martes, 15 de febrero de 2011

Oscar Trivia*

Hace un año empezamos este blog como una manera de pasar el tiempo e intentar entretener a los amigos. Después de estos meses, y habiendo conseguido el humilde objetivo de que una que otra lista propuesta aquí hiciera pasar el rato a quien quisiera visitarla, como una suerte de aniversario, revisito el tema de los Oscar, a pocos días de su entrega. En febrero de 2010, por la misma ocasión, en el segundo post de de5en5, hablamos sobre aquellos Oscar que no debieron ser. Esta vez, y gracias a un interesante libro que cayó en mis manos, he decidido compartir con ustedes algunos datos curiosos o históricos de los Premios de la Academia, que se realizan desde 1929, cuando ganó Wings como mejor película de 1927-1928. Ese año se le otorgó un Oscar honorífico a Charles Chaplin, justo unos años antes de que este entrara a las películas habladas (con grandes obras como Luces de Ciudad, El Gran Dictador o Tiempos Modernos. Desde entonces, para bien o para mal, siendo un referente o no de buen cine, la ceremonia de los Oscar causa expectativa, ya sea para felicitarse por una buena elección o criticar por malos criterios a la hora de dar al ganador. Aquí una especie de homenaje, que quizá por la cantidad de datos disponibles merezca más adelante una segunda parte. Perdonen ustedes la omisión de algunos datos o películas o actores, que pueden ser involuntarios o, por el contrario, por conocidos, he preferido obviar. He dividido en cinco categorías que, al final, creo que han terminado un poco revueltas. Igual, espero que sea de su agrado.



1. PELICULAS

Annie Hall, de Woody Allen, es una de
las dos comedias en ganar Mejor
Película.
El motor de esta ceremonia: la película. Ha habido de todo, grandes ganadoras, grandes perdedoras, pero destaquemos aquí algunos casos para resaltar. Por ejemplo, en 2003, El señor de los anillos: El Retorno del Rey, de Peter Jackson, se convirtió en la primera película en ganar en todas las categorías en las que fue nominada (11 de 11), desde que El último emperador, de Bertolucci, lo hiciera en 1987, con 9 de 9. La obra de Jackson es también la única de la historia de los Oscar con tantas nominaciones pero sin llegar a incluir ninguna en el rubro de actuación (quizá mereció mejor suerte Sean Austin, como Sam). En la misma senda, Cabaret, en 1972, fue la película que ganó más premios en una sola noche (8), pero sin llevarse el de Mejor Película, que fue ese año para El Padrino, que se llevó, además de ese, el de Mejor Actor para Marlon Brando y el de Mejor Guión Adaptado (obviando a Coppola como Director, y a Pacino, Duvall y Caan como Actores Secundarios). Por otro lado, Driving Miss Daisy, en 1989, fue la primera película en ganar el Oscar sin haber sido nominado su director desde los primeros tiempos del galardón, con Gran Hotel, en 1931-1932, convirtiendo, de paso, a Jessica Tandy en la actriz más veterana en llevarse el Oscar a la Mejor Actriz. ¿Y el actor más veterano? George Burns, que ganó a los 80 años por su rol en The Sunshine Boys, en 1975 (vivió 100 años, falleciendo en 1996). Volviendo al tema películas, y pasando ya más a lo temático, en 1990 Danza con Lobos, de Kevin Costner, fue el primer western en ganar Mejor Película desde Cimarron, en 1931, es decir, 59 años después, un gran logro para el renacimiento del género, que se coronó con Los imperdonables, de Clint Eastwood, en 1992. Por otro lado, se dice que las comedias no son del agrado de la Academia, y así lo dice la estadística: solo dos películas de comedia han ganado el máximo galardón: Tom Jones, en 1963, y Annie Hall, en 1977. En cuanto a las películas consideradas “subidas de tono”, es decir, “X-rated”, la única ha sido Midnight Cowboy, en 1969.


2. DIRECTORES

Bigelow es la primera y única mujer
en ganar el Oscar a Mejor Dirección
por The Hurt Locker (2010).
Los directores son los arquitectos de las películas, sus creadores últimos, algo así como el papel de Leonardo DiCaprio en Inception, la gran metáfora de Christopher Nolan sobre hacer cine. Pero no siempre su reconocimiento es acompañado por el que merece su obra. En 2005, Ang Lee ganó el Oscar a Mejor Director por su magnífica Brokeback Mountain, que debió, a mi parecer, ganar también el de Mejor Película, que cayó en manos de la tibiona Crash, de Paul Haagis, que solo ganó tres estatuillas. Esta fue la vez número 19 en que sucede que director y película no coinciden en el galardón. Uno de los ejemplos más memorables de esto fue El Padrino, en 1972, que ganó como Mejor Película, pero no su director, el legendario Francis Ford Coppola (aunque sí, compartido con Puzo, por el guión), que lo ganaría como director 2 años después con la segunda parte (en 1972 lo ganó Bob Fosse, por Cabaret, que acaparó la mayoría de premios). Siguiendo con estos artífices del cine, 1987 fue un año raro para las nominaciones en la categoría director: ninguno fue estadounidense, algo insólito: los nominados fueron Bertolucci (quien ganó por El último emperador), John Boorman, Lasse Hallstrom, Norman Jewison y Adrian Lyne. Por otro lado, ¿el director más joven en ganar el Oscar? William Friedkin, por The French Connection, a los 32 años, que superó al Kubrick de La naranja mecánica. ¿La única mujer en ganar? Luego de la nominación de Sofía Coppola por Lost in Translation, que perdió frente Peter Jackson y su tercera entrega de El Señor de los Anillos, se pensó que no llegaría el día en que una mujer ganara este rubro, pero Kathryn Bigelow logró lo propio en 2010 con la genial The Hurt Locker, ganándole a su ex esposo James Cameron, de Avatar. Para terminar, una curiosidad: Steven Soderbergh es el único director en haber sido nominado al Oscar por dos películas el mismo año, Traffic y Erin Brockovich, en 2000, desde que en 1938 lo fuera Michael Curtiz por Angels with Dirty Faces y Four Daugthers. La diferencia es que Curtiz no logró ganar, mientras Soderbergh sí lo hizo por Traffic, en un año en el que Gladiador se llevó la mayoría de premios, menos el de director, con Ridley Scott.


3. ACTORES-ACTRICES

Dustin Hoffman se llevó el Oscar por su papel
de autista en Rain Man. El rol estaba originalmente
destinado a Tom Cruise, pero Hoffmann lo reclamó para sí.
Empecemos por un dato de esos rebuscados: Susan Sarandon es la única mujer que ha ganado el Oscar interpretando a una monja (Dead Man Walking, 1995). Sigamos con polémicas: en 1992, se dice que el veterano Jack Palance, recordado por celebrar su Oscar de 1991 haciendo planchas en pleno escenario, se equivocó al leer la tarjeta con el nombre de la ganadora a Mejor Actriz de Reparto, dando por victoriosa a Marisa Tomei, por Mi primo Vinny, cuando lo normal hubiera sido que el premio fuera para Vanessa Redgrave, por ejemplo, por Howard’s End, pero todo esto es pura especulación. Por cierto, Palance tiene el record de más años entre una nominación y otra: 38 nada menos.Y ahora, metidas de pata: durante la ceremonia de 2006, la anfitriona Ellen DeGeneres se refirió a Penélope Cruz como mexicana. La actriz española era candidata aquel año a Mejor Actriz por Volver, de Pedro Almodóvar, premio que recaería en Hellen Mirren, por The Queen. Cruz ganaría luego el de Mejor Actriz de Reparto tres años después por su papel en Vicky, Cristina, Barcelona, de Woody Allen. Por el lado de los llamados "perdedores", está el caso de Peter O’Toole, que perdió sus 8 nominaciones, para recién ganar un Oscar honorífico en 2003. O Al Pacino que, en su octava nominación, ganó por fin la estatuilla por Perfume de Mujer en una buena performance que, sin embargo, es vista como una suerte de compensación por los grandes roles con los que nunca ganó, como Serpico, Tarde de Perros o El Padrino I y II. Finalmente, un dato que me sorprendió: la gran Rain Man, de 1988, con Dustin Hoffman y Tom Cruise, tenía inicialmente a Cruise en el rol del hermano autista, pero el buen Dustin pidió interpretar ese rol pues lo prefería, por lo que cambiaron lugares. Al final, Hoffman, de gran ojo, se llevó la estatuilla por la actuación, mientras Cruise sigue esperando sentado. En cuanto a parejas, Laurence Olivier y Vivien Leigh fueron los primeros esposos en haber ganado estatuillas por sus actuaciones, siendo igualados por Paul Newman y Joanne Woodward en 1986. Por otro lado, el de las negativas, el primer actor en rechazar un Oscar fue George C. Scott, por Patton, en 1970, seguido por Marlon Brando, por El Padrino, en 1972. Scott lo rechazó pues no se sentía a gusto compitiendo con otros actores (de hecho, en nominaciones anteriores había pedido retirar su nombre de la lista, y un año después también rechazó un Emmy por The Price), mientras Brando, quien ya había ganado un Oscar con anterioridad, envió a la ceremonia a una actriz de origen indio que se manifestó en contra de los abusos que recibían en su propio país. El que no rechazó su Oscar fue John Wayne, quien ganó por True grit, en 1969, luego de 139 películas y tan solo una nominación (por Sands of Iwo Jima, de 1949). Para terminar, las primeras actrices en empatar en un premio han sido Katharine Hepburn (The lion in winter) y Barbra Streinsand (Funny girl), en 1968, mientras que Wallace Beery y Fredric March lo habían compartido en 1932 en el rubro masculino.


4. MISCELÁNEA

Ben Hur y Messala, amigos y enemigos. El guionista
Gore Vidal sugirió una acallada relación homosexual
entre los personajes. Esto se le ocultó a Heston.
Aquí agruparemos otras categorías y curiosidades. Por ejemplo, solo tres personas han sido nominadas en las tres grandes categorías, Director, Actor y Película, en un solo año: Orson Welles, Warren Beatty y Roberto Benigni. Este último, además, es el único actor extranjero, actuando en su idioma natal, en ganar el Oscar al Mejor Actor, en una discutida decisión, por lo demás. Otra cosa rara en Hollywood: en 1964 ninguna de las cuatro categorías actorales fue ganada por un americano, los premios fueron para Rex Harrison, Julie Andrews, Peter Ustinov (todos ingleses), y Lila Kedrova, nacida en Rusia. Al año siguiente, en 1965, Julie Andrews pudo haber ganado su segundo Oscar consecutivo, primero por Mary Poppins y luego por La novicia rebelde, pero este último se lo ganó Julie Christie, quien dijo “no estar triste por la pérdida de Julie Andrews”. En el rubro de Mejor Guión Original, Woody Allen ostenta el record de mayor número de nominaciones con 13, la ultima de ellas por Deconstruyendo a Harry, en 1997, con lo que batió el longevo récord de Billy Wilder (12). Por cierto, al ganar el Oscar al Mejor Guión por Hannah y sus hermanas, en 1986, Allen declaró: “Si haces una película popular, empiezas a pensar ¿en qué he fallado? Debo estar reforzando los prejuicios de la clase media, o siendo simplista y sentimental”. Siguiendo con el tema de los guiones, hay un dato curioso sobre la película que le robó el Oscar a la gran Taxi Driver de Scorsese: Rocky fue escrita por Sylvester Stallone en tan solo 4 días (y filmada en un mes, por 960 mil dólares). El comentario de Sly sobre su velocidad al escribir fue como un K.O.: “Estoy sorprendido que a algunos les lleve 18 años en escribir algo”. Quiza por algo le ganó el guión de Network. En música, la Academia no se anda con rodeos: los éxitos de los Bee Gees, para Fiebre de Sábado por la Noche, fueron absolutamente ignorados a la hora de premiar la mejor banda sonora y mejor canción. Un dato más, esta vez sobre una de las películas más premiadas de la historia, la mítica Ben Hur. El guionista Gore Vidal, que no aparece en los créditos del film, sugirió una relación homosexual sin explicitar entre los personajes de Messala, interpretado por Stephen Boyd, y el de Ben Hur, interpretado por Charlton Heston. A Boyd no le disgustó la idea, ni tampoco a William Wyler, el director, aunque este último le advirtió a Vidal: “No se lo digas a Chuck Heston de qué va todo, o se muere”. Los datos misceláneos son inabarcables, pero cierro con una información que da que pensar por más triste que sea: de las 53 personas con SIDA que participaron en la película Philadelfia, fallecieron 43. Sin embargo, la película, que encumbró a Tom Hanks, sirvió de mucho para concientizar a miles de personas a combatir la discriminación contra esta terrible enfermedad.


5. SHOWBIZ

Muchas estrellas se negaron a presentar
el premio a Mejor Película de 1971 por
rechazo a la candidatura de La naranja
mecánica. Al final, ganó The French
Connection.
Finalmente, un poco de superficialidad y glamour en la historia de los Oscar, al menos en este fugaz recuento de algunas curiosidades. Por ejemplo, en 2006 la casi momificada Joan Rivers dijo que la gente se cuida de cómo se viste en la ceremonia porque sabe que esa foto será la que usen en los obituarios de la prensa al morir. Y quizá tenga razón, al menos para el productor de los Oscar, Howard Koch, quien en 1975 declaró que “las encuestas muestran que a la gente le importa más la ropa que quién gana los premios”. Dentro de las cosas que pasan en el Oscar, hay imponderables. Por ejemplo, Neil Jordan, director de The Crying Game, apenas llegó al podio a recoger su premio por Mejor Guión en 1992. El director y guionista dijo: “No sabía que estaban dando estos premios ahora. Estaba en el baño”. Otra que pudo malograr todo por un baño es la mega estrella Meryl Streep, al llevarse el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por Kramer vs. Kramer (1979), terminó olvidándose la estatuilla en el baño de mujeres en el after party, aunque finalmente la recuperó. Quién casi se queda sin Oscar, al menos según Bette Davis, fue Anne Bancroft, quien no pudo asistir a recibir su estatuilla por The Miracle Worker, en 1962, recibiéndolo en la ceremonia Joan Crawford, quien fue acusada por Davis de no querer entregar el premio a su legítima ganadora “en más de un año”. La verdad es que Crawford le entregó a Bancroft, tras bambalinas, en pleno Broadway, su bien merecido premio una semana después de la ceremonia. Y pasamos a más trivialidades: en 1999, el aún vivo Michael Jackson, ya con algunas deudas por sus innumerables juicios, decidió pagar 1.5 millones de dólares por la estatuilla a Mejor Película ganada por David Selznick por Lo que el viento se llevó. ¿Dónde estará la estatuilla hoy? Por otro lado, el año en que Titanic arrasó con los Oscar, ni Leo DiCaprio ni Kate Winslet se llevaron premios (Winslet, afortunadamente, después de varios intentos, lo hizo hace poco por su papel en El lector), pero en aquel momento la feminista Camille Paglia declaró a los medios: “Winslet debería ganar el Oscar al mejor busto. Cualquiera con esos dos flotadores no necesita un bote salvavidas”. Dentro del mismo espíritu picante, el actor William Holden, en 1976, se quejó de no haber ganado el Oscar a Mejor Actor por Network porque lo había ganado su compañero de reparto Peter Finch, quien había fallecido previamente a la nominación (al igual que Heath Ledger, por El Caballero de la Noche). Su queja fue la siguiente: “Si no se hubiera muerto el hijo de puta habría ganado finalmente mi Oscar”. Lo cierto es que ese año también competía Robert De Niro por Taxi Driver, y los dos nominados póstumos que había habido hasta ese momento, James Dean y Spencer Tracy, habían perdido. Así que digamos que Holden no tenía demasiada razón al decir eso, ni de broma. Y para cerrar, dos curiosidades: muchas estrellas de Hollywood, incluida Barbra Streinsand, se negaron a presentar el Oscar a la Mejor Película de 1971, que finalmente fue para The French Connection, solo porque rechazaban la candidatura de La naranja mecánica de Kubrick (he intentado buscar quién finalmente entregó el premio, pero sin éxito), lo cual es para repudiar (el propio Dustin Hoffman, ganador dos veces de la estatuilla, dijo alguna vez “Los premios de la Academia son obscenos, sucios, no mejores que un concurso de belleza”). Y de broche de oro una frase de Billy Wilder sobre Marilyn Monroe: “Tiene senos como de granito y el cerebro como un queso suizo”. The End y la seguimos en una segunda entrega.

*La mayoría de datos han sido recogidos del libro The Academy Awards. The complete unofficial history. 80 years, de Jim Piazza y Gail Kinn.

martes, 1 de febrero de 2011

Ciencia ficción de la buena

Seguimos con las listas de género y le toca el turno a las mejores películas de ciencia ficción. Pero antes: ¿qué es ciencia ficción? ¿”El Señor de los Anillos” está en el mismo género que, digamos, “Alien” o “Terminator”? Borges, en su famoso prólogo a “Crónicas Marcianas”, de Bradbury, hace referencia a un nuevo género “con un carácter de anticipación de un porvenir posible o probable”. El propio Bradbury, en la introducción moderna de “El hombre ilustrado”, explica maravillosamente lo que le llevó a escribir sus historias: “´Qué pasaría si…´ es el término operativo. ¿Qué pasaría si aterrizas en un mundo lejano (…)? Los qué pasaría sí daban vuelta alrededor de mi cabeza (…) Espero encontrarme con H.G. Wells o tener la compañía de Jules Verne. Cuando trabajo en un espacio viviente entre los dos, entro en éxtasis”. Es la famosa pregunta del “Y si” (What if…?). Por lo tanto, me parece que todo parte de un presente real, hacia un futuro que la ciencia y la creatividad humana (o alienígena) hacen posibles o probables en un futuro (o de un pasado), pero partiendo de un presente que conocemos. "El Señor de los Anillos", por ejemplo, es una realidad totalmente distinta, es fantasía pura (y de la buena). Así que en esta lista me limitaré a este concepto de Ciencia Ficción, que puede ser debatido, si se quiere.

Antes de pasar a la lista, en la que he sufrido al escoger, debo decir que me faltan algunas películas que no he tenido el placer de ver aún, pero que sé, por lo leído y escuchado, son merecedoras de lugares de honor en cualquier lista, como “Metrópolis” (1927), de Fritz Lang (ver video), o “Brazil” (1985) (ver video), de Terry Gilliam. También está “La Guerra de los Mundos”, de 1953, e incluso la propia “Frankestein”, de 1931. Y qué decir del clásico de Lehm, “Solaris”, llevado dos veces a la pantalla, en 1972, y 30 años después, en 2002, con George Clooney. Incluso “Encuentros cercanos del tercer tipo” es una película simpática, y hasta “12 monos”, con Pitt y Willis, merecería un puestito. Valdría la pena, también, una mención especial a “Inception”, de Christopher Nolan, que con los años probablemente tenga el reconocimiento de película de culto que me parece debería tener, y “Wall-E”, una maravillosa pieza de ciencia ficción animada. Aquí, con el dolor de mi corazón, va la lista:

1. Blade Runner (1982)



Inmensa película inspirada en el gran libro de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. El consenso está en que la versión fílmica es bastante superior, aunque yo tengo mi corazoncito con el libro, como ya lo he señalado aquí. Pero más allá de esto, es incuestionable que Ridley Scott hizo, con "Blade Runner", una verdadera obra maestra de la historia de Deckard y los replicantes, con un Harrison Ford inolvidable (y una Darryl Hannah quizá más inolvidable aún), aunque mi personaje favorito es el de Rachel, interpretada por Sean Young. El inicio ya es impactante, con el test practicado a uno de los replicantes, Leon, y luego toda la serie de simbolismos que siguen, desde el taller de J.F. Sebastian, el genio tímido, hasta la imponente sede donde el creador, Tyrell, domina su imperio. Para quienes hayan visto la película, que espero sea la mayoría, abro aquí un pequeño debate: ¿qué final es el mejor? ¿El comercial o el del director?

2. 2001. Odisea del espacio (1968)



Solo Kubrick podía hacer una película como esta, y en 1968. A mí todavía me sorprende que grandes estudios como MGM y Warner hayan dejado al buen Stanley hacer esta adaptación de la novela de Arthur C. Clarke, en una película épica, con pocos diálogos (¡pero qué diálogos!), que llega incluso a tocar el surrealismo. Ese inicio con los primeros humanos, más simios que hombres, que finalmente despiertan ante el monolito que será el centro de la historia en el espacio miles de años después. Todo con Strauss de fondo. La escena del hueso que vuela por los aires para convertirse finalmente en la nave espacial lo dice todo sobre esta película. Y el “personaje” de HAL, la inteligencia artificial de la nave. Realmente memorable. “2010”, la secuela, también basada en la obra de Clarke pero ya con otro director, es bastante buena, pero está a “años luz” de esta joya del cine de todos los tiempos.

3. Alien, el octavo pasajero (1979)



También de Ridley Scott, aquí se mezcla a la perfección la ciencia ficción con el terror, en una nave industrial –el Nostromo- que detiene su viaje en el medio del espacio para hacer “una misión” de rescate. Allí se suceden episodios memorables, desde la colmena de aliens, con sus huevos, donde uno de los tripulantes es atacado en el rostro por esa especie de araña espacial con sangre de ácido, hasta el escalofriante descubrimiento de las reales intenciones del oficial científico de la nave, un androide programado desde la Tierra para recuperar un espécimen vivo de tan terrible criatura, admirada por "la compañía". Se crea aquí uno de los personajes más emblemáticos de la ciencia ficción moderna: la teniente Ripley, interpretada por Sigourney Weaver, que traería luego interesantes secuelas, pero nunca ninguna cercana a la opresión, pánico y fragilidad que transmite la obra primigenia de Scott. El octavo pasajero había llegado para quedarse.

4. Terminator (1984)



Quizá la primera gran obra de ese gurú del cine apoteósico que es James Cameron. Ganó el Oscar con "Titanic", se está haciendo aún más millonario con "Avatar", pero su gran legado, a mi parecer, son las dos cintas de "Terminator" (1984 y 1991). No sabría decir cuál me gusta más. La primera tiene lo desconocido, la historia original de los viajes en el tiempo y el organismo cibernético con tejido viviente, la angustia acompañada por una banda sonora tremenda de una persecución que se sabe perdida desde un comienzo, el terror en los ojos rojos del esqueleto metálico final del exterminador. La segunda lleva consigo una línea argumental que profundiza la primera, que explica, que te captura e interesa, y que mantiene, eso sí, la angustia de una persecución implacable y de un enemigo mucho más poderoso, todo bañado con efectos especiales espectaculares. Y esta vez con la posibilidad de cambiar un futuro que parecía inamovible. La relación, tan humana, entre el pequeño John Connor y la máquina, es también notable. Una decepción la tercera parte, ya sin Cameron, aunque la cuarta, con el nervio de Christian Bale, retomó el camino anterior. Espero con ansias la quinta, si es que se ponen de acuerdo de una buena vez para sacarla.

5. Star Wars (la saga inicial)



Obra maestra sacada de la mente de George Lucas. La trilogía Star Wars, sobre todo las dos primeras (la mejor para mí es "El Imperio Contraataca"), marcaron un hito en el cine de ciencia ficción. Con un presupuesto relativamente limitado, y sacando a Harrison Ford de carpintero de la producción para el rol estelar de Han Solo, se consiguió un universo situado en el pasado, en una galaxia lejana, con guiños religiosos y espadas láser, con el poder de una Fuerza que lo une todo y que, de manejarla, puedes mover objetos, controlar mentes y ser un Caballero Jedi. También es una película de aprendizaje, con villanos icónicos como Darth Vader, y mentores memorables, como Obi Wan Kenobi. Y los personajes siguen: los androides R2D2 y C3PO, el wookie Cheewbacca, el cazarrecompenzas Bobba Fett, y el propio Luke Skywalker, que comparado con los demás termina pareciendo monse, sin olvidarnos de Jabba, The Hutt. Una pena que las precuelas, tan esperadas durante años, no hayan sido lo que debieron ser. Si he de salvar una, la tercera, el Episodio III, resulta bastante aceptable.

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Bonus Tracks:
La Cosa, el Depredador, el De Lorean y la Matriz, todo en 1984
El Doc Brown y Marty McFly
en la genial trilogía de Robert Zemeckis.
Estoy intentando hacer solo listas de 5, pero sería injusto no mencionar grandes películas de ciencia ficción, al menos como Bonus Tracks, como “La cosa”, de John Carpenter (1982), que me hizo alucinar de chico al verla, con este ser extraño y mortal en medio de la Antártida, que luego podía ser tu mismísimo compañero, o la revolución que significó la primera película de Matrix (1999), que lamentablemente no tuvo una saga a la altura. También uno de mis personajes favoritos de ciencia ficción: el Depredador, en la película de John McTiernan con el buen Arnold. Y para finalizar estos bonus quizá la única saga que rivaliza como la más vista por mí junto con Star Wars: “Volver al futuro”, con el ´doc´ Brown. Marty McFly y el De Lorean que viaje por el tiempo, y las tres a la misma altura, que es lo más difícil de logar. Una trilogía que vale la pena ver una y otra vez (yo paso, fácil, las 40 veces). Finalmente, ¿”1984” es una película (y un libro) de ciencia ficción? Yo creo que sí: en un futuro probable o posible, en el que la vigilancia de la sociedad está al acecho a través del todopoderoso Gran Hermano. Estoy seguro de que el gran John Hurt, protagonista de la versión fílmica, estaría de acuerdo.

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¿Y las peores?
Quizá eso merezca otro post, pero rápidamente menciono las primeras que se me vienen a la mente, que superan incluso los clásicos bodrios de Ed Wood: para empezar la fatal “2012”, de Emerich; el malísimo remake de “El día en que la Tierra se detuvo”, con K. Reeves; otro pésimo remake a manos de la dupla Spielberg-Cruise con "La Guerra de los Mundos", y para terminar este rápido recuento una que vi hace poco, que es más de clase B, “La última tribu” (vendida como “El último depredador”), en donde los personajes, perdidos en una isla, descubren a una suerte de eslabones perdidos simiescos que saltan por los árboles y, ¡oh coincidencia!, tienen una visión especial como la del Depredador original, y ¡oh doble coincidencia!, no pueden ver cuando la protagonista se empapa en lodo, como sucede con Arnold en el clásico de McTiernan. También arrancan la espina dorsal de sus víctimas, en fin, solo faltaba que tuvieran miras láser de tres puntitos. Pero bueno, esto da para un post nuevo, así que ya se hará.

lunes, 24 de enero de 2011

Favoritas de Karaoke

Me encanta ir a los Karaokes. Me encanta cantar, así no lo haga bien (tampoco es que lo haga FATAL, pero no soy Sinatra, obviamente). Últimamente he dejado un poco de ir, pero estoy intentando volver a los tiempos en los que celebraba mi cumpleaños en el sótano del Karaoke Stragos (antes Karaoke Box), o incluso en el que había en el chifa Lung Fung. Y que no cante bien creo que es uno de los pilares del “arte del karaoke”, es el punto: un lugar donde todos aquellos que no cantamos como estrellas podemos soltarnos y agarrar un micro. Si cantáramos como estrellas, seríamos estrellas, supongo. Claro, siempre están los que cantan increíble, pero en general todos cantamos normalito nomás. Este post trata sobre mis canciones preferidas, las infaltables, cuando piso un karaoke, es una elección absolutamente personal, y los que me conocen seguramente habrán podido escucharme (o taparse los oídos) mientras interpretaba alguno de estos temas. Ninguno de ellos es uno “clásico”, de esos que se escuchan cinco veces en una noche, al estilo “Santa Lucía”, “My way”, “Palabras, palabras” o “Pedro Navaja”. Porque hay clásicos de karaoke, esas canciones que todo el mundo siempre pide. Las mías, que seguro muchos piden porque son mostras (ja,ja), al menos siempre las pido yo. No son clásico de karaoke, y espero no se conviertan en eso, porque si no aburriría cantarlas. Aquí van.

1. "En algún lugar", Duncan Dhu



Mi canción top, la más cantada, junto quizá con el Bonus Track. Me encanta Duncan Dhu, y me encanta esta canción, pero sobre todo me encanta como me sale cantarla en el karaoke (aunque para muchos quizá me pueda salir mal), y me encanta la energía que siento al cantarla, incluso el “nanananannaná” final. Es la que pido siempre, la que pido primero, la que me da la confianza, ja.

2. "Strangers in the night", Frank Sinatra



Esta la descubrí hace relativamente poco, hará unos 5 años. Me refiero a que descubrí que resultaba paja cantarla en el karaoke. Siempre me gustó Sinatra, y especialmente esta canción. “My way” no me gustaría cantarla, por ejemplo, pero esta, con esa elegancia y ese romanticismo, y ese “exchanging glances, lovers at first sight”, me atrapa y me ordena cantarla. Además descubrí que no me sale tan mal, quizá porque es un tono grave, no tan difícil. Una vez la cante a dúo con un gran amigo y se convirtió en un clásico instantáneo, al menos para nosotros. Obvio, el “dubi dubi duuuu dadadadaddá” del final también es lo máximo.

3. "Y nos dieron las diez", Joaquín Sabina



Lo que me llevó a cantar esta canción, además de que me encanta, es en primer lugar que no había –ni hay- casi nada de Sabina en los karaokes. Está esta y "La del pirata cojo" y creo que ahí muere el payaso. Y obviamente la del pirata es difícil y no es para cantarla por más divertida que sea. Así que empecé a elegirla, y su estilo rancheril y su historia de amor y desamor y de piedras tiradas contra la sucursal del banco Hispanoamericano terminaron por volverla en recurrente cada vez que agarro un micro. “Fue en un pueblo con mar, una noche, después de un concierto”, es una frase básica para mí en un Karaoke. Además, es una de las favoritas de mi padre, y he tenido la suerte de cantarla un par de veces en karaokes junto a él, en un recuerdo maravilloso que nunca me abandonará, sobre todo porque es raro ver a mi padre en un Karaoke, a pesar de que le encanta cantar (y tocar guitarra). La versión que pongo en este video es apropo: qué mejor ejemplo del espíritu del karaoke que escuchar a Sabina cantarla con Maradona, que canta pésimo, como muchos de nosotros en algún karaoke escondido.


4. "Un velero llamado libertad", José Luis Perales



Otro de mis cantantes favoritos, sobre todo de mi adolescencia pura, sin metal ni rock. Yo era pura balada, lo admito, y las canciones del gran Perales me acompañaron en mis fracasos de adolescente, en mis sueños de pubertad. Puedo pavonearme de decir que me sé prácticamente todas, al menos las que han caído en mis manos, y son más de 150, sobre todo las clásicas (sus últimos dos discos no he podido escucharlos). Hay algunas que me gustan más que esta del velero, pero para cantarla en un karaoke es precisa. Sobre todo porque al cantarla, y sentir mientras escuchas las notas y repites la letra, de verdad te llenas de una gran paz. Yo suelo tener ganas de sonreír cuando la canto, de lanzar una sonrisa y decir ojalá todo fuera así siempre.

5. "Friday I’m in love", The Cure



Una de mis favoritas de The Cure, claro, no tan difícil de cantar, me salga bien o no, no lo sé, pero que provoca entonar, decir es viernes y estoy enamorado, y rajar del resto de la semana, sobre todo porque a los karaoke suelo ir los viernes, perdonen el pobre argumento. Nada, a veces no hay una razón para tener una favorita. Y quizá este sea el caso.

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Bonus Track

Amante Bandido, Miguel Bosé



Como decía, junto con mi número 1, "En algún lugar", esta sea quizá la canción que más canto en los Karaokes. Es más, mis amigos y amigas me la suelen pedir, porque, qué roche, suelo cantarla, cuando estoy en box al menos, con mímicas y toda la vaina. Admiro a Bosé y su interpretación me parece de una elegancia única, y qué puedo decir, el “yo, y tú, tú, y yoooo, sin misterios”, me ganan, me hacen pararme, bailar, “corazón corazón malheridoo”. Obviamente mis amigos me vacilan con la parte de “yo seré un hombre por ti, renunciaré a ser lo que fui”, pero no deja de ser gracioso. También ayuda que mi voz sea grave, y que me salga la canción relativamente bien. Todo sea por el chongo. Así que: “Huracán, huracán abatidooo” y siguiente canción por favor.

lunes, 17 de enero de 2011

¿Buena censura o mala censura? Comerciales de TV

Ya hemos visto un poco de comerciales peruanos de los buenos tiempos hace unos cuantos posts. Ahora se me ocurrió hacer una lista de algunos que han sido censurados (o baneados, como se le dice en inglés), de algunas marcas conocidas y otras no tanto. Son los que más recuerdo, ya sea porque salió la noticia o porque los vi alguna vez en Internet, o salieron en el camino haciendo este post. Fuera de la lista de 5, hay algunos que impresionan, estén bien o mal baneados, si es que de verdad fueron baneados en algunos casos, o solo lo fueron en algunos países, como ese de 7Up, donde se ve a una chica darle un cabezazo a su chico para quedarse con la botella de gaseosa, o este de un vendedor de colchones, de esos típicos comerciales gringos locales, donde sale un pata en la tele hablando y hablando, solo que este tipo ridiculiza y estereotipa a todos sus posibles “compradores”. También un comercial que a mí me parece súper bacan es uno de Nike, donde futbolistas conocidos supuestamente entran a robar una pelota y son interceptados por decenas de samuráis, que fue censurado en USA porque la escena final muestra la muerte del jefe samurái robótico. Finalmente, hace un tiempo en Francia salió una campaña de prevención del Sida, en donde se veía tanto al hombre como a la mujer teniendo relaciones con un escorpión y una araña gigantes, respectivamente, con el lema "Sin preservativo es con el Sida con quien haces el amor". Una buena campaña, me parece, aunque para muchos resultó chocante. Para mí, no, ¡porque es verdad! Bien o mal censurados, buenos o malos comerciales, divertidos o demasiado atrevidos y chocantes, aquí les van algunos. Si saben de alguno bacán, o alguno malazo y bien baneado, pasen el dato, que para eso estamos.

1. Condones y el arrepentimiento



Si bien me parece divertidísimo, y comparto por momentos el sentimiento del creativo así como del protagonista del comercial -¡Ven Herodes!-, es obvia la razón por la que este real pero poco correcto comercial fue baneado. Las razones para usar condones no pueden ser retroactivas. Y no se puede alentar al “arrepentimiento” por tener un hijo en TV, por más insoportable que este se ponga. Creo que en este todos estaremos de acuerdo, a pesar de que algo de malicia podamos tener al verlo. Este otro comercial sobre condones, de Durex, fue censurado también, aunque me parece de manera exagerada. Me parece que dentro de todo está tratado con cierta clase, de una manera divertida. Aquí sí no concuerdo con los “censores” Les dejo el link.

2. Umbro y la pasión por el deporte



Para mí este comercial es un clásico. Es de hace algunos años, y en verdad retrata el tipo de sentimiento que embarga a los fanáticos del fútbol (baste ver la cara de enfermito que tiene el protagonista al final), pero lamentablemente está basado en algo que es para nada correcto: el maltrato animal, así este sea vía computadora. Igual, la primera vez que lo vi no pude evitar reírme y sentirme contagiado por las ganas de conectar esa volea al ángulo. Pero sí, pues, pobre perrito. De ningún modo es un comercial que pueda ser aprobado. ¡Sentimientos encontrados! (es broma, ¡me encantan los perros!).

3. XBox y la “apología” a la violencia



Este del XBox, de Microsoft, me parece bacán. Y me parece que no debió ser baneado, si es que lo fue, pues no estoy del todo seguro. Es verdad que apela “un poco” a la violencia, y que desde la perspectiva de los censores internacionales puede ser visto como “apología”, digamos, pero resulta obvio que apela a lo lúdico, que todo es un juego, incluso la parte donde un señor está hablando por celular hace una seña como diciendo “espera un momento”, y luego, cuando cuelga, recién “hace” que le ha caído el disparo. Es decir, más claro que es un juego, imposible. Aquí pongo el link de otro de XBox que, por el contrario, sí me parece “bien” censurado. Se ve a una mujer dando a luz de manera dolorosísima y su bebé sale disparado por los aires, y a medida que va surcando el cielo va creciendo, envejeciendo, hasta que cae al otro lado del mundo directamente a la tumba, hecho un viejo. El lema: “La vida es corta. Juega más”. Quizá es una exageración, pero al menos puedo entender que se censure por ser “un poquito” fuerte. Les dejo entonces ambos comerciales y uds. sean los jueces.


4. El Bocón, que “no se calla nada” (o la estupidez)



Este comercial es una reverenda estupidez. Porque ni siquiera su supuesta “originalidad” y “desparpajo” es válida, como en otros de los comerciales que aquí pongo. Se supone que el comercial busca destacar la capacidad de los periodistas de El Bocón, que “no se callan nada”. Pero las críticas del papá a su hijo son extremas, estúpidas, sin razón, y lo peor de todo es que el periodismo deportivo, por lo menos el de El Bocón, tiende a ser así: criticar por criticar, hasta cuando los jugadores o equipos lo hacen bien. El lema del comercial y del periódico es “No tiene lectores, tiene hinchas”. Me parece que por el “nivel” de críticas y análisis deportivos, más cercano a la verdad sería decir “El Bocón no tiene periodistas, tiene hinchas”. Qué bien que no durara ni dos días creo al aire.


5. Sprite: la cosas como son


Este me parece que solo fue censurado en su parte final, pero aquí les pongo la versión “sin censura”, como dice el YouTube. Como dice Sprite, “las cosas como son”, y en ese sentido está bien, aunque no deja de resultar un poco fuerte la última escena y la última frase. Recuerdo un panel publicitario en la carretera al sur del año pasado, estoy casi seguro que de Sprite también, donde el modelo sale desnudo y con solo la botella de Sprite tapándole sus “partes pudendas”, con la gaseosa saliendo como geiser a toda máquina. Recuerdo haber pensado “qué faltoso”. Y eso que no soy conservador, ¿eh?

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Bonus Track
Pepsi, Madonna y la iglesia



En 1989, Pepsi sacó al aire y luego retiró un comercial con Madonna, cantando Like a prayer, con la reina del pop viendo un video de su infancia, haciendo alusión a que los sueños pueden ser realidad (Go ahead, make a wish), pues Pepsi “va una generación adelante”. En el video incluso se le ve bailando en un colegio con niñas alrededor y luego con un coro Gospel acompañándola. Al parecer, el Vaticano y la Iglesia pegaron literalmente el grito en el cielo, pues consideraban a Madonna una blasfema, haciendo un uso equivocado de la religión. Además, venía precedido por el antecedente del video de la canción, donde Madonna aparece en una iglesia real, besando a un santo (moreno, además, por lo que sería San Martincito), con estigmas y cruces ardiendo. Un gran error de Pepsi retirar este comercial, que tenía un gran mensaje y un gran personaje impulsándolo. Ahora, 20 años después, vemos algunos resultados, con Pepsi muy por debajo de su eterna rival, Coca Cola.

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Como sugerencia de mi amigo el Negro Cruz –tu regalo de cumpleaños, me dijo él-, me propongo hacer aquí la lista de los 5 libros que me hubiera gustado escribir. Difícil tarea la que me ha puesto el Negrito, hasta ya empiezo a dudar si es un regalo o un castigo tener que elegir 5, solo 5 más su Bonus Track, de entre los libros que hubiera dado cualquier cosa por poder ser su autor. Ojo, no tienen que ser nuestros libros favoritos, sino aquellos que, por temática o feeling, nos hubiera gustado escribir, o que los escribieron otros por puesta de mano y talento y décadas de separación e infinitas diferencias entre los genios que los escribieron y nosotros, viles mortales aficionados a la escritura y a la lectura. He tratado de tomar este criterio para mi elección, y bien han podido entrar en la lista Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking; Robinson Crusoe, de Defoe; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago; Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter Thompson; Las horas, de Michael Cunningham; Habitación en Roma, de Eielson; la obvia Alta fidelidad, de Hornby; Foe, de Coetzee; La carretera, de McCarthy; Soy leyenda, de Matheson, Bartleby y compañía, de Vila-Matas, Muerte en Venecia, de Mann; la saga de Asimov o las crónicas de David Foster Wallace, incluso Las benévolas, de Jonatan Littell, cuyo autor ha dicho que luego de ese libro no volverá ni podrá volver a escribir jamás. Son tantos otros libros que no solo me gustan, sino que me hubiera gustado escribir, que esta podría ser una lista mucho más larga, sin contar aquellos libros que nos fascinan pero que lo último que quisiéramos es pasar por el trance de escribirlos, en mi caso, por poner un ejemplo, cito dos: A sangre fría, de Capote, y La pianista, de Jelinek. Pero puestos a elegir, mis seis preferidos, más bonus tracks (¡no pude escoger solo 5!) serían los siguientes:



1. La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce

Martín Romaña y sus
crisis y su sillón Voltaire.
Tan solo el título me hubiera gustado escribirlo. Resume todo lo que me hubiera gustado poner en una novela. Y vaya qué novela. Divertida, romántica, emotiva, neurótica, entrañable. Ya lo ha dicho hasta Joaquín Sabina, años antes de conocer a Bryce, “si hubiera escrito una novela sería La vida exagerada…”. Una novela que he leído dos o tres veces, ya no recuerdo bien, que me introdujo en el mundo de la lectura más que ningún otro libro de esa época iniciática, acaso salvo por los libros de Julio Verne. Martín Romaña fue y será mi héroe, un anhelado alter ego, que no es mío, pero es, pues, porque somos los lectores los que nos apropiamos de lo que leemos.


2. Herzog, de Saúl Bellow

Escribir cartas mentales,
como Herzog.
Más de una vez he mostrado en este blog mi absoluta admiración por Bellow. Pero es Herzog su novela con la que más me he sentido identificado, aquella que me hubiera encantado escribir, esa que mientras leía pensaba esto lo siento yo, esto lo pienso yo, esto lo hubiera escrito yo. Para empezar, Herzog era un maniático que se pasa la vida escribiendo cartas mentales que nunca enviará, y eso es algo que yo siempre hice desde adolescente, antes de saber siquiera la existencia del personaje de Bellow. ¡Cuántas veces he redactado en mi cabeza cartas de amor que jamás envíe! ¡Reclamos contra compañeros de clase, maestros o empresas telefónicas, o alabanzas o consejos u opiniones a gente de la tele o amigos o mis propios padres, sabiendo que nunca leerían mis más sinceras percepciones, muy correcta y educadamente “escritas”, además! Pues Herzog me hizo ver que no era el único, o que Bellow me había robado 15 años antes de que naciera una magnífico rasgo para un personaje, en una historia que además es una mezcla de neurosis con romanticismo, de desamor y pérdida con razón y apertura. Gran novela y, sobre todo, una que me hubiera encantado escribir.


3. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa

Técnica admirada.
Creo que de Mario Varga Llosa hay más, mucho más de una novela que me hubiera gustado escribir. Pero puestos a elegir, y haciendo la salvedad de que no he leído La guerra del fin del mundo, Conversación en La Catedral, con su riqueza técnica, sus múltiples voces y tiempos, con su Zavalita y el Perú jodido y el periodismo y la cochinada y demás, no solo me dejó perplejo, asombrado, lleno de admiración y de sueños por cumplir y querer vivir, sino que se convirtió en aquella novela que solo un Dios puede escribir. Aunque luego leí La casa verde, que es igual o más técnica que la propia “Conversación…”, esta se mantiene como mi favorita, al menos en el rubro de “Yo quiero ser el que escribió eso”. Leer en una librería: “Conversación en La Catedral, por Armando Bustamante”. Jaja. ¡Todos tenemos derecho a soñar!


4. Moby Dick, de Herman Melville

El mar, el barco, la ballena
y las pulsiones humanas.
A pesar de que no fue valorada cuando fue publicada, la obra maestra de Melville es de aquellos libros que creo que cualquiera hubiera querido escribir. Empezando por la aventura. Al menos en mi caso, siempre me han encantado las historias de barcos, piratas, islas misteriosas, marinos o marineros, y en este caso, balleneros, buscando a la gran ballena blanca, comandados por un loco capitán cojo. Fuera de la historia aparente, los códigos, capas, significados que uno encuentra en la novela, todo ellos hace de Moby Dick una novela fascinante, con uno de los principios más hermosamente escritos que yo recuerde, especialmente la primera página, no solo por el famoso “Pueden ustedes llamarme Ismael”, sino por lo que viene después, como el “con poco o ningún dinero en mi billetera y nada en particular que me interesara en tierra, pensé darme al mar y ver la parte líquida del mundo”, o “cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme al mar lo antes posible. Esos viajes son, para mí, el sucedáneo de la pistola y la bala”.


5. Historia del mundo en diez capítulos y medio, Julian Barnes

Original en su estructura,
placentero para leer.
Uno de los libros más hermosos que he leído nunca. Lo recomendaría, como dicen los gringos, “todos los días de la semana y dos veces el domingo”. El medio capítulo, dedicado al amor, es un texto que cualquiera que esté o haya estado enamorado quisiera haber escrito. Un libro que comienza con el arca de Noé, contado desde la perspectiva de lo que vendría a ser una termita, hasta el propio Paraíso, pasando por naufragios (me encantan las historias de naufragios), incluyendo la historia de La Medusa, que inspira el cuadro de Géricault, uno de mis favoritos y que tuve la fortuna de poder ver en vivo. Como digo, quizá los libros de esta lista no son los mejores, no son de Premios Nobel, pero son aquellos que hubiera dado algo más que un milloncito por haber sido su genial autor. Dentro de la obra de Barnes, también me hubiera encantado escribir El loro de Flaubert, sencillamente genial.


6. Crónicas marcianas, Ray Bradbury

Descripciones poéticas,
ciencia ficción que explora
nuestra humanidad.
Me encanta la ciencia ficción, sobre todo lo que tenga que ver con el espacio. Sin embargo, la razón por la que este libro es una joya que me gustaría haber escrito es por la poesía detrás de su prosa, por el mensaje detrás de las historias que están detrás de Marte, de la Tierra, de las visitas humanas al planeta rojo, de los marcianos y su particular visión, de las expediciones misteriosas. Es como ver una pintura y no dejar de verla nunca. Mirar al cielo y detenerse ahí, entre matices infinitos de colores. En este caso, coincide uno de mis libros favoritos de siempre con uno que quisiera haber escrito. Ahora último, estoy leyendo otro de los clásicos de Bradbury, El hombre ilustrado, un libro con una serie de relatos que conmueven por los sentidos y por el contenido. Si uno escucha a Bradbury, que a sus 90 años sigue teniendo la misma pasión que cuando empezó, no puede evitar enamorarse de la literatura y de escribir. Como dice en el prólogo moderno de El hombre ilustrado, “escribo, escribo y escribo, a las 2am, para no estar muerto”.

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Bonus Tracks

Fallaci y Ribeyro
El trabajo de una vida,
al entrevistar formó parte de la historia

Más allá de las obras maestras o quizá no tan maestras que acabo de mencionar, hay dos libros que hubiera dado cualquier cosa por escribir. Uno, Entrevista con la historia, de la periodista y escritora Oriana Fallaci, cuya vida siempre estuvo marcada por la polémica, pero que se dio maña, en tiempos previos al Internet y a la hiperglobalización, para entrevistar, agudamente además, a prácticamente todos los líderes y personajes importantes del mundo, en épocas particularmente álgidas, entre ellos el Emperador de Etiopía, Kissinger, Willy Brandt, Yasser Arafat, etc., etc. El otro libro es Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro, uno de los libros más sabios y sinceros que he leído jamás. Tan cercano, pero a la vez tan admirable por la profundidad que logra. Te hace creer que tú podrías haber escrito eso, pero es obvio que está hecho con un vuelo por encima de cualquiera de nosotros.

martes, 4 de enero de 2011

Aquellos juegos de mesa...

Hace tiempo que quería hacer este post, pues desde que tengo uso de razón los juegos de mesa, mucho antes que los de video, han estado presentes en mis horas de diversión, infantiles, primero, y adolescentes y adultas, después. No contaré aquí los juegos de cartas, que siempre me gustaron (como la canasta, el ocho loco, el telefunken, el póker), aunque ya no los juegue mucho, o al ajedrez, que no creo que califique como “juego de mesa”, y me limitaré a esos juegos que tienen una bonita caja que, de niño, te llena de ilusión abrir para descubrir –una y otra vez- sus contenidos: tarjetas, tableros, fichas, misteriosos relojes de arena, dados, reglas, libretas para apuntar puntajes, etc. De seguro uds. han jugado juegos de mesa que yo no, o que no he puesto aquí, así que sería genial recordarlos también a través de sus comentarios. Desde ya pongo el parche por algunas ausencias, que de por sí me gustan mucho: se quedaron por poco Scrabble, Clue, Monopolio (aunque nunca me gustó taaanto), Pictionary (que ya está de cierta forma incluido en el número 2 de la lista), Boggle, Escrúpulos y Batalla Naval. Aquí vamos.


1. Quesitos al ataque: Trivial Pursuit

Es mi juego favorito de lejos. Me encanta responder preguntas, elegir categorías, probar mis conocimientos o simplemente aprender, si es que no sé la respuesta. Llámenme nerd, pero sí, quizá por eso también sea fanático de los crucigramas, especialmente los geniogramas difíciles, lo mejor que tiene El Comercio de lejos. Recuerdo que mi primer Trivial lo tuve de muy chico, a los 9 o 10 años, y fue un regalo de mi madrina, que vive en EE.UU., y que siempre traía cosas desconocidas para mí en esas épocas, desde mis muñecos de los Thundercats o un aparetejo llamado GameBoy, hasta estos extraños juegos de mesa que, además, estaban en inglés. El primero que trajo fue un Trivial, y era una “Family Edition”, por lo que unas tarjetas tenían preguntas para adultos y otras para niños, aunque las de niños eran más difíciles por las gringadas imposibles de resolver aquí. Ese trivial lo perdí hace mucho y desde entonces he buscado sin cesar en las tiendas peruanas por un Trivial que no sea pirata, en español. Algunos amigos tienen una versión argentina antigua, que ya no se encuentra, y lo que más se acerca es el Trivial que venden en los mercados, pero que no es lo mismo. He visto por Internet, en inglés, unas ediciones que sería increíble jugar, como un trivial solo de Star Wars, o de Los Simpson, o de los Beatles. En fin, por mientras, si alguien sabe de un dato para conseguir un Trivial original en español, ¡avise!


2. El reto del cerebro: Cranium
El juego para todo el cerebro.

Lo jugué por primera vez cuando una amiga lo trajo de Estados Unidos. Luego, sacaron su versión Latinoamérica, que pude conseguir en Lima. Es un juego genial pues en un solo tablero reúne lo mejor de aquellos juegos que nos encantan: respondes preguntas como Trivial, dibujas como Pictionary, actúas como en las charadas, y hasta resuelves retos ortográficos y anagramas, para poner difícil la cuestión. De ahí el nombre: usas todas las partes de tu cerebro, desde las más lógicas, hasta las más artísticas. Divertido, variado, original dentro de su carácter de “juego que lo reúne todo”, pues no solo dibujas, sino también puede tocarte dibujar con los ojos cerrados o moldear plastilina, no solo actúas, sino también quizá debas interpretar o imitar, o tararear una canción que los otros deben adivinar. De mis favoritos, definitivamente.


3. El arte del engaño y el bluff: Malarky
Inventar las respuestas
puede ser muy divertido.

Este es otro juego que me trajo mi madrina de gringolandia. No he sabido de nadie que lo tenga, pero sí que cada vez que lo he jugado con alguien todo el mundo se divierte. Deberían sacar alguna versión en español o algo. El juego parte de una pregunta, que normalmente son cosas de la vida cotidiana que damos por sentadas pero que nunca nos preguntamos de dónde vienen o por qué. ¿Por qué los lápices son amarillos? ¿Por qué las galletas de soda tienen huequitos? ¿Por qué el cabello sigue creciendo después de la muerte? ¿Por qué se escogió el nombre 7Up para esa bebida? ¿Por qué los perros sacan su cabeza por las ventanas de los autos en movimiento? ¿Por qué no hierve la miel? ¿Por qué el mar es salado? Todos los jugadores reciben una tarjeta que supuestamente contiene la respuesta a la pregunta, pero solo uno la tiene, los demás tienen una tarjeta en blanco que les dice: es tu turno de mentir, de bluffear, de hacer que el resto te crea. Así que el objetivo del juego es ese: cada uno debe dar respuesta a por qué la miel no hierve y hacerlo de manera tan convincente que el resto de jugadores crea que es la verdadera. Al final, gana quien tiene más puntos por adivinar más respuestas correctas (detectando las falsas) y también por engañar mejor a los demás haciéndoles creer que su invención es realidad. Parecido a un juego casero que jugaban mis papás hace mucho llamado “Diccionario”, pues había que hacer lo mismo pero con palabras de significado desconocido.


4. A conquistar el mundo: Risk

El juego de la dominación global.
Uno de los primeros juegos de mesa que jugué fue Risk, una edición de lujo que me regaló una tía. Creo que recién ahí, de chiquito, aprendí los números romanos: I, V, X, que indicaban el número de tropas que uno tenía. El objetivo era lo más seductor que puede haber para el ser humano: conquistar el mundo. Poder. Gloria. Ser Napoleón o Julio César. Una especie de Civilization pero en dos dimensiones sobre una mesa y reducido al campo de batalla. Es claro que la suerte tiene que ver, pues al final los dados determinan los resultados, pero es un juego básicamente de estrategia. Debes saber cómo moverte, cómo posicionarte, cuándo atacar, cómo hacerlo, etc. Tengo un amigo que utiliza una táctica que nunca entendí de acumulación de tropas, que el llamaba “la catapulta”, que seguramente si lee este post intentará explicar. No juego Risk hace mucho, a ver quién se anima para una partidita pronto.


5. Jugando con las encuestas: Outburst

El público tiene la razón.
Se preguntarán ¿por qué no pone Pictionary o Monopolio? Son juegos que me gustan, claro, pero que creo que ya están incluidos en el Cranium (en el caso de Pictionary), o que tampoco me parecían lo máximo (como el Monopolio). Prefiero esos juegos raros, quizá porque marcaron mi niñez, como el Outburst. Otro juego gringo, que venía con un tarjetero con un plástico rojo para poder leer las respuestas de las tarjetas, escondidas tras juegos visuales (algo así como el 3D para mí, en esa época). Y además porque los temas eran divertidos. El juego se basa en una encuesta hecha a la gente de la calle, se registran sus respuestas sobre un tema en particular y esas son las que tienes que adivinar. Algo así como el tablero de 100% fanáticos. Los temas van desde “Películas de Al Pacino”, hasta “Personajes de Tres son Multitud”, “Watergate”, “New York”, “Segunda Guerra Mundial”, “Capitales que empiezan con C”, o “Cosas que encuentras en una librería”. Muy, muy divertido, y sobre todo variado.

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Bonus Track
La trivia gastronómica: ¿Manyas?


Gastronomía peruana en bandeja.
Gracias a un regalo navideño, y no a la suerte con las tarjetas de crédito (que además no uso, no creo en ellas), ya he podido probar el juego patrocinado por Gastón Acurio y otros geniales chefs peruanos (Perú Gourmet). Es una especie de Trivial Pursuit, que en lugar de quesitos tiene banderas del Perú, y tu objetivo es llevarlas a los cinco continentes y, al final, hasta la Luna. En el tablero los colores son categorías, como en el trivial, pero aquí son más sabrosas: “Ricos y famosos”, “Miscelánea y Combinaos”, “Recetas e ingredientes”, “Restaurantes, huecos y huariques”, “Tragos y otros brebajes”, “Historia y geografía”. Y en verdad es un juego difícil. Más fácil resultaría responder sobre literatura o historia contemporánea, pero el ¿Manyas?, dentro de su dificultad, pues no todos sabemos qué es un “pocte” o que existe una cerveza de acho o el nombre de raíces, peces o condimentos amazónicos, busca difundir nuestro amplio bagaje culinario, así como ayudarnos a aprender (aunque quizá, para nuevas ediciones, sería bueno que las tarjetas de respuesta explicaran un poco más los nombres o comidas que no son tan conocidos). Las preguntas van desde qué lleva un triple común, hasta los ingredientes del King Kong, con qué vino se prepara un sudado de gamitana, qué tipo de plato es la Puca Picante, quién es el barman de Ayahuasca o el chef principal de La Mar, en dónde comemos el mejor ceviche de ostras, si la mazamorra es un plato precolonial, o en qué restaurante de Arequipa se disfruta una ocopa hecha con batán. Cinco estrellas para Gastón y compañía (y el BBVA, claro).