverte, cómo posicionarte, cuándo atacar, cómo hacerlo, etc. Tengo un amigo que utiliza una táctica que nunca entendí de acumulación de tropas, que el llamaba “la catapulta”, que seguramente si lee este post intentará explicar. No juego Risk hace mucho, a ver quién se anima para una partidita pronto.


5. Jugando con las encuestas: Outburst

El público tiene la razón.
Se preguntarán ¿por qué no pone Pictionary o Monopolio? Son juegos que me gustan, claro, pero que creo que ya están incluidos en el Cranium (en el caso de Pictionary), o que tampoco me parecían lo máximo (como el Monopolio). Prefiero esos juegos raros, quizá porque marcaron mi niñez, como el Outburst. Otro juego gringo, que venía con un tarjetero con un plástico rojo para poder leer las respuestas de las tarjetas, escondidas tras juegos visuales (algo así como el 3D para mí, en esa época). Y además porque los temas eran divertidos. El juego se basa en una encuesta hecha a la gente de la calle, se registran sus respuestas sobre un tema en particular y esas son las que tienes que adivinar. Algo así como el tablero de 100% fanáticos. Los temas van desde “Películas de Al Pacino”, hasta “Personajes de Tres son Multitud”, “Watergate”, “New York”, “Segunda Guerra Mundial”, “Capitales que empiezan con C”, o “Cosas que encuentras en una librería”. Muy, muy divertido, y sobre todo variado.

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Bonus Track
La trivia gastronómica: ¿Manyas?


Gastronomía peruana en bandeja.
Gracias a un regalo navideño, y no a la suerte con las tarjetas de crédito (que además no uso, no creo en ellas), ya he podido probar el juego patrocinado por Gastón Acurio y otros geniales chefs peruanos (Perú Gourmet). Es una especie de Trivial Pursuit, que en lugar de quesitos tiene banderas del Perú, y tu objetivo es llevarlas a los cinco continentes y, al final, hasta la Luna. En el tablero los colores son categorías, como en el trivial, pero aquí son más sabrosas: “Ricos y famosos”, “Miscelánea y Combinaos”, “Recetas e ingredientes”, “Restaurantes, huecos y huariques”, “Tragos y otros brebajes”, “Historia y geografía”. Y en verdad es un juego difícil. Más fácil resultaría responder sobre literatura o historia contemporánea, pero el ¿Manyas?, dentro de su dificultad, pues no todos sabemos qué es un “pocte” o que existe una cerveza de acho o el nombre de raíces, peces o condimentos amazónicos, busca difundir nuestro amplio bagaje culinario, así como ayudarnos a aprender (aunque quizá, para nuevas ediciones, sería bueno que las tarjetas de respuesta explicaran un poco más los nombres o comidas que no son tan conocidos). Las preguntas van desde qué lleva un triple común, hasta los ingredientes del King Kong, con qué vino se prepara un sudado de gamitana, qué tipo de plato es la Puca Picante, quién es el barman de Ayahuasca o el chef principal de La Mar, en dónde comemos el mejor ceviche de ostras, si la mazamorra es un plato precolonial, o en qué restaurante de Arequipa se disfruta una ocopa hecha con batán. Cinco estrellas para Gastón y compañía (y el BBVA, claro).